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jueves, 23 de febrero de 2023

El Estado, un parásito que exige más y más y da cada vez menos a cambio

Si el poder está administrado por los mercados, por los grupos financieros, por fuerzas supranacionales que se sustraen a todo control democrático, entonces la política es un as unto tenso y controvertido. Adopta múltiples rostros, está la política de la Unión Europea, condicionada por los Estados más fuertes y por los mercados (capaces de impulsar "su" política mediante lobbies); está la política de los Estados-Nación, desprovista de poder, pero perfectamente autorreferencial y autoperpetuadora; está también una política local que tiene un poder limitado y reducido para gestionar la situación existente, sin oportunidad alguna de intervenir en la impenetrabilidad de la “gobernanza”. Todo ello sin olvidar una extensa gama de casos de políticas sin poder y de poder sin políticas, aplicados en organizaciones, instituciones y servicios dotados de una autonomía en mutuo conflicto. No se trata de una adaptación a unas condiciones de crisis ni de una elección ideológica, sino de un cambio en la naturaleza misma de la política, afirma Zygmunt Bauman.

Estado parásito

Wendy Brown sostiene que el neoliberalismo, en contraste con el liberalismo clásico, tiende a empoderar a los ciudadanos convirtiéndolos en emprendedores de sí mismos y, por consiguiente, facilita el afianzamiento de una inaudita ética del “cálculo económico” en el terreno de las actividades de interés y beneficio públicos que el Estado solía garantizar hasta hace poco.La práctica del neoliberalismo, pues, somete las funciones sociales del Estado al cálculo económico; una práctica inusual, que ha introducido en los servicios públicos los criterios de la viabilidad, como si fueran empresas privadas. Esos criterios regulan ahora los ámbitos de la educación, la sanidad, la protección social, el empleo, la investigación científica, el servicio público y la seguridad, conforme a un perfil económico. El neoliberalismo, por lo tanto, elimina la responsabilidad del Estado, le hace renunciar a sus prerrogativas tradicionales e impulsa la paulatina privatización de estas. La pérdida de poder desemboca en un socavamiento de la potencia de la política económica, lo que se refleja a su vez en los servicios sociales. La crisis del Estado se debe a la presencia de esos dos elementos: la incapacidad para tomar decisiones concretas en el plano económico y la consiguiente incapacidad para procurar servicios sociales adecuados. El resultado de lo anterior es el ajuste fiscal, pues se recurre a la “desregulación” y a la “devolución” de prerrogativas institucionales que se delegan cada vez más en los propios individuos; todo ello con el propósito de asegurar la existencia y el mantenimiento del aparato estatal y sus privilegios, que son cada vez menos. Llegado a esta fase, el Estado está en crisis y, lejos de ser un proveedor y un garante del bienestar público, se convierte en “un parásito” de la población, preocupado únicamente por su propia supervivencia. Un parásito que exige más y más y da cada vez menos a cambio.

jueves, 9 de diciembre de 2021

El padre de la mentira

El diablo no ha creado un segundo mundo, sino que opera como un parásito sobre el que ha creado Dios. Se trata del mismo mundo, pero hechizado, y el es el príncipe de este mundo imaginario, porque solo existe a través de nuestros ojos, convicciones y pasiones. Por esta razón las cosas a las que estamos encadenados son irreales, pero las cadenas que nos atan a ellas son muy reales, dice el escritor rumano Nicolae Steinhardt.

Y añade Steinhardt que el diablo solo nos puede ofrecer lo que posee, es decir la ilusión. Mientras nuestra relación con esta ilusión o con este fantasma esté fundada en nuestro acto de adhesión, él mantiene su palabra, da lo que ha prometido. Pero en el momento de la muerte, o de un estremecedor arrepentimiento, o de cualquier otra ocasión de balance, cuando nos vuelven a llamar a la realidad, está claro que el trato “se liquida” y se comprueba que la aportación diabólica es meramente ilusoria, un simple reflejo en el espejo….. El padre de la mentira solo tiene poder sobre la imagen desviada, sobre el error y la esencia corrupta. Es el principio del terror, porque es terrible ver que, de hecho, estas encerrado y contratado (contratado quiere también decir reclutado y a sueldo como un criado) en una inmensa construcción quebradiza, errónea, que ha de derrumbarse necesariamente como un castillo de naipes.

domingo, 23 de febrero de 2020

Nubes sin agua, árboles otoñales, infructuosos, dos veces muertos



“El que no escoge con plena libertad una norma recta de conducta, tarde o temprano se verá manejado por otros, vivirá en la indolencia, como un parásito, sujeto a lo que determinen los demás. Se prestará a ser zarandeado por cualquier viento, y otros resolverán siempre por él. Estos son nubes sin agua, llevadas de aquí para allá por los vientos, árboles otoñales, infructuosos, dos veces muertos, sin raíces (Jds, 12), aunque se encubran en un continuo parloteo, en paliativos con los que intentan difuminar la ausencia de carácter, de valentía y de honradez” afirma Escrivá de Balaguer.