Eros y ágape, que a menudo se han radicalizado y opuesto entre sí (como amor de deseo y amor de benevolencia, amor ascendente y amor descendente, amor posesivo y amor oblativo, amor a uno mismo y amor al otro, etc.) se integran elevándose y purificándose. Benedicto XVI escribe en Deus caritas esta que “en realidad, eros y agapé (amor ascendente y amor descendente) nunca llegan a separarse completamente. Cuanto más encuentran ambos, aunque en diversa medida, la justa unidad en la única realidad del amor, tanto mejor se realiza la verdadera esencia del amor en general. Si bien el eros inicialmente es sobre todo vehemente, ascendente (fascinación por la gran promesa de felicidad), al aproximarse la persona al otro se planteará cada vez menos cuestiones sobre sí misma, para buscar cada vez más la felicidad del otro, se preocupará de él, se entregará y deseará “ser para” el otro. Así, el momento del agapé se inserta en el eros inicial; de otro modo, se desvirtúa y pierde también su propia naturaleza. Por otro lado, el hombre tampoco puede vivir exclusivamente del amor oblativo, descendente. No puede dar únicamente y siempre, también debe recibir. Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don”.
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martes, 17 de febrero de 2026
martes, 1 de noviembre de 2022
Acto de amor
Para Benedicto XVI “el embrión humano debería nacer siempre de un acto de amor y ser tratado como persona. Los progresos de la ciencia y de la técnica en el ámbito de la bioética se transforman en amenazas cuando el hombre pierde el sentido de sus límites y, en la práctica, pretende sustituir a Dios Creador….La procreación humana debe ser siempre fruto del acto conyugal, con su doble significado de unión y procreación. Lo exige la grandeza del amor conyugal….El “eros”, degradado a puro sexo , se convierte en mercancía, en simple objeto que se puede comprar y vender; más aún, el hombre mismo se transforma en mercancía. En realidad nos encontramos ante una degradación del cuerpo humano”.
“Amplias zonas de la humanidad están sufrimiento el llamado “invierno demográfico”, con el consiguiente envejecimiento progresivo de la población. En ocasiones, las familias se ven amenazadas por el miedo ante la vida, la paternidad y la maternidad. Es necesario volverles a dar confianza para que puedan seguir cumpliendo su noble misión de procrear en el amor”, dice Joseph Ratzinger
lunes, 1 de enero de 2018
Superar la autorreferencialidad del yo.
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| Agustín es bautizado por el obispo Ambrosio |
El catedrático de filosofía Manuel Cruz Rodríguez cuenta que el retraso en recibir el bautismo San Agustín no se debió a que no comprendiera la excelencia de la castidad predicada por la Iglesia católica, sino a la dificultad que le representaba practicarla. Una dificultad que era vivida por el propio Agustín como una auténtica condena (cuando no como una fatalidad). En realidad, los problemas que le plantea su lujuria evocan lo que los griegos llamaban akrasia, o debilidad de la voluntad. Efectivamente, a pesar de desear de manera ferviente liberarse de las cadenas de la carne, Agustín se declaraba impotente para superar las tentaciones. El Enemigo, según propia expresión, se había apropiado de su voluntad, de la perversión de la voluntad había nacido la lujuria y de la lujuria la costumbre, y la costumbre, ante la que había cedido, había creado en él una especie de necesidad cuyos eslabones, unidos unos a otros, le mantenían “en cruel tentacion”.
Culpa vinculada al pecado y, sobre todo, a una impotencia para vencer las propias pasiones (no en vano eros es el amor que no nace de la voluntad, sino que se impone al ser humano) que termina por sumir al pecador en una profunda desesperación, cuenta Cruz Rodríguez. Pero ese sentimiento de culpa, que en muchos momentos de su vida amenazó con atenazar por entero a Agustín, parece quedar desactivado merced a una interpretación del hecho amoroso que introduce, por así decirlo, la segunda gran novedad respecto a las concepciones heredadas; la novedad de poner precisamente determinados aspectos del pensamiento de Platón al servicio de una específica visión cristiana del amor, que pasará a ser entendido en términos de ágape esto es, como don orientado al bien del otro y capaz, por tanto, de superar la autorreferencialidad del yo, característica del deseo erótico.
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sábado, 23 de diciembre de 2017
El enamorado quiere a la amada en sí misma, no el placer que pueda proporcionarle.
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| hombre lascivo |
Usamos una expresión muy desafortunada cuando decimos de un hombre lascivo que va rondando las calles en busca de una mujer, que “quiere una mujer”. Estrictamente hablando, una mujer es precisamente lo que no quiere. Quiere un placer, para el que una mujer resulta ser la necesaria pieza de su maquinaria sexual. Lo que le importa la mujer en sí misma puede verse en su actitud con ella cinco minutos después del goce.
El eros hace que un hombre desee realmente no una mujer, sino una mujer en particular. De forma misteriosa pero indiscutible, el enamorado quiere a la amada en sí misma, no el placer que pueda proporcionarle. Ningún enamorado del mundo buscó jamás los abrazos de la mujer amada como resultado de un cálculo, aunque fuera inconsciente, de que serían más agradables que los de cualquier otra mujer, opina Clive Staples Lewis. Si se planteara esa cuestión, sin duda respondería que así era; pero el hecho de planteársela sería salirse completamente del mundo del eros.
Lewis dice que el eros, aun siendo el rey de los placeres, en su punto culminante tiende a considerar el placer como un subproducto. El hecho de pensar en el placer volvería a meternos en nosotros mismos, en nuestro propio sistema nervioso, mataría al eros, como podemos “matar” un hermoso paisaje de montaña al fijarlo en nuestra retina y en nuestros nervios ópticos. En todo caso, ¿es el placer de quién? Porque una de las primeras cosas que hace el eros es borrar la distinción entre el dar y el recibir.
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domingo, 29 de enero de 2017
Eros.
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| Eros |
Leamos: “Es cierto que se debe alabar a todos los dioses, pero hay que intentar decir lo que a cada uno le ha tocado en suerte de los dos Eros. También toda acción es así: considerada en sí misma y por sí misma no es ni hermosa ni fea. Tomemos, por ejemplo, lo que estamos haciendo ahora, a saber, beber, cantar o conversar. Ninguna de estas cosas es hermosa en sí misma, sino que resulta tal en el modo de realizarse, según el modo de ejercerse. Si se hace bien y rectamente es hermosa; y fea si, por el contrario, no se hace de modo recto. Lo mismo vale para el amor, no todo Eros es bello ni digno de ser alabado, sino sólo el que nos impulsa a amar bellamente. Pues bien, el Eros que acompaña a Afrodita Vulgar es verdaderamente vulgar y obra al azar. Y éste es el Eros de los hombres que valen poco”.
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| Afrodita. |
El Eros Pandemo o Vulgar está vinculado a Afrodita Pandemo o Vulgar, mucho más joven que Urania y engendrada por Zeus y Dione, esto es, participa por nacimiento de lo masculino y lo femenino. Por ello, los hombres que siguen a este Eros no aman menos a las mujeres que a los muchachos, y, en particular, aman más los cuerpos que las almas. Además, buscan a jóvenes dotados de poca inteligencia para someterlos con mayor facilidad a sus deseos. Actúan como se les presenta y descuidan por completo las normas que imprimen belleza y, por lo tanto, bondad, a sus actos, escribe el filosofo italiano Giovanni Reale.
“Y es pérfido ese amante vulgar que ama más el cuerpo que
el alma, y que ni siquiera es constante, porque está enamorado de algo que tampoco lo es. En efecto, al marchitarse la belleza del cuerpo del que está enamorado, ha marchado volando, tras mancillar sus discursos y promesas. En cambio, quien está enamorado de un carácter bueno lo sigue estando a lo largo de toda su vida, ya que está unido a algo estable”.
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