domingo, 24 de mayo de 2026

La democratización de las vacaciones

Blackpool
La democratización de las vacaciones junto al mar comenzó en Inglaterra y Gales. Aquí empezó a desarrollarse también la “industria vacacional” como factor económico cada vez más importante. En 1881 había en Inglaterra y Gales 106 zonas de baño costero; en 1911 eran 145 y acogían a 1,6 millones de habitantes (cerca del 4,5% de la población total). El crecimiento de este sector se debía al equilibrio entre una demanda que surgió de las clases acomodadas, pero se fue filtrando hacia abajo con el creciente bienestar de la sociedad en su conjunto, y una oferta cada vez más numerosa, elástica y ajustada a las necesidades de los distintos estratos sociales. Así como los balnearios más antiguos se especializaban en determinadas enfermedades, también los pueblos costeros, en cierto sentido, se centraban en un perfil de clientela. En el siglo XVIII ya existía en Inglaterra una jerarquía social de los baños, que encabezaban Bath y Tunbridge Wells, donde acudían los aristócratas y la alta burguesía. Más al norte, en Lancashire, algunos miembros de las clases inferiores ya habían descubierto a mediados de ese siglo el placer de los baños de mar. Estos centros costeros eran un tipo especial de ciudades, en comparación con los balnearios tradicionales, porque el desarrollo urbano no se organizaba en torno de los manantiales, baños termales y parques, sino de cara a la playa. El ambiente social era más atractivo que en los centros curativos de interior. La vida se desarrollaba con más naturalidad, no se necesitaba exhibir con tanta claridad los signos de la propia condición social, y los niños tenían más libertad de movimiento que de costumbre. La temporada vacacional era mucho más corta que en los baños medicinales; las estancias eran de unas semanas, no de varios meses. Hacia 1840, en Inglaterra y Gales ya se había formado el tipo de población costera con la mayoría de características que aún poseen hoy. El prototipo del nuevo centro turístico de mar fue Blackpool, en la costa occidental de Inglaterra. Hacia 1900, unos 47.000 habitantes daban acogida a más de 100.000 veraneantes. Se les ofrecían los primeros logros de una particular arquitectura “del entretenimiento” (fun architecture), que se había inventado en principio para las distintas exposiciones universales. Junto a un circo, una ópera y un salón de baile había una imitación de la Torre Eiffel (estable e imponente) y una “Old English Village” en la que pasear por una reconstrucción del pasado inglés. En adelante, el crecimiento de estos centros de turismo costero se apoyó en el incremento del tiempo libre, su precio asequible y la conexión con ferrocarriles y carreteras. 


Referencia: La transformación del mundo (Jürgen Osterhammel)


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