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domingo, 13 de abril de 2025

Desde la victoria de los bolcheviques en noviembre de 1917 el hombre ya no es su propio dueño

Marina Tsvietáieva

Marina Tsvietáieva, escritora rusa, que destacó como poetisa y prosista, es una de las poetas más originales del siglo xx.  Tsvietáieva escribe que “desde la victoria de los bolcheviques en noviembre de 1917 el hombre ya no es su propio dueño, ha de dirigirse al Estado que progresivamente se ha vuelto el único patrón del país, puesto que todo le pertenece, todos deben apoyarse en él. Los individuos ya no dependen los unos de los otros, sino que todos dependen del poder del Estado, mediador impersonal y, aun así, inevitable. Los poetas deben servirlo, de la misma manera que los obreros y los campesinos. A esta destrucción del vínculo social, tal y como había existido hasta entonces, se añade muy rápidamente una nueva amenaza, la hambruna. La guerra civil entre Rojos y Blancos llega a su punto álgido, las cosechas son destruidas, los campesinos han sido despojados de los víveres que les quedaban y ya no se atreven a sembrar. Un informe de la Cheká, la policía política, dice que “ya nadie trabaja, la gente tiene miedo”. Los habitantes de las grandes ciudades descubren el nuevo rostro de la Revolución, el del hambre. En sus cuadernos, Tsvietáieva relata anécdotas.“Vieron a un perro con una pancarta: - ”¡Abajo Trotski y Lenin, o - me comerán!”. El patriarca Tijon hace leer una carta pastoral en las iglesias que dice: “La carroña se ha vuelto un manjar para la población hambrienta, y aun ese manjar es difícil de encontrar”.
Marina Tsvietáieva no puede más que condenarlo como responsable de la desaparición de todas las formas de vida que, en el antiguo mundo, le eran queridas. Ha traído la desorganización de toda vida social y material, y ha provocado la hambruna. Ha reprimido, además, la oposición y la palabra libre, ejerciendo una censura mucho peor que la de los zares; ha confiado a la Cheká la vigilancia de la población. Frente al poder soviético, a Tsvietáieva no le queda más que una salida, el exilio. El que conduce al interior de uno mismo, que pondrán en práctica gran número de sus compatriotas, o el que conduce fuera del país, solución que han elegido, o a la que se han visto obligados, numerosos otros rusos.

domingo, 8 de septiembre de 2024

Saben y a pesar de saber, no desprecian sino que aman

Padres que tienen un hijo mongoloide. Saben que su hijo no es inteligente como los otros, que no puede hacer en la escuela lo que hacen los demás. No por eso lo aman menos. Aunque para amarlo no pueden usar el patrón de los otros; de hacerlo así sentirían algo limitado, incompleto, insuficiente, algo que no tiene valor. Si lo hicieran experimentarían un amor-compasión, un colmar lo que no existe. La experiencia de ellos es diferente. Captan y dan valor a la especificidad de su perspectiva. Si se espanta, se asombra o se maravilla de lo que para un niño normal sería insignificante, entran en esa maravilla y ven en ella una perspectiva auténtica sobre el mundo. ¡Podemos maravillarnos de lo que después hemos desaprendido a mirar con ojos maravillados! Los ojos del niño son entonces los ojos de una inocencia sobre el mundo que los otros no han tenido o han perdido, y el mundo se enriquece con esa mirada. Con su amor los padres son los custodios de una perspectiva diferente (y perdida) sobre el mundo. El enamoramiento es, por eso, la apertura al ser de la perspectiva subjetiva, mientras su amor es su custodio. ¿Quiere decir que nos volvemos incapaces de juzgar? No. Los padres comprenden a su niño espantado o maravillado aunque no se espanten o maravillen. Saben y a pesar de saber, no desprecian sino que aman, escribe Francesco Alberoni.

jueves, 21 de julio de 2022

El compromiso desinteresado puede enaltecer emocionalmente a las personas

Richard Sennett, profesor emérito de Sociología en la London School of Economics, profesor adjunto de Sociología en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y profesor de Humanidades en la Universidad de Nueva York, opina que si una persona puede utilizar las palabras correcto o perfecto para decir que algo está bien hecho es porque cree en un patrón objetivo al margen de sus deseos y, en verdad, al margen de las recompensas de los otros. Hacer algo bien, aun cuando no se obtenga nada de ello, es el espíritu de la artesanía auténtica. Y únicamente ese tipo de compromiso desinteresado puede enaltecer emocionalmente a las personas; de lo contrario, sucumben en la lucha por sobrevivir.

domingo, 27 de octubre de 2019

Ley moral

La mayoría de las personas entiende que el abuso infantil, la violación, la discriminación racial o la violencia contra las mujeres son actitudes moralmente incorrectas siempre y en cualquier lugar. ¿Acaso podemos decir que este consenso moral de la mayoría de las personas del mundo es sólo una opinión personal o una moda social? Es evidente que no, puesto que se trata de valoraciones morales universales. Alguien podría pensar que quizás la ley moral es sólo una convención social, algo que se nos ha inculcado por medio de la educación. Pero no es así, manifiesta el profesor Antonio Cruz. 

C. S. Lewis, en su libro Mero cristianismo, dice que todas las personas admiten que algunas morales son mejores que otras. La moral cristiana es, por ejemplo, preferible a la moral nazi, así como la moral civilizada es mejor que la moral salvaje. Ahora bien, en el momento en que decimos que unas ideas morales son mejores que otras, estamos de hecho midiéndolas por una norma o patrón. Decimos que una de estas morales se ajusta mucho mejor a la norma que la otra. Pero, la norma que evalúa a las dos morales tiene que ser diferente de esas dos morales. Esa norma es la Moral Auténtica Universal escrita en la conciencia de las personas que, entre otras muchas cosas, nos dice que la moral nazi es menos verdadera que la moral cristiana. Así pues, no se trata de una convención social o de algo que nos han enseñado en la escuela sino de la Ley moral escrita en nuestros corazones.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Ningún régimen totalitario puede funcionar con las fronteras abiertas.

España años 60.
En los países comunistas el Estado era el patrón en todas las actividades económicas, lo que casi anulaba la capacidad de oposición. El Estado franquista fue siempre pequeño, con muchos menos funcionarios que en la España actual, y absorbía una proporción del PIB también mucho menor. Como escribía Leszek Kolakowski, pensador polaco
España años 60.
 exestalinista: “Los españoles tienen las fronteras abiertas, y ningún régimen totalitario puede funcionar con las fronteras abiertas”. La caracterización adecuada del franquismo es más bien la de un régimen autoritario que permitía una amplia libertad económica y personal, señala el filósofo Julián Marías.