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sábado, 4 de julio de 2026

La necesidad de una educación liberadora que se dirija a la excelencia

Hay un abismo entre el fin fundamental de la educación (florecer, prepararlos para que puedan sacar lo mejor de sí) y el utilitarismo reinante en el que vivimos. Siguiendo la estela de los clásicos, el profesor de filosofía Eduardo Infante defiende la necesidad de una educación liberadora que se dirija a la plenitud y excelencia. Lo que encontramos habitualmente es algo muy distinto; una “educación” que te prepara para la vida laboral, y no para la vida (lo que Gregorio Luri ha tildado de oficinas de colocación). Mediante una educación utilitarista convertimos a los estudiantes en objetos del mercado, en vez de en sujetos libres y autónomos. Hay una diferencia fundamental entre “saber” y “saber hacer”, que por sí solo, nos da una visión reduccionista del ser humano, equiparándonos a piezas hechas para un engranaje.Educar en las distintas virtudes resulta un paso imprescindible para forjar estudiantes críticos y libres. Pero vivir una vida virtuosa requiere un esfuerzo y precisa un modus operandi particular que choca con tres grandes monstruos que campan a sus anchas en la sociedad contemporánea, el individualismo, el hedonismo y el relativismo. 
El modelo actual es el influencer. Se ha trasladado el foco desde la virtud y el buen juicio a la riqueza y la fama. La vida (sumamente expuesta) del influencer solo nos conduce al mercado. Se promueve una suerte de religión del consumo, ropa, productos de belleza, viajes únicos, experiencias… Consumir está asimilado a tener éxito, y es una actividad que nunca cesa, es una espiral inacabable a golpe de clic. “El camino del tiktoker, escribe el profesor Infante, es cómodo, breve, sencillo, no exige esfuerzo y, sobre todo, tal como él mismo señala, es inmediato”.


miércoles, 27 de mayo de 2026

Goya, la escisión entre arte público y arte privado

Escribe Tzvetan Todorov en su libro Goya. A la sombra de las Luces que “el acontecimiento decisivo en la evolución de Goya es su decisión de dividir en dos su creación, de aceptar la escisión entre arte público y arte privado, un desdoblamiento totalmente inédito antes de él. En uno de sus caminos sigue pintando según el canon que admite la sociedad de su tiempo y ganando dinero gracias a sus obras; en el otro, sigue investigando sin preocuparse lo más mínimo de la opinión pública. La razón inicial de esta división es su enfermedad de 1792, y la consiguiente sordera, pero esta concatenación en absoluto era previsible. Otra persona, otro pintor habría podido reaccionar de forma totalmente diferente. La enfermedad empuja a Goya a no preocuparse sólo de los encargos que le hace la sociedad, sino a expresar, en los años que le quedan de vida, sus sensaciones, sus visiones y sus emociones, a actuar bajo la presión no de las circunstancias externas, sino de las necesidades internas. Con el paso de los años se añadirán otras razones. Durante la guerra de la Independencia y los años de la Restauración, los gustos y las opiniones de Goya son demasiado diferentes de los que acepta el poder, de modo que su desdoblamiento le permite refugiarse en una especie de exilio interior. Después, en la última década de su vida, y a consecuencia de otra enfermedad, que refuerza su decisión de dedicarse sólo a lo esencial, se sumerge en el mundo de sus fantasmas hasta tal punto que le parece inútil mostrar a sus contemporáneos en general el resultado de sus incursiones. Así adquiere forma una obra única en la historia de la pintura, en el sentido de que obedece sólo a las exigencias del pintor, sin el menor compromiso con el gusto común. Progresivamente, una parte cada vez más importante de la obra de Goya se aleja de la valoración pública. Primero los dibujos (que hace en grandes cantidades y reúne en álbumes), después los grabados, y por último las pinturas.”
Dado que para Goya la pintura es fundamentalmente crear imágenes fieles al mundo (“significar cuanto Dios ha creado”, “conseguir la imitación de la verdad”), podemos decir que se trata de una reflexión sobre el conocimiento y a la vez sobre la representación. En este caso su aportación tiene su origen en el espíritu de la Ilustración, esa corriente de ideas que altera radicalmente la antigua jerarquía de valores, ya que prioriza la libertad individual y el juicio racional en detrimento del respeto a las tradiciones. Los hombres dejan de someterse a la sabiduría ancestral, a las normas y convenciones de la sociedad en la que han nacido, y deciden recurrir a su espíritu crítico, enfrentarse a las instituciones y huir del conformismo. Hemos entrado en la “época de los individuos”, como decía Benjamín Constant a principios del siglo XIX. Las consecuencias de este desplazamiento son incalculables, y afectan tanto a la estructura política de los Estados como al quehacer artístico. Para los europeos del siglo XXI, la oposición a las jerarquías, el derecho a la igualdad, y la libertad respecto de los cánones establecidos se han convertido en evidentes, de modo que olvidamos lo que suponían en la época de Goya, cuando sólo podían surgir de un grito de rebeldía.

miércoles, 10 de agosto de 2022

Puede llegar el tiempo en que extensas partes del pasado constituyan lugares de olvido


A juzgar por la práctica desaparición de la historia narrativa de los programas educativos de las escuelas puede llegar pronto el tiempo en que, para muchos ciudadanos, extensas partes de su pasado común constituyan algo más similar a lieux d’oubli, lugares de olvido, o, más bien, lugares de ignorancia, pues habrá habido poco que olvidar,escribe Tony Judt. Enseñar a los niños, como hacemos ahora, a ser críticos con las versiones aceptadas del pasado sirve de poco si ya no hay una versión aceptada.

viernes, 8 de julio de 2016

Hoy el crítico cultural es un consumer critic.

Promociones de libros, películas, obras de teatro que se estrenan y exposiciones en distintos museos y galerías durante todo el año.Los medios de comunicación dan entrevistas, artículos para anunciar los acontecimientos, retratos de estrellas, y cada vez menos críticas.La gente quiere tener su propia opinión, no quiere conocer la de los críticos.La figura del critico ha cambiado en los medios de comunicación.

Hoy el crítico es un consumer critic
“Hoy el crítico es un consumer critic: como el crítico automovilístico o gastronómico, le dice al consumidor cómo gastar bien su dinero en la cultura, mientras que ayer el crítico del “repertorio” estaba al servicio del arte”, dice Robert Brustein, crítico de teatro en The New Republic.

“La realidad es que los críticos, que cada vez eran más corruptos, desaparecen, reemplazados por la promoción, que es cada vez más manipuladora. ¡Así estamos! Todo eso tiene una sola causa: los críticos pensaron que la audiencia y el box office eran buenos criterios. Para decirlo de una forma más neutra, el crítico tiene una escala de valores más parecida a la del espectador ”, dice Jonathan Rosenbaum (Jonathan Rosenbaum es un crítico cinematográfico estadounidense. Ha escrito varios libros acerca del mundo del cine, y es el principal crítico del Chicago Reader).

La cultura es tratada como una actualidad que hay que interpretar y ya no como un arte que hay que juzgar. En lugar de los artículos de los críticos literarios los lectores ahora se fían de unas “selecciones” supuestamente independientes,pero que de hecho están compradas por las multinacionales del libro, comenta Frédéric Marte en su libro “Cultura mainstream”.

En paralelo al final de las jerarquías culturales y a la mezcla de géneros entre el arte y el entertainment, el crítico deja de ser un juez y se convierte en un transmisor. Antes era un gatekeeper, un guardián de la frontera entre el arte y el entertainment, y un tastemaker, el que definía el gusto. Ahora es un "mediador del entertainment" o un trendsetter, dice Frédéric Marte, el que decide la moda y el buzz acompañando los gustos del público.


Al nuevo crítico le importa sobre todo lo cool y, precisamente, lo cool detesta las distinciones culturales. Y una vez abolidas las clasificaciones, es muy difícil restablecer una jerarquía. Además, ¿quién lo desea?