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domingo, 6 de abril de 2025

El ateísmo no es una anti-teología sino un anti-humanismo

Henri de Lubac
Henri de Lubac, S.J, uno de los teólogos más influyentes del siglo XX, muestra que Nietzsche no se dedica tanto a argumentar como a querer expulsar la idea de Dios como un pensamiento nocivo en sí mismo. La idea de la voluntad de poder del filósofo alemán busca activamente olvidar al Dios cristiano con el objetivo de recuperar por completo la libertad. Entiende al primero como Alguien a quien someterse, en lugar de descubrir que la libertad auténtica proviene de Él. Ahí radica el drama del humanismo ateo según Lubac, la criatura, sin su creador, se desvanece. Donde no hay Dios, no hay ser humano propiamente dicho. Por esto, el ateísmo no es una anti-teología sino un anti-humanismo. El jesuita resulta completamente profético respecto a cómo combatir el anti-humanismo ateo. Si Nietzsche y sus descendientes pueden burlarse de los creyentes es porque desde hace tiempo nos hemos aburguesado, no queda apenas nada del espíritu vivaz de los primeros cristianos.
Kierkegaard, en el que descubre Lubac ciertas similitudes con Nietzsche. Ambos reaccionan ante el exceso de racionalismo de la filosofía de su tiempo, defienden la irreductibilidad de la experiencia humana que no puede ser encajonada en moldes conceptuales. Aquí acaba el parecido, el jesuita encuentra en el carácter trascendente del existencialismo del filósofo danés una de las formas de combatir el anti-humanismo ateo, caracterizado por el racionalismo exacerbado que reduce todo lo que existe a lo que puede medirse y cuantificarse.
August Comte
Del filósofo francés August Comte, Lubac señala que éste último y Nietzche comparten una misma idea. Para acabar con el cristianismo es necesario sustituirlo por otra entidad. En el caso del alemán, la figura del super-hombre. Para Comte, la idea es llegar a un estadio de cosas en el que lo único relevante sea lo científico y demostrable.
A Lubac le impresiona el genio y sensibilidad de Dostoievski, quien supo profetizar todas las consecuencias del intento de abandono de Dios por parte del hombre. Es en Los demonios donde el autor ruso supo plasmarlo con mayor maestría. La idea de Dios, su negación o su abandono en Él recorre toda la obra de Dostoievski. 
Henri de Lubac piensa que no hay que desesperar pues, aunque seamos pocos, y no los más fuertes ni los más listos, si perseveramos se pondrá de manifiesto la fuerza más grande de todas, el amor.

domingo, 16 de marzo de 2025

Un mundo duro con el pecador e indulgente con el pecado

Del pecado vemos sobre todo, en un primer momento, la liberación que parece prometer, emanciparse de Dios, para ser verdaderamente nosotros mismos. Pero la aparente liberación se convierte muy poco después en una carga pesada. El hombre fuerte y autónomo, que creía poder silenciar su conciencia, llega tarde o temprano a un momento en que se desarma, el alma no puede más; “no le bastan las explicaciones habituales, no le satisfacen las mentiras de los falsos profetas”, dirá Josemaría Escrivá.
La ceguera que precede y acompaña al pecado, y que crece con el pecado mismo, puede prolongarse después; nos engañamos con justificaciones, nos decimos que la cosa no tiene tanta entidad… Es una situación que también nos encontramos con frecuencia a nuestro alrededor, “en un mundo a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado”, dice el papa Francisco. Duro con el pecador, porque en su conducta se percibe claramente lo corrosivo del pecado; pero indulgente con el pecado, porque reconocerlo como tal significaría prohibirse ciertas “libertades”.

jueves, 28 de mayo de 2020

Fuerza de trabajo



Para el filósofo Karl Polanyi “permitir que el mecanismo del mercado dirija por su propia cuenta y decida la suerte de los seres humanos y de su medio natural, e incluso que de hecho decida acerca del nivel y de la utilización del poder adquisitivo, conduce necesariamente a la destrucción de la sociedad. Y esto es así porque la pretendida mercancía denominada “fuerza de trabajo” no puede ser zarandeada, utilizada sin ton ni son, o incluso ser inutilizada, sin que se vean inevitablemente afectados los individuos humanos portadores de esta mercancía peculiar. Al disponer de la fuerza de trabajo de un hombre, el sistema pretende disponer de la entidad física, psicológica y moral humana que está ligada a esta fuerza. Desprovistos de la protectora cobertura de las instituciones culturales, los seres humanos perecerían, al ser abandonados en la sociedad. Morirían convirtiéndose en víctimas de una desorganización social aguda, serían eliminados por el vicio, la perversión, el crimen y la inanición. La naturaleza se vería reducida a sus elementos, el entorno natural y los paisajes serían saqueados, los ríos polucionados, la seguridad militar comprometida, el poder de producir alimentos y materias primas destruido. Y, para terminar, la administración del poder adquisitivo por el mercado sometería a las empresas comerciales a liquidaciones periódicas, pues la alternancia de la penuria y de la superabundancia de dinero se mostraría tan desastrosa para el comercio como lo fueron las inundaciones y los períodos de sequía para la sociedad primitiva”.

martes, 24 de abril de 2018

La revolución que trajo la escritura.

John Searle, profesor de filosofía en la Universidad de California en Berkeley, describe qué le sucede a la mente humana cuando la escritura pasa a formar parte de la cultura: “La escritura es esencial para la creación de lo que concebimos como civilización humana. Tiene una capacidad creadora que posiblemente ni siquiera se pretendía. Creo que no se entiende la plena importancia de la revolución que trajo la escritura si se piensa en ella como en la preservación de información para el futuro. Hay dos áreas donde marca una diferencia absolutamente decisiva para toda la historia de la especie humana. Una es el pensamiento complejo. Hay un límite a lo que se puede hacer con la palabra hablada. En realidad, no se puede hacer alta matemática o siquiera formas más complejas de argumentación filosófica a no ser que se disponga de alguna forma de escribirlo y examinarlo. De modo que no es suficiente pensar en la escritura sólo
John Searle
como una forma de registrar, para el futuro, hechos sobre el pasado y el presente. Antes al contrario, resulta inmensamente creadora. Pero hay un segundo aspecto de la escritura que no es menos importante: al escribir, no sólo se registra lo que ya existe, sino que se crean entidades nuevas, dinero, corporaciones, gobiernos, formas complejas de sociedad… La escritura es esencial para todas ellas.