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sábado, 5 de octubre de 2024

El cuerpo de la mujer se trata como una mercancía

“En África, las niñas deberían poder continuar sus estudios el mismo tiempo que los varones. También debemos combatir con firmeza los matrimonios forzosos. Cuando viajo a cualquier rincón del mundo, me doy cuenta de que el problema no es una igualdad ilusoria, sino el respeto a la dignidad y a la libertad mismas de las mujeres. Las imágenes que los medios de comunicación occidentales ofrecen de la mujer son con demasiada frecuencia degradantes y humillantes. El cuerpo de la mujer se trata como una mercancía que satisface el placer depravado de algunos hombres. La prostitución organizada hace de la mujer un objeto comercial. Y, aun así, Occidente pretende falazmente ser el paladín de los derechos de la mujer”, escribe el cardenal Robert Sarah.


martes, 1 de noviembre de 2022

Acto de amor

Para Benedicto XVI “el embrión humano debería nacer siempre de un acto de amor y ser tratado como persona. Los progresos de la ciencia y de la técnica en el ámbito de la bioética se transforman en amenazas cuando el hombre pierde el sentido de sus límites y, en la práctica, pretende sustituir a Dios Creador….La procreación humana debe ser siempre fruto del acto conyugal, con su doble significado de unión y procreación. Lo exige la grandeza del amor conyugal….El “eros”, degradado a puro sexo , se convierte en mercancía, en simple objeto que se puede comprar y vender; más aún, el hombre mismo se transforma en mercancía. En realidad nos encontramos ante una degradación del cuerpo humano”.

“Amplias zonas de la humanidad están sufrimiento el llamado “invierno demográfico”, con el consiguiente envejecimiento progresivo de la población. En ocasiones, las familias se ven amenazadas por el miedo ante la vida, la paternidad y la maternidad. Es necesario volverles a dar confianza para que puedan seguir cumpliendo su noble misión de procrear en el amor”, dice Joseph  Ratzinger

sábado, 29 de octubre de 2022

Occidente humilla a la mujer, desnudándola públicamente y utilizándola para fines comerciales hedonistas

El cardenal Robert Sarah escribe que “hay hoy en día tantas organizaciones y tantos grupos que creen en la liberación de la mujer para que pueda ser dueña de su cuerpo y de su destino… En realidad, en muchas ocasiones el cuerpo de la mujer se explota y se utiliza, a menudo con fines comerciales y publicitarios, hasta convertirse en una simple mercancía y en un objeto de placer. En una sociedad hipererotizada que pretende hacer creer que el hombre solo se realiza del todo a través de una sexualidad plena, creo que la dignidad de la mujer vive importantes retrocesos. Occidente es el continente que más vergonzosamente humilla y desprecia a la mujer, desnudándola públicamente y utilizándola para fines comerciales hedonistas. No obstante, hay que alegrarse de que muchas mujeres puedan acceder a la educación superior. Por otra parte, en Europa el derecho al voto se le ha concedido demasiado tarde. Es importante también que la mujer pueda ejercer un trabajo compatible con la maternidad. Occidente se engaña al creer que el liberalismo moral permite un progreso de la civilización.

Los primeros enemigos de las personas homosexuales, añade Sarah, son los grupos de presión LGBT. Es un grave error reducir al individuo a sus comportamientos, principalmente sexuales. La naturaleza siempre acaba vengándose.

jueves, 28 de mayo de 2020

Fuerza de trabajo



Para el filósofo Karl Polanyi “permitir que el mecanismo del mercado dirija por su propia cuenta y decida la suerte de los seres humanos y de su medio natural, e incluso que de hecho decida acerca del nivel y de la utilización del poder adquisitivo, conduce necesariamente a la destrucción de la sociedad. Y esto es así porque la pretendida mercancía denominada “fuerza de trabajo” no puede ser zarandeada, utilizada sin ton ni son, o incluso ser inutilizada, sin que se vean inevitablemente afectados los individuos humanos portadores de esta mercancía peculiar. Al disponer de la fuerza de trabajo de un hombre, el sistema pretende disponer de la entidad física, psicológica y moral humana que está ligada a esta fuerza. Desprovistos de la protectora cobertura de las instituciones culturales, los seres humanos perecerían, al ser abandonados en la sociedad. Morirían convirtiéndose en víctimas de una desorganización social aguda, serían eliminados por el vicio, la perversión, el crimen y la inanición. La naturaleza se vería reducida a sus elementos, el entorno natural y los paisajes serían saqueados, los ríos polucionados, la seguridad militar comprometida, el poder de producir alimentos y materias primas destruido. Y, para terminar, la administración del poder adquisitivo por el mercado sometería a las empresas comerciales a liquidaciones periódicas, pues la alternancia de la penuria y de la superabundancia de dinero se mostraría tan desastrosa para el comercio como lo fueron las inundaciones y los períodos de sequía para la sociedad primitiva”.

viernes, 17 de abril de 2020

De sociedad de productores a sociedad de consumidores



Ya a fines de la década de 1920, cuando la inminente transformación de la sociedad de productores en sociedad de consumidores se encontraba en estado embrionario y fue soslayada por observadores menos atentos o visionarios, Kracauer señalaba: “El éxito de los salones de belleza surge en parte de preocupaciones existenciales, y el uso de productos de belleza no siempre es un lujo. Por temor a ser descartados por obsoletos, tanto las damas como los caballeros tiñen su cabello, mientras que los cuarentones se dedican a hacer deporte para mantenerse delgados. “Cómo ser hermoso”, es el título de un folleto de reciente aparición en el mercado, y en los periódicos es publicitado como el camino “para mantenerse joven y hermoso ahora y para siempre”.
Jürgen Habermas
Jürgen Habermas expuso que la función principal, de hecho la raison d’être del capitalismo, era la “transformación del capital y del trabajo en mercancía, en bienes de cambio”.

viernes, 19 de julio de 2019

La dignidad humana se expresa también en el mundo del trabajo


La dignidad de la criatura humana es el criterio adecuado para juzgar los verdaderos progresos de la sociedad, del trabajo, de la ciencia, y no al revés. Y la dignidad del hombre se expresa en todo su quehacer personal y social; de modo particular, en el campo del trabajo, donde se realiza. Dignidad de la persona que trabaja, y a la que se falta cuando se la estima sólo en lo que produce, cuando se considera el trabajo como mera mercancía, valorando más la obra que el obrero, el objeto más que el sujeto que la realiza, dice Juan Pablo II, cuando se le utiliza como elemento para la ganancia, estimándolo sólo en lo que produce.

Es necesario examinar si las estructuras, el funcionamiento, los ambientes de un sistema económico, son tales que comprometen la dignidad humana de cuantos en él despliegan su propia actividad, dice Juan XXIII en la encíclica Mater et Magistra. Hemos de tener presente que el criterio supremo en el uso de los bienes materiales debe ser el de facilitar y promover el perfeccionamiento espiritual de los seres humanos, tanto en el orden natural como en el sobrenatural, comenzando, como es lógico, por aquellos que los producen, añade Juan XXIII.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

La pregonada inutilidad de la filosofía.

Calicles.
En el Gorgias platónico Calicles le espeta a Sócrates que uno puede ocuparse de la filosofía mientras sea joven, pero que hacerlo de viejo resulta ridículo. Hoy nuestros nuevos sofistas, los pedagogos, han decretado que ni siquiera en la educación del joven es buena la filosofía. Poco tiempo después Epícuro aconsejaba a Meneceo que nadie debería avergonzarse de filosofar ni de joven ni de viejo, “porque nunca es tarde ni temprano para aprender a ser feliz”. No hará falta concluir que en los tiempos presentes estas cosas suenan a enormes paparruchas. La pregonada inutilidad de la filosofía viene a ser la confesión clamorosa de que educar se ha vuelto ante todo una instrucción para el mercado, una adquisición de destrezas y habilidades con vistas a ser vendidas. 


La religión cotidiana de la mercancía nos predica que no hay valor de uso sin valor de cambio que lo respalde; esto es, que no hay otras necesidades que las que puedan satisfacerse con dinero. La vida humana y su riqueza quedan así notablemente devaluadas. Hay una incapacidad de comprender otro sentido de útil que no coincida con el utilitarista, que haya cosas que merezcan la pena aunque no tengan precio o justamente por no tenerlo, pero sí un valor incuestionable, escribe Artega.

viernes, 8 de diciembre de 2017

El sistema parecía inamovible hasta que llegó Amancio Ortega.


Cuenta Davis Martínez en su libro Zara que había dos temporadas, primavera-verano y otoño-invierno, que duraban cuatro meses cada una y que daban lugar, después, a dos meses de rebajas enero-febrero y julio-agosto. Los comerciantes y distribuidores de moda seleccionaban cada surtido de temporada con más de nueve meses de anticipación, cuando los fabricantes exponían en las pasarelas y en los showroom (zonas improvisadas donde se muestra el catálogo de prendas) sus creaciones para la próxima temporada. Ahí tomaban las decisiones sobre la mercancía que iban a exponer a su público nueve meses más tarde; todas las decisiones sobre todas las prendas que aspiraban a vender. Si se acertaba con el surtido se corría el riesgo de dejar la tienda desabastecida a media temporada, precisamente, de lo que mejor se estuviera vendiendo; si uno se equivocaba era aún peor, lo que no se hubiera vendido en la temporada puede que tampoco se vendiera en las rebajas, por mucho descuento que se aplicase; y si no se vendían en las rebajas, era mejor quemar las prendas antes que mandarlas al almacén, donde permanecerían ocho 
meses, para volver a la tienda al comienzo de la temporada siguiente y seguir ocupando un espacio que debería destinarse a la mercancía más actual. El sistema parecía inamovible, los diseñadores tenían que conocer los pedidos para fabricar las mercancías y el negocio latía dos veces al año. En este supuesto, lo mejor que un comerciante podía lograr con la rotación de su inventario, en el caso de que su gestión fuera perfecta, era darle dos vueltas al año, eso suponía acertar el resultado de la previsión de las dos temporadas; algo imposible de lograr, sobre todo, si se trata, adicionalmente, de conseguir las mayores ventas posibles. 



Al principio de temporada tenía un fuerte aliciente visitar las tiendas: ¡ya es primavera en El Corte Inglés!, como rezaban los carteles de rebajas que han atraído siempre a los consumidores en España; pero, una vez vista la tienda, la segunda visita, si se producía, era siempre decepcionante: ¡era la misma tienda! ¡Durante cuatro meses lo mismo!, demasiado aburrido. ¿Cómo salir de la trampa? A nadie se le ocurría nada brillante. ¿A nadie? ¡No!, el señor Amancio Ortega estaba pensando en la solución, afirma el profesor Gustavo Mata Fernández-Balbuena, quien ha analizado el sistema de producción de Zara e Inditex en A Coruña. La solución se hallaba en descubrir los gustos de los clientes de todo el mundo para darles respuesta con las prendas que iban a fabricar en Zara. Por ello, cada día, se rastrean en todo el planeta los ambientes en los que se gestan las nuevas tendencias de la moda, en el barrio más chic de Sidney, en los majestuosos Campos Elíseos de París, en Londres o San Francisco, en las zonas exclusivas y populares de Madrid o Barcelona, en el sitio más in de Tokio, y en cualquier capital de este mundo globalizado donde haya vanguardias marcando tendencias. Cada tienda de la 
competencia,los showroom de los confeccionistas o cada pasarela de moda son observados atentamente. Además, en las tiendas, cada prenda de cada talla y de cada color es controlada individualmente, hay un control unitario de cada prenda, en tiempo real. El éxito de las colecciones reside en la capacidad para reconocer y asimilar los constantes cambios en las tendencias de la moda, diseñando en cada momento nuevos modelos que respondan a los deseos de los clientes. Inditex aprovecha la flexibilidad de su modelo de negocio para adaptarse a los cambios que pueden producirse durante las campañas y, de este modo, reaccionar a ellos con nuevos productos en las tiendas en el período de tiempo más corto posible. Los modelos de cada campaña son desarrollados íntegramente por los equipos de creación de las distintas cadenas.  Los diseñadores toman como principales fuentes de inspiración tanto las tendencias de moda imperantes en el mercado como a los propios clientes, a través de la información que se recibe de las tiendas.