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sábado, 29 de octubre de 2022

Occidente humilla a la mujer, desnudándola públicamente y utilizándola para fines comerciales hedonistas

El cardenal Robert Sarah escribe que “hay hoy en día tantas organizaciones y tantos grupos que creen en la liberación de la mujer para que pueda ser dueña de su cuerpo y de su destino… En realidad, en muchas ocasiones el cuerpo de la mujer se explota y se utiliza, a menudo con fines comerciales y publicitarios, hasta convertirse en una simple mercancía y en un objeto de placer. En una sociedad hipererotizada que pretende hacer creer que el hombre solo se realiza del todo a través de una sexualidad plena, creo que la dignidad de la mujer vive importantes retrocesos. Occidente es el continente que más vergonzosamente humilla y desprecia a la mujer, desnudándola públicamente y utilizándola para fines comerciales hedonistas. No obstante, hay que alegrarse de que muchas mujeres puedan acceder a la educación superior. Por otra parte, en Europa el derecho al voto se le ha concedido demasiado tarde. Es importante también que la mujer pueda ejercer un trabajo compatible con la maternidad. Occidente se engaña al creer que el liberalismo moral permite un progreso de la civilización.

Los primeros enemigos de las personas homosexuales, añade Sarah, son los grupos de presión LGBT. Es un grave error reducir al individuo a sus comportamientos, principalmente sexuales. La naturaleza siempre acaba vengándose.

sábado, 25 de mayo de 2019

Choque de civilizaciones intraoccidental

Judeocristiana
El choque de civilizaciones intraoccidental opone, como señala Robert P. George, a los “conservadores” que se identifican con la tradición cultural y moral judeocristiana (incluso si alguno de ellos no comparten la fe) con los “progresistas” que no consideran dicha tradición y se adhieren más bien a una visión del mundo relativista, hedonista, liberacionista, post-religiosa, característica de la izquierda posmoderna. El campo de batalla entre uno y otro bando viene dado, fundamentalmente, por las polémicas actuales en torno a: 1) la bioética: aborto, eutanasia, ingeniería genética, células madre, etc.; 2) la ética sexual y el modelo de familia: permisividad sexual, divorcio exprés, matrimonio gay, vientres de alquiler, etc.; 3) el lugar de la religión en la vida pública. 

martes, 31 de julio de 2018

¿Por qué se sienten amenazados los fundamentalistas islámicos?

Slavoj Žižek, director internacional del Instituto Birkbeck de Humanidades de la Universidad de Londres, escribe que si los llamados fundamentalistas islámicos de hoy día creen realmente que han encontrado su camino a la Verdad, ¿por qué se sienten amenazados por los no creyentes, por qué los envidian? Cuando un budista se encuentra con un hedonista occidental, apenas lo condena. Se limita a señalar de forma benevolente que la búsqueda de la felicidad del hedonista es autodestructiva. En contraste con los fundamentalistas verdaderos, los pseudofundamentalistas terroristas están profundamente irritados, intrigados, fascinados, por la vida pecaminosa de los no creyentes. Se podría pensar que, al luchar con el pecador, están luchando con su propia tentación. 


La intensidad apasionada de los terroristas atestigua una falta de verdadera convicción. ¿Qué nivel de fragilidad debe de tener la creencia de un musulmán si se siente amenazada por una caricatura estúpida en un semanario satírico?, se pregunta Slavoj Žižek. “El terror de los fundamentalistas
islámicos no se basa en la convicción de los terroristas de su superioridad y en su deseo de salvaguardar su identidad cultural y religiosa de la embestida de la civilización consumista mundial. El problema con los fundamentalistas no es que los consideremos inferiores a nosotros, sino, más bien, que ellos mismos se consideran secretamente inferiores. Esta es la razón de que nuestra condescendiente insistencia, tan políticamente correcta, en que no sentimos ninguna superioridad respecto a ellos solo sirve para enfurecerlos más y alimentar su resentimiento. El problema no es la diferencia cultural ( su esfuerzo por
preservar su identidad), sino el hecho opuesto de que los fundamentalistas son ya como nosotros, de que, secretamente, ya han interiorizado nuestros valores y se miden a sí mismos según esos valores. De forma paradójica, de lo que carecen en realidad los fundamentalistas es precisamente de una dosis de la auténtica convicción racista de su propia superioridad”.

domingo, 19 de noviembre de 2017

La cultura del posmodernismo sustituyó lo consistente por lo banal. 

El profesor Gerardo Castillo Ceballos, profesor emérito de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, escribía recientemente en un artículo que todo hombre se pregunta a sí mismo cuál es el sentido de su existencia. Necesita encontrar razones para vivir. El sentido de la vida es resultado de un proceso que se inicia con la socialización primaria en el ámbito familiar. ¿Qué pasa cuando ese proceso se detiene? Pasa  que  se corre mucho riesgo de caer en el pozo de una crisis existencial. Al ver que  su existencia está desposeída de un significado que la haga digna de ser vivida, el hombre siente un vacío interior y una frustración que le angustia.



La cultura del posmodernismo sustituyó lo consistente por lo banal.  Es una cultura decadente que provocó en el hombre un nuevo individualismo que sólo se atiene a la “ley del deseo”. Esta “ley” establece que cualquier cosa que yo haga es buena si la deseo hacer. Lo que le daría garantía  de bondad es que emana directamente de mi deseo; por ese simple hecho quedaría justificada en sí misma, sin que sea necesario un contraste con la norma moral. La única norma es la ausencia de toda norma. En esto consiste la “moral de la tolerancia”. El hombre que acepta esa pseudocultura frena su “voluntad de sentido” (V. Frankl), ya que se transforma en un narciso hedonista.