Para el polaco Ian Kott, el personaje de Shakespeare, Hamlet está loco porque, cuando la política elimina todos los demás sentimientos, ella misma se transforma en una locura inmensa.Se puede llegar a sostener que las debilidades, las obsesiones y hasta los vicios de los dirigentes políticos llegan a ser el fundamento de una contención y de un apaciguamiento, una fuente de libertad.
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miércoles, 6 de agosto de 2025
La política se puede transformar en una locura inmensa
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domingo, 8 de agosto de 2021
Nuestra época necesita eslóganes que le exima de pensar
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| Charles Moeller |
Nuestra época no necesita libros. No los lee, o los lee mal, porque se le antojan largos y difíciles, dice Charles Moeller. Nuestra época necesita eslóganes consistentes que le eximan de pensar. Tiene miedo de hacerlo. No quiere ser libre. Si algo desea, acaso sin saberlo, es que venga alguien que le prometa salud, que arranque su vida de la destrucción.
Existen libros eternos que es menester salvar. Inmortales; más solo si reviven en nuestras almas. Moeller se pregunta si reviven en el alma de esta generación, si nuestros jóvenes se interrogan, con Sócrates, sobre la sabiduría. Se pregunta incluso si conocen a Sócrates, si Sócrates es para ellos algo más que un nombre, algo más que un muerto…..Tampoco sabemos a ciencia cierta si la angustia de Hamlet despierta en ellos un eco fraternal. Si lloran con los que lloran, si se alegran con los que ríen.
lunes, 20 de agosto de 2018
Por qué Shakespeare no podría haber escrito Hamlet en la Antigua Roma.
Si se les preguntara por qué Shakespeare no podría haber escrito Hamlet en la Antigua Roma, los hegelianos hablarían del espíritu greco-romano, con el que no serían compatibles pensamientos, sentimientos y palabras tales como los de Shakespeare. Los marxistas podrían referirse a las relaciones y fuerzas de producción, que en Roma eran de tal modo que habrían generado inevitablemente una superestructura cultural en la que Virgilio podía funcionar como lo hizo, no así Shakespeare. Montesquieu se habría referido a la geografía, los climas, el “espíritu dominante” de los diversos sistemas sociales; Chateaubriand, a la diferencia marcada por la cristiandad, y Gobineau, a la raza; Herder, al espíritu tradicional; Taine, a la raza, el medio, el momento; Spengler, a la “morfología” autónoma de culturas y civilizaciones mutuamente excluyentes entre sí; y así sucesivamente. Ser utópico, cometer anacronismos, no ser realista, ser “escapista”, no entender la historia o la vida del mundo, es no lograr entender un conjunto determinado de leyes y fórmulas que cada escuela ofrece como clave de su
explicación acerca del por qué lo que sucede debe suceder como lo hace y no en cualquier otro orden. Lo que todas las escuelas tienen en común es la creencia en que existe un orden y una clave para su comprensión, un plan, una geometría o una geografía, de acontecimientos. Quienes lo comprenden son sabios; los que no lo son vagan en la oscuridad. dirá el historiador de ideas Isaiah Berlin.
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| Isaiah Berlin |
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miércoles, 8 de marzo de 2017
¿Shakespeare murió papista?
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| Retrato y firma de Shakespeare |
En el comentario muy breve de finales del siglo XVII acerca del fallecimiento de Shakespeare: “Murió papista”. Este comentario, escrito por un capellán del Corpus Christi College de Oxford llamado Richard Davies, resulta intrigante.
La invitación del fantasma en la que se fija el Hamlet de Shakespeare no es su vibrante llamamiento a la acción, sino algo muy distinto: “Adiós, Hamlet, adiós; acuérdate de mí”. “¿Que me acuerde de ti?”, repite Hamlet echándose las manos a la cabeza. sí, pobre espectro, mientras tenga asiento en este mundo desquiciado la memoria. ¿Que me acuerde de ti?. A primera vista, como da a entender el tono de incredulidad de Hamlet, la petición es absurda: no cabe imaginar que el hijo olvide el regreso de la tumba de su padre. Pero en realidad Hamlet no se precipita a llevar a cabo su venganza, y resulta que acordarse de su padre (acordarse de él como es debido, acordarse de él sin más) es más difícil en realidad de lo que cabría imaginar. Algo interfiere con la ejecución directa del plan, una interferencia cuyo símbolo es la locura fingida que no encaja con la trama de la obra. Y resulta que esa interferencia procede de las mismas fuentes que tal vez indujeran al padre de Shakespeare a firmar el “testamento espiritual” católico, con su desesperada súplica a familiares y amigos: Acordaos de mí. “Yo soy el espectro de tu padre”, dice el fantasma a su hijo: "Condenado durante cierto tiempo a vagar en la noche, y en el día confinado a ayunar entre las llamas mientras son consumidos y purgados los crímenes soeces que llenaron mis días naturales. Si no estuviera para mí vedado revelar los secretos de mi cárcel, podría hacerte tal relato que la menor de sus palabras llenaría de horror tu alma".
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| Hamlet |
Shakespeare tenía que ir con cuidado, las obras de teatro eran censuradas y no habría sido permisible hacer referencia al purgatorio como si fuera un lugar que realmente existiera. Por lo tanto, el comentario que hace el espectro acerca de que tiene prohibido “revelar los secretos de mi cárcel” es de una maliciosa literalidad. Pero prácticamente todo el público de Shakespeare habría entendido cuál era esa cárcel, localización a la que el propio Hamlet alude cuando unos instantes más tarde jura “por san Patricio” (1.5.140), el santo patrono del purgatorio. El espectro ha corrido la suerte que tanto temían los católicos piadosos. Ha sido arrancado de una forma repentina de este mundo, sin tiempo para prepararse ritualmente para su fin. “Segado en plena flor de mis pecados”, dice a su hijo, y a continuación añade en uno de los versos más extraños de la obra: “Impreparado, sin extremaunción, sin viático”. “Sin viático”: no recibió la última comunión administrada a los agonizantes; “impreparado”: no tuvo tiempo de realizar la confesión o preparación definitiva en su lecho de muerte; “sin extremaunción”: no recibió la bendición última o unción de su cuerpo con los santos óleos. Se fue al otro mundo sin haber llevado a cabo cualquier tipo de penitencia preparatoria y ahora está pagando por ello: “¡Ay, horrible, ay, horrible; más que horrible!”. ¿Qué significa que un espectro o ánima del purgatorio entre violentamente en el mundo de Hamlet pidiendo que se acuerden de él? Dejando a un lado incluso por un momento el hecho de que el purgatorio, según la Iglesia protestante, no existe, las alusiones que se hacen a él aquí constituyen todo un enigma, escribe Stephen Greenblatt.
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