El posmodernismo pone el énfasis en la relativización, en el subjetivismo, en el lenguaje y en la deconstrucción. Rechaza cualquier metafísica, así como la idea de verdad, porque se parte de la base de que la verdad es relativa y, por tanto, cada sujeto tiene su verdad. La historia no puede ofrecer datos y hechos objetivos que existan más allá del observador. Todo es una construcción arbitraria y subjetiva, y cualquier entidad que no reconozca esta premisa debe ser deconstruida. Puesto que la objetividad es inalcanzable, no hay demasiada diferencia entre una novela y un libro de historia bien investigado. Todo es narrativa subjetiva, y la única diferencia que merece la pena destacar es entre quienes reconocen este planteamiento y quienes no lo hacen. Naturalmente, el posmodernismo no es una versión subjetiva de las cosas, sino la verdad, aunque esta no exista. Es decir, el posmodernismo es inmune a sí mismo, la excepción, esto es, una propuesta totalmente irracional e ilógica. En sus diversas ramas, el posmodernismo es un concepto, mientras que los postulados del pensamiento único pertenecen al mundo de la política, aunque se apliquen a todos los aspectos de la cultura y la sociedad. Una singularidad de la corrección política es que se trata de la primera nueva ideología radical de izquierdas que tiene su origen en Estados Unidos. Además, es la primera ideología importante de izquierdas que no posee ni un nombre oficial ni una definición canónica. En ocasiones, sus defensores insisten en que no existe como tal más allá de la imaginación de sus oponentes, mientras que los autores que la critican utilizan expresiones como The Silent Revolution o la ideología invisible. No se plasma en un único partido político ni en un movimiento cultural concreto, sino que es multiforme, son muchos los partidos y grupos sociales que la encarnan. En realidad, es una cultura de élites y de activistas que está presente en las principales organizaciones políticas occidentales y en casi todas las instituciones y, a diferencia de los movimientos radicales anteriores, su objetivo no es derrocar el sistema político, sino transformarlo desde dentro de la democracia por medio de la manipulación, escribe el historiador Stanley G. Payne.
Mostrando entradas con la etiqueta posmodernismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta posmodernismo. Mostrar todas las entradas
martes, 26 de mayo de 2026
El posmodernismo rechaza la idea de verdad
Etiquetas:
corrección política,
deconstrucción,
Estados Unidos,
ideología invisible,
ideología radical,
manipulación,
multiforme,
narrativa subjetiva,
objetividad,
posmodernismo,
relativización,
subjetivismo,
transformar,
Verdad
sábado, 23 de marzo de 2024
Se inventan historias todo el tiempo, ya no existe la verdad
Anthony C. Grayling señala que “desde la filosofía, las raíces de la posverdad se encuentran en el posmodernismo y el relativismo. Todo es relativo. Se inventan historias todo el tiempo, ya no existe la verdad”. Se puede ver cómo esto derivó directamente en la posverdad. Esto ha abierto la puerta sin querer a un tipo de política que no se crea problemas con la evidencia. Si el periodismo trabaja con construcciones de acontecimientos y no con verdades, la posverdad pone el foco en debilitar los datos y las evidencias. Por su parte, el filósofo Darío Sztajnszrajber sostiene que la posverdad opera en un escenario donde “aunque la verdad no exista se generan consensos muy direccionados desde ciertos estratos de poder para establecer que determinadas ideas pasan como si fuesen verdaderas. Todo el mundo sabe que está todo armado, pero todo el mundo necesita y quiere creer en eso igualmente”.
La posverdad no solamente es mentira, sino que se construye con fake news de las que no importa su falsedad porque operan como reafirmación de aquello que las audiencias previamente han incorporado como verdadero. De forma puntual, operan más en el plano emocional que en el racional, tiene sustento más en los sentimientos construidos previamente que en los hechos contrastables, manifiesta Leonardo Murolo.
Etiquetas:
audiencia,
creer,
emocional,
evidencia,
fake news,
falsedad,
hecho contrastable,
idea,
inventar historias,
mentira,
periodismo,
poder,
política,
posmodernismo,
posverdad,
previamente,
relativismo,
sentimiento,
Verdad
domingo, 19 de noviembre de 2017
La cultura del posmodernismo sustituyó lo consistente por lo banal.
El profesor Gerardo Castillo Ceballos, profesor emérito de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, escribía recientemente en un artículo que todo hombre se pregunta a sí mismo cuál es el sentido de su existencia. Necesita encontrar razones para vivir. El sentido de la vida es resultado de un proceso que se inicia con la socialización primaria en el ámbito familiar. ¿Qué pasa cuando ese proceso se detiene? Pasa que se corre mucho riesgo de caer en el pozo de una crisis existencial. Al ver que su existencia está desposeída de un significado que la haga digna de ser vivida, el hombre siente un vacío interior y una frustración que le angustia.
La cultura del posmodernismo sustituyó lo consistente por lo banal. Es una cultura decadente que provocó en el hombre un nuevo individualismo que sólo se atiene a la “ley del deseo”. Esta “ley” establece que cualquier cosa que yo haga es buena si la deseo hacer. Lo que le daría garantía de bondad es que emana directamente de mi deseo; por ese simple hecho quedaría justificada en sí misma, sin que sea necesario un contraste con la norma moral. La única norma es la ausencia de toda norma. En esto consiste la “moral de la tolerancia”. El hombre que acepta esa pseudocultura frena su “voluntad de sentido” (V. Frankl), ya que se transforma en un narciso hedonista.
Etiquetas:
angustia,
crisis existencial,
existencia,
familia,
frustración,
hedonista,
ley del deseo,
moral de la tolerancia,
posmodernismo,
pseudocultura,
razones para vivir,
sentido,
socialización primaria,
vacío
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


