La expansión de la prensa en el siglo XIX la convirtió en algo aún más universal que la novela realista, la estadística y el análisis social empírico. Con frecuencia semanal o diaria, los periódicos, gacetas y revistas ofrecían espacios de comunicación para toda clase de ámbitos, desde la publicación local al Times de Londres, que, a finales de siglo, recogía noticias de todo el mundo y, a la inversa, se leía en todos los continentes. Allí donde la prensa arraigaba, transformaba en seguida las condiciones de la comunicación política. La exigencia de libertad de prensa (la seguridad de poder expresar en público y de forma recurrente la propia opinión, sin ser castigado por ello) actuó en todo el mundo como un impulso transformador. La prensa fue la primera en crear algo parecido a un espacio público, en el que el ciudadano razonaba y, al mismo tiempo, afirmaba su derecho a ser informado. Los padres fundadores de Estados Unidos ya defendieron que solo un miembro bien informado de la comunidad sería capaz de cumplir bien con su responsabilidad cívica.
La prensa otorgó la mayoría de edad a los lectores en cuanto súbditos políticos y, cada vez con más frecuencia, intentó movilizarlos para sus propios fines. Entre mediados del siglo XIX y finales de la década de 1920 (cuando en Europa y Norteamérica la radio alcanzó a públicos más numerosos), la prensa dominó sin competencia.
Entre los rasgos típicos de la prensa del siglo XIX figura el carácter globalizado de sus organizaciones rectoras. Los grandes periódicos se sentían obligados a dar noticias de todo el mundo y, a la inversa, solamente podían acceder al círculo selecto las cabeceras capaces de ofrecer esa clase de noticias. Había un nuevo tipo de periodista, el corresponsal en el extranjero. Al principio, apenas se lo diferenciaba del corresponsal de guerra. El primer periodista que corrió de un escenario a otro para ir contando los levantamientos, sitios y batallas a los lectores de su país natal fue William Howard Russell, corresponsal de guerra del Times de Londres. Russell transmitió sus impresiones sobre la India, Sudáfrica y Egipto, sobre la guerra de Crimea, la guerra civil estadounidense y la guerra franco-prusiana de 1871. No era militarista ni, desde luego, partidario del imperialismo, y logró elevar el género del informe de guerra a una altura literaria que apenas se ha vuelto a alcanzar desde entonces. La figura típica que él creó se mantuvo, y el Times la cultivó en particular.
Entre los rasgos típicos de la prensa del siglo XIX figura el carácter globalizado de sus organizaciones rectoras. Los grandes periódicos se sentían obligados a dar noticias de todo el mundo y, a la inversa, solamente podían acceder al círculo selecto las cabeceras capaces de ofrecer esa clase de noticias. Había un nuevo tipo de periodista, el corresponsal en el extranjero. Al principio, apenas se lo diferenciaba del corresponsal de guerra. El primer periodista que corrió de un escenario a otro para ir contando los levantamientos, sitios y batallas a los lectores de su país natal fue William Howard Russell, corresponsal de guerra del Times de Londres. Russell transmitió sus impresiones sobre la India, Sudáfrica y Egipto, sobre la guerra de Crimea, la guerra civil estadounidense y la guerra franco-prusiana de 1871. No era militarista ni, desde luego, partidario del imperialismo, y logró elevar el género del informe de guerra a una altura literaria que apenas se ha vuelto a alcanzar desde entonces. La figura típica que él creó se mantuvo, y el Times la cultivó en particular.

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