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viernes, 11 de abril de 2025

Dos reglas morales de la guerra justa

La tradición de la guerra justa contiene dos reglas morales absolutas que nunca pueden ignorarse, la obligación de justificar en forma adecuada el uso de la fuerza y el principio de inmunidad de los no combatientes. La primera regla establece que los líderes políticos solo pueden iniciar una guerra si presentan motivos válidos para hacerlo. Esta regla se basa en por lo menos dos consideraciones.Primero, la sociedad internacional tiene como base el reconocimiento mutuo de los Estados de que están vinculados por un conjunto de normas en común. El orden en una sociedad tal se basa en el reconocimiento mutuo de soberanía y en el principio de no intervención. Como tales, a los Estados les conviene mantener a la sociedad internacional que en parte les confiere su entidad. Desde luego, el principio de no intervención ha sido vulnerado repetidas veces, pero cuando los Estados u otros actores toman este curso de acción, se sienten obligados a ofrecer una justificación especial. Es necesario que así sea, porque no justificar sus acciones socavaría los principios de legitimidad que en su conjunto constituyen la sociedad internacional.Segundo, la obligación de justificar sus actos restringe el recurso a la guerra. Jeremy Bentham sostuvo que si los líderes políticos tuvieran la obligación de hacer públicas sus razones para iniciar una guerra, sometiéndolas al escrutinio interno e internacional, tendrían menos posibilidades de iniciar guerras abiertamente injustas. Asimismo, los teóricos de la “paz democrática” argumentan que es menos probable que los Estados democráticos inicien guerras injustas, en parte porque sus gobiernos tienen que lograr consenso político interno para hacerlo y están limitados por normas legales.Los Estados poderosos y legítimos gozan de un grado mayor de elasticidad que los más débiles y/o menos legítimos. Sin embargo, ninguno puede escapar a la exigencia de justificar de manera adecuada su decisión de iniciar la guerra.
La segunda regla absoluta es la inmunidad de los no combatientes. La idea de que los no combatientes deben gozar de inmunidad frente a los ataques directos es uno de los elementos fundamentales de la "convención de guerra", comoquiera que se la conciba. Sun Tzu en la China del siglo V, así como las antiguas civilizaciones hindú, egipcia y hebrea, pensaban que se debía tratar con respeto a los prisioneros de guerra y no combatientes, mientras que en la tradición occidental Platón insistía en que los ejércitos se abstuvieran de incendiar viviendas y matar a la población civil del Estado enemigo.El derecho canónico medieval prohibía el uso de la fuerza contra ciertas personas que desempeñaban funciones de importancia en tiempos de paz y no participaban en las hostilidades (clérigos, granjeros, comerciantes), mientras que la tradición de la caballería prohibía la violencia contra los débiles. Puede decirse que el principio de inmunidad de los no combatientes es el elemento más claro y de mayor aceptación dentro del derecho de guerra contemporáneo.
Referencia:Guerras justas. De Cicerón a Iraq de Alex J. Bellamy. Profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Queensland (Australia).

jueves, 24 de agosto de 2023

Cuando Vladimir Putin, un hombre oscuro, se convirtió en jefe de gobierno

Vladimir Putin, un hombre desconocido, un teniente coronel que había trabajado para la KGB en Alemania oriental y que vivía modestamente en San Petersburgo con su esposa y dos hijas, hasta que se integró en la administración del Kremlin, donde acertó a ganarse la confianza tanto de Yeltsin como de Berezonvsky. El 16 de agosto de 1999 Putin fue nombrado jefe del gobierno. En principio, nada hacía prever que este personaje oscuro y de apariencia insignificante fuese a durar. Su elección se produjo cuando se iniciaba una segunda guerra de Chechenia, que comenzó esta vez con ataques chechenos al Daguestán en agosto de 1999, y siguió en septiembre con atentados terroristas en diversas ciudades rusas que causaron cerca de 300 víctimas. Ambos hechos creaban una sensación de vulnerabilidad en la población y daban un valor especial a la reacción enérgica que mostró Putin. Sobre la segunda guerra de Chechenia, se ha escrito, que “fue su campaña electoral”, el mayor bombardeo ruso vino a coincidir con los días de las elecciones. Algunos sospecharon que el oportuno estallido terrorista había sido preparado por Berezonvsky, que estaba en contacto con las mafias chechenas en territorio ruso. El propio presidente de Chechenia, Masjádov, le dijo entonces a un amigo que “esas gentes que predican la guerra santa están controladas y financiadas por alguien más, incluyendo los oligarcas financieros que rodean a Yeltsin en Moscú”. Hubo además sospechas de que los atentados en las ciudades rusas podían ser actos de provocación de los servicios secretos. Lo cierto es que los oligarcas se sentían tan seguros del futuro, en momentos en que se beneficiaban además del aumento de los precios del petróleo, que entre fines de 1999 y comienzos del 2000 Berezonvsky y Abramovich se apoderaron de buena parte de la producción de aluminio rusa. Apoyado por la cadena de televisión de Berezonvsky, que se encargó de destrozar a los candidatos que podían oponerle resistencia, Putin se convirtió en una figura destacada, y su partido recién creado, Unidad, al que se apresuraron a unirse los gobernadores provinciales que tenían problemas con la ley, obtuvo un triunfo resonante en las elecciones de diciembre de 1999, que Berezonvsky y otros oligarcas y delincuentes económicos aprovecharon para hacerse elegir diputados y garantizarse la inmunidad. El 31 de diciembre de 1999 Yeltsin dimitía, con un discurso en que pedía perdón “porque muchos de nuestros sueños no se realizaron”, y Putin, convertido en presidente en funciones, firmaba un decreto que ofrecía inmunidad a Yeltsin y a su familia por los actos realizados durante su presidencia. Se organizaron elecciones presidenciales para marzo del 2000, aprovechando la popularidad de Putin, que ganó en la primera vuelta con el 52,6 por ciento de los votos, contra el 29,2 para el comunista Zyuganov.

jueves, 2 de diciembre de 2021

Salvador de los soldados

Emil Adolf von Behring

Emil Adolf von Behring fue el primer científico en recibir el Premio Nobel de Medicina. Se le otorgó el prestigioso galardón en 1901 por descubrir un suero contra la difteria. Descubrió, en 1890, la antitoxina del tétanos junto con el bacteriólogo japonés Shibasaburo Kitasato. Descubrieron que al inyectar el suero sanguíneo de un animal afectado por el tétanos a otro se genera inmunidad a la enfermedad en el segundo. Comprobaron que los animales inmunizados contra el tétanos presentaban esta cualidad porque debían disponer de alguna sustancia capaz de controlar la infección.

Difteria
En 1891 trataron con suero a una niña enferma de difteria salvando su vida. Esto le hizo sospechar a Behring la existencia de unas sustancias, que llamó antitoxinas, que eliminaban las toxinas segregadas por las bacterias, lo que supuso un gran avance en el conocimiento de las defensas corporales. Poco después hizo públicos los resultados de su trabajo sobre la aplicación del suero contra la difteria, en el que demostraba que el poder de resistencia a la enfermedad no reside en las células del cuerpo, sino en el suero sanguíneo libre de células.Por este trabajo Emil Adolf von Behring  obtuvo el primer Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1901. En 1914 se fundó en Marburgo la compañía Behringwerke. El objetivo era desarrollar la investigación en el conocimiento y el tratamiento de las enfermedades infecciosas, tanto en humanos como en animales. El primer éxito de la compañía vino con el desarrollo de la inmunización frente al tétanos durante la primera guerra mundial, cuando a Behring se le dio el sobrenombre de “salvador de los soldados”.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

El Parlamento Europeo condena la represión del gobierno turco

Represión del gobierno turco 

El Parlamento Europeo ha adoptado una resolución en la que condena la actual represión del gobierno turco contra el Partido Democrático de los Pueblos (HDP). Los firmantes del documento subrayan que este retroceso "revela la terrible situación de los derechos humanos" en Turquía y la "continua erosión de la democracia y el Estado de derecho". El texto fue aprobado con 603 votos a favor y sólo dos en contra. La resolución fue impulsada por los demócratas cristianos, los socialdemócratas, las agrupaciones verdes y de izquierda. En ella se condena "la represión de los partidos políticos de la oposición" y se insta a Ankara a "garantizar que todos los partidos puedan ejercer libre y plenamente sus actividades legítimas de acuerdo con los principios fundamentales de un sistema pluralista y democrático". 

Los políticos europeos no ocultan su "profunda preocupación" por este "grave retroceso" en lo que respecta a la "libertad de acción de los partidos de la oposición" en Turquía. El documento recuerda que hay "cerca de 4.000 miembros y funcionarios del HDP que permanecen en prisión, incluidos algunos parlamentarios" a los que se les ha revocado su "inmunidad funcional y diplomática" y luego han sido detenidos.

martes, 12 de mayo de 2020

La pandemia esta desencadenando un tsunami de odio y xenofibia



Antonio Guterres
La pandemia de coronavirus "esta desencadenando un tsunami de odio y xenofibia" en el mundo, según manifiesta el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en un post publicado en su cuenta de Twitter. Antonio Guterres no menciona a ningún país, pero subraya que "debemos actuar ahora para reforzar la inmunidad de nuestras sociedades contra el virus del odio”.