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jueves, 13 de febrero de 2025

Residuos humanos

La producción de“residuos humanos”,es decir, las poblaciones "superfluas" de emigrantes, refugiados y demás parias, es una consecuencia inevitable de la modernización. También es un ineludible efecto secundario del progreso económico y la búsqueda de orden, característicos de la modernidad. La propagación global de la modernidad ha dado lugar a un número cada vez más elevado de seres humanos que se encuentran privados de medios adecuados de subsistencia, y a la vez el planeta se está quedando sin lugares donde ubicarlos. De ahí las nuevas inquietudes acerca de los “inmigrantes” y de quienes piden “asilo”, así como la creciente importancia del papel que desempeñan los difusos “temores relativos a la seguridad” en la agenda política contemporánea.
Por otra parte, el desempleo y, en particular, el precario panorama laboral para quienes finalizan sus estudios y se incorporan a un mercado más preocupado por incrementar los beneficios mediante el recorte de costes laborales y la supresión de ventajas que por crear nuevos empleos y establecer nuevas ventajas. Uno de los remedios más sopesados son los subsidios estatales, que convertirían en un buen negocio la contratación de jóvenes (durante el tiempo que duren los subsidios). Una de las recomendaciones que más suele hacerse entretanto a los jóvenes es que sean flexibles y no especialmente quisquillosos, que no esperen demasiado de sus empleos, que acepten los trabajos tal como vienen sin hacer demasiadas preguntas y que se los tomen como una oportunidad que hay que disfrutar al vuelo y mientras dure, y no tanto como un capítulo introductorio de un “proyecto vital”, una cuestión de amor propio y autodefinición, o una garantía de seguridad a largo plazo.
Referencia:Vidas desperdiciadas de Zygmunt Bauman.

miércoles, 14 de agosto de 2024

Los ricos son cada vez más ricos, y las rentas del trabajo son cada vez más desiguales

Se ha calculado que el dinero que envían a sus países los 140 millones de africanos que viven fuera del continente se había multiplicado por seis en los primeros años del siglo XXI. Las remesas suponen más del 5 por ciento del PIB en varios países africanos, más que la ayuda al desarrollo que proviene de gobiernos extranjeros; y ese dinero se distribuía de manera más capilar y eficaz, al repercutir directamente en las familias necesitadas. En varios países en vías de desarrollo, las remesas emigrantes superan los ingresos provenientes de las exportaciones y cubren parte del déficit comercial; en Nepal, las remesas duplican los ingresos por exportaciones de bienes y servicios, al igual que en Uganda; y en Filipinas representaban un 38 por ciento de los mismos. Incluso en la India, las remesas superaban a los ingresos obtenidos por las emblemáticas exportaciones de software informático.
En la segunda década del siglo XXI se ha consolidado como alternativa al mundo bipolar un mundo multipolar, en el que no predomina ni un solo actor hegemónico (EE. UU. o China), pero tampoco impera la ley de la jungla. Frente a la aún notable continuidad del duopolio americano-europeo se han asentado actores regionales o suprarregionales, que ejercen una influencia internacional a diferentes niveles. La tendencia general apunta hacia un progresivo reforzamiento de los actores asiáticos, en particular de China y la India, el permanente estancamiento de África, el irregular protagonismo de los países emergentes de Latinoamérica, y la continuidad, aun sin el papel protagonista de otrora, de Occidente como conjunción de Norteamérica y la Unión Europea.
En buena parte de Europa, en EE.UU. y en el mundo, los ricos son cada vez más ricos, y las rentas del trabajo son cada vez más desiguales, mientras que los pobres lo son cada vez más. La polarización social no ayuda a la construcción de un nuevo consenso keynesiano, y la utopía de la igualdad de oportunidades se desvanece progresivamente, fruto igualmente del predominio del individualismo sobre los valores sociales y del mercado frente a la comunidad. Lo que también se ha reflejado desde finales del siglo XX en el cambio progresivo de las relaciones de trabajo en el capitalismo avanzado y la sociedad de la información, donde el peso de la oficina, la fábrica y el taller disminuye aceleradamente frente al de las redes sociales; el trabajador especializado y cualificado mediante una formación cede terreno frente al trabajador flexible y con capacidad de adaptación.
Referencia:Las utopías pendientes de Xosé M. Núñez Seixas



martes, 31 de octubre de 2023

Los emigrantes intentan recrear la atmósfera de su tierra natal en el país que les acoge

Cuando el alma no quiere partir

Escribe el profesor Felipe Fernández-Armesto, historiador y catedrático de Historia Mundial y Ambiental del Queen Mary College de la Universidad de Londres que “los pueblos humanos raramente, o acaso nunca, se desplazan de buena gana y se adaptan a un nuevo entorno sin dificultades. Entre los casos recientes y bien documentados, los acaecidos en los últimos quinientos años, las colonizaciones más exitosas han tendido a buscar entornos similares al lugar de procedencia. Generalmente, los emigrantes intentan recrear la atmósfera de su tierra natal en el país que les acoge. Los colonizadores fundaron Nueva Inglaterra, Nueva Francia, Nueva Zelanda, Nueva Gales del Sur y otras versiones ligeramente modificadas de sus lugares de origen. Crearon Nueva España y, cuando se hubieron adaptado a ella, se desplazaron a Nuevo México. Se aferraban a su cultura como algo reconfortante y transportaban con ellos tantos objetos de su entorno físico como les era posible. Viajaban con los animales y los cultivos que les eran conocidos, eso implicaba generalmente que debían hallar zonas similares a las que habían abandonado”.  “Hoy en día los emigrantes chinos han transformado partes del Asia Central en lugares con la apariencia, los olores y los sonidos de China; en gran medida han hecho lo mismo en los barrios chinos de Occidente”.

miércoles, 11 de enero de 2023

Durante la década de 1830 se produjo en Francia la primera codificación moderna del derecho de asilo político

El sociólogo estadounidense Richard Sennett escribe en El extranjero que “los parisinos idealizaron la resistencia que en otros lugares oponían los burgueses locales a la explotación de la aristocracia. Aunque los franceses no son en general particularmente accesibles para los forasteros, recibieron con simpatía a polacos y griegos; las revueltas en esos dos países se percibían más como revoluciones de la clase media que como revueltas de los pobres. Durante la década de 1830, las universidades de Francia estuvieron abiertas a los extranjeros y se produjo la primera codificación moderna del derecho de asilo político (según la cual un individuo puede solicitar este estatus a través de una tramitación estatal establecida, sin tener que suplicarlo como favor a un gobernante). En estas condiciones, los emigrantes de las décadas de 1830 y 1840 trataron de movilizar a los parisinos a favor de sus diversas causas, con la esperanza de obtener dinero y presionar a la opinión pública para que impulsara a la acción al gobierno francés. Hoy se conoce el lado elegante de esos esfuerzos, como la música que Chopin escribía a modo de pièces d’occasion para conciertos de beneficencia, pero había también una adhesión más popular del público, como el proselitismo que los marineros griegos hacían entre los estibadores y los transportistas de los quais del Sena en busca de ayuda, y con tal fortuna que en los muelles se usaba la ropa de trabajo griega como señal de solidaridad”.


jueves, 22 de septiembre de 2022

Una invasión pacifica

En Europa occidental viven al menos 18 millones de personas que pueden considerarse “culturalmente” musulmanas. Número que sigue creciendo con emigrantes procedentes del Magreb y de paises de Africa Central, introduciendo especialmente a través de Italia y España. Se trata de una inmigración producida por la escasez de posibilidades de las que disponen en sus paises de origen. Conociendo lo que es el Islam se podría considerar que estamos ante una invasión pacifica, puesto que se haya apoyada por la gran ayuda económica y moral que están recibiendo desde “altos niveles” islámicos. permitiéndoles construir lugares de reunión y de oración, y estimulándolos a una intensa propagación proselitista en los paises en los que habitan.

Por parte del occidente laico no parece preocupar en absoluto, habrá que ver con el paso del tiempo que posibilidades hay, si es que las hay, para armonizar dos culturas tan distintas y contrapuestas. Algunos estudiosos del tema piensan que esto no podrá llegar a darse por la razón de que el Islam es incompatible con cualquier otra cultura.