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jueves, 13 de febrero de 2025

Residuos humanos

La producción de“residuos humanos”,es decir, las poblaciones "superfluas" de emigrantes, refugiados y demás parias, es una consecuencia inevitable de la modernización. También es un ineludible efecto secundario del progreso económico y la búsqueda de orden, característicos de la modernidad. La propagación global de la modernidad ha dado lugar a un número cada vez más elevado de seres humanos que se encuentran privados de medios adecuados de subsistencia, y a la vez el planeta se está quedando sin lugares donde ubicarlos. De ahí las nuevas inquietudes acerca de los “inmigrantes” y de quienes piden “asilo”, así como la creciente importancia del papel que desempeñan los difusos “temores relativos a la seguridad” en la agenda política contemporánea.
Por otra parte, el desempleo y, en particular, el precario panorama laboral para quienes finalizan sus estudios y se incorporan a un mercado más preocupado por incrementar los beneficios mediante el recorte de costes laborales y la supresión de ventajas que por crear nuevos empleos y establecer nuevas ventajas. Uno de los remedios más sopesados son los subsidios estatales, que convertirían en un buen negocio la contratación de jóvenes (durante el tiempo que duren los subsidios). Una de las recomendaciones que más suele hacerse entretanto a los jóvenes es que sean flexibles y no especialmente quisquillosos, que no esperen demasiado de sus empleos, que acepten los trabajos tal como vienen sin hacer demasiadas preguntas y que se los tomen como una oportunidad que hay que disfrutar al vuelo y mientras dure, y no tanto como un capítulo introductorio de un “proyecto vital”, una cuestión de amor propio y autodefinición, o una garantía de seguridad a largo plazo.
Referencia:Vidas desperdiciadas de Zygmunt Bauman.

viernes, 6 de septiembre de 2024

Las compañías pueden trasladar su capital y sus empleados adonde quieran

Jack Welch, otrora presidente de General Electric, acostumbraba decir que lo ideal para su compañía sería tener “cada planta en una barcaza”, de modo que las fábricas fueran libres de ir allí donde los costes laborales, materiales y fiscales fueran menores. Hoy es posible sostener que semejante escenario es una realidad, pues las compañías, que ya no están atadas a una nación particular, pueden trasladar su capital y sus empleados adonde quieran. En opinión de algunos economistas, la consecuencia de esto es que los salarios caen con rapidez y los ciudadanos de ciertos países terminan por encontrarse peor que los de otros. El contra argumento es que, a cambio, el país que ha exportado puestos de trabajo de esta forma se beneficia de los mayores beneficios obtenidos por las compañías, que éstas redistribuyen a sus inversores, así como de unos precios más bajos en las tiendas, manifiesta Edmund Conway, columnista de The Times y Sunday Times.