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martes, 25 de agosto de 2026

La infertilidad es la pérdida de un proyecto vital y toda pérdida conlleva un duelo

Cristina López del Burgo, doctora en Medicina por la Universidad de Navarra y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria cuenta que las reacciones más comunes que tienen las parejas al conocer que no pueden tener hijos son en primer lugar, desconcierto porque lo que pensaban que iba a ser fácil, no lo es. Después pueden aparecer la tristeza, la culpa, la rabia, el miedo. Son reacciones habituales en un proceso de duelo, porque la infertilidad es la pérdida de un proyecto vital y toda pérdida conlleva un duelo. También es normal sentir envidia y no alegrarse ante los embarazos de las demás, porque esos embarazos te recuerdan que tú no lo has conseguido y eso, inevitablemente, duele.
Pero ser fecundos no significa únicamente tener hijos, dice López de Burgo. Significa dar fruto. Y el amor siempre da fruto. Por eso cualquier persona, esté o no casada, tenga o no tenga hijos, puede ser muy fecunda. Las maneras de amar y de entregarse a los demás son infinitas. Muchas veces son pequeñas y muy concretas, como sonreír por la mañana a tu pareja o escuchar a una amiga, y otras puede que sean más grandes, como fundar una ONG para ayudar a los más necesitados.


jueves, 13 de febrero de 2025

Residuos humanos

La producción de“residuos humanos”,es decir, las poblaciones "superfluas" de emigrantes, refugiados y demás parias, es una consecuencia inevitable de la modernización. También es un ineludible efecto secundario del progreso económico y la búsqueda de orden, característicos de la modernidad. La propagación global de la modernidad ha dado lugar a un número cada vez más elevado de seres humanos que se encuentran privados de medios adecuados de subsistencia, y a la vez el planeta se está quedando sin lugares donde ubicarlos. De ahí las nuevas inquietudes acerca de los “inmigrantes” y de quienes piden “asilo”, así como la creciente importancia del papel que desempeñan los difusos “temores relativos a la seguridad” en la agenda política contemporánea.
Por otra parte, el desempleo y, en particular, el precario panorama laboral para quienes finalizan sus estudios y se incorporan a un mercado más preocupado por incrementar los beneficios mediante el recorte de costes laborales y la supresión de ventajas que por crear nuevos empleos y establecer nuevas ventajas. Uno de los remedios más sopesados son los subsidios estatales, que convertirían en un buen negocio la contratación de jóvenes (durante el tiempo que duren los subsidios). Una de las recomendaciones que más suele hacerse entretanto a los jóvenes es que sean flexibles y no especialmente quisquillosos, que no esperen demasiado de sus empleos, que acepten los trabajos tal como vienen sin hacer demasiadas preguntas y que se los tomen como una oportunidad que hay que disfrutar al vuelo y mientras dure, y no tanto como un capítulo introductorio de un “proyecto vital”, una cuestión de amor propio y autodefinición, o una garantía de seguridad a largo plazo.
Referencia:Vidas desperdiciadas de Zygmunt Bauman.