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sábado, 30 de mayo de 2026

Querer y amar

El poder seductor de “te amo” entronca con la misma raíz de la palabra “amor”, mucho menos polisémica que “querer”. “Siento amor por ti” podemos decir; pero no “siento querer por ti”, pese a que “querer” se ha sustantivado (después de que existiese el verbo, mientras que amor y amar no guardan una sucesión cronológica): “las cosas del querer”, “querer es poder”… La profundidad del sustantivo “amor” y del verbo “amar” se nos representa, pues, mucho más vasta. Alguna relación guardará con el hecho de que la voz “amor” la pronunciaran ya los romanos, y la escribieran exactamente así, y con el mismo sentido que nosotros, y tiene, por tanto, miles de años. Su longevidad seduce, como la antigüedad de la palabra “rosa”. “Querer”, en cambio, procede en español de “quaerere” (tratar de obtener, buscar). Por supuesto, aquello que amamos intentamos obtenerlo (es decir, aquello que amamos lo queremos), pero el concepto de amor es previo al propósito de conseguirlo. En “querer” toma mayor importancia subliminal la búsqueda misma. La palabra amor se aplica a los sentimientos más sublimes: el amor a la patria, el amor a la profesión, el amor al trabajo, el amor a unos ideales, el amor a Dios (ningún cristiano reza “quiero a Dios y a la Virgen”, sino “amo a Dios y a la Virgen”; y pronuncia “mi amor hacia la Virgen”, no “mi querer hacia la Virgen”)… Todo lo cual nos convierte también, paradójicamente, en amantes de los conceptos y de los objetos más asexuados: uno puede ser amante de la historia, amante de los libros, amante de la naturaleza, amante de la música, amante del vino… Todos estos valores se hallan en el poder seductor del verbo “amar”, en el que caben todas las pasiones que ha conocido el ser humano desde que emplea esta palabra. Oír “te amo” propina un aldabonazo a quien lo escuche, bien se reciba la palabra en persona o bien como parte de un diálogo en la película que estamos presenciando.Y “te amo” supone una mayor responsabilidad en quien lo dice y en quien lo recibe. Mucho más que “te quiero”.


Referencia: La seducción de las palabras (Álex Grijelmo)

viernes, 29 de septiembre de 2023

El Diablo confunde porque está confundido

Sallie Nichols cuenta en su libro El diablo en el Tarot que “la mayor parte de las leyendas narran que Satán fue despedido a causa de su orgullo y su arrogancia. Era despótico y ambicioso y desmesuradamente orgulloso de sí mismo. Sus modales, sin embargo, eran fascinantes y muy seductores. Sólo así podemos entender que consiguiera organizar una rebelión a espaldas del Jefe mientras que, al mismo tiempo, imploraba sus favores. Le gustaba pensar que era su hijo predilecto. Tenía celos de todo el mundo, especialmente de la humanidad. Odiaba a Adán y le irritaba pensar que fuera él quien gobernara el armonioso jardín del Paraíso. Para él la seguridad complaciente era, y sigue siendo, anatema. La perfección le fastidiaba y la inocencia le sacaba de quicio. La tentación era,y sigue siendo, su especialidad. Cómo disfrutó tentando a Eva y ocasionando su expulsión del Paraíso.”
“El Diablo confunde porque está confundido. Si echamos un vistazo a la imagen de esta carta del Tarot comprenderemos por qué. La imagen del Diablo se nos presenta como un agregado incoherente de rasgos completamente dispares. Tiene cornamenta de ciervo, garras de ave predadora y alas de murciélago. Metafóricamente hablando, el Diablo chupa nuestra sangre y consume nuestra esencia. Los efectos de su mordedura son contagiosos y llegan a contaminar a comunidades o incluso a países enteros.Si examinamos al “hombre-bestia” que nos muestra el Tarot descubriremos que en él no existe ninguna parte que destaque sobre las demás. Lo que hace su figura tan detestable es el absurdo conglomerado de rasgos tan dispares. Este agregado irracional atenta contra el mismo orden de las cosas y socava el esquema cósmico sobre el que descansa toda nuestra visión de la vida. Afrontar esta sombra significa afrontar un miedo que no sólo espanta al ser humano sino que también aterra a la misma naturaleza.”

sábado, 7 de mayo de 2022

Estamos en el punto más elevado de la perfección del mal extremo


¿Qué era distinto en el siglo XX? Ciertamente,dice el profesor Carlos  Gradín, las tecnologías en que se basaban las armas de destrucción masiva (nucleares, biológicas, y químicas) eran poderosas, y las armas eran una enorme amenaza. Pero fabricar armas nucleares requería, al menos por un tiempo, acceso tanto a materiales muy escasos, a veces inconseguibles, como a información altamente protegida; los programas de armas biológicas y químicas también tendían a requerir actividades a gran escala. Las tecnologías del siglo XXI (genética, nanotecnología, y robótica) son tan poderosas que pueden impulsar clases enteramente nuevas de accidentes y abusos. Todavía más peligroso, por primera vez estos accidentes y abusos están al alcance de individuos o grupos reducidos. No requerirán gran infraestructura ni materiales con complicaciones. El conocimiento bastará para poder usarlas. Así, tenemos la posibilidad ya no sólo de armas de destrucción masiva sino de destrucción masiva habilitada por el conocimiento, siendo esta destructividad ampliada enormemente por el poder de la autoreplicación. No es una exageración decir que estamos en el punto más elevado de la perfección del mal extremo, un mal cuya posibilidad va más allá de la que las armas de destrucción masiva le daban a los estados-nación, y que alcanza niveles sorprendentes y terribles de acumulación de poder en manos de individuos aislados.



En 1981 el documental The Day After Trinity, Freeman Dyson repasó las actitudes científicas que nos llevaron al precipicio nuclear: “Lo he sentido yo mismo. El brillo seductor de las armas nucleares. Es irresistible si te acercas a ellas como científico. Sentir que está ahí en tus manos, liberar esta energía que alimenta a las estrellas, hacer que siga tus planes. Ejecutar estos milagros, elevar un millón de toneladas de rocas al cielo. Es algo que le da a las personas una ilusión de poder ilimitado, y es, en algún sentido, responsable de todos nuestros problemas, esto, que podrías llamar arrogancia tecnológica, y que se apodera de las personas cuando ven lo que pueden hacer con sus mentes”.