jueves, 30 de junio de 2022

Siempre que el catolicismo se ha visto apartado, se las ha ingeniado para volver como novedad

Cuenta G. K. Chesterton que “siempre que el catolicismo se ha visto apartado por considerarse que es cosa anticuada, se las ha ingeniado para volver como novedad. Como si se tratara de una parábola en la que, expulsado del hogar, un anciano se ve obligado a vagar en la tormenta, como Lear, pero al cabo regresa, transformado en un joven que encabeza una revuelta y llama a la puerta, como Laertes. Es una parábola que excede cualquier tragedia humana, aun una tragedia de Shakespeare, y que sólo puede ser, en el sentido más riguroso de la expresión, una divina comedia”.

“A estas alturas, dice Chesterton, debería de estar claro que todas y cada una de las cosas de las que el mundo moderno ha hallado culpable a la Iglesia católica han sido adoptadas por ese mismo mundo, pero siempre en una forma degradada. Los puritanos rechazaron el arte y el simbolismo, que los decadentes volvieron a traer al mundo con toda su vieja carga sensorial y la adicional de la sensualidad. Los racionalistas rechazaron la curación sobrenatural, que han vuelto a traernos los charlatanes yanquis, que no sólo la proclaman, sino que se sirven de ella para prohibir la curación natural. Los moralistas protestantes abolieron el confesionario, mas los psicoanalistas se han encargado de restaurarlo, con todos su supuestos peligros y ni una sola de sus reconocidas garantías. Los patriotas protestantes aborrecieron la intervención de una fe internacional, y tuvieron que dedicarse a resolver los problemas de un imperio enredado en la madeja de las finanzas internacionales. Tras mucho denunciar que las reglas monásticas eran un insulto para la familia, hemos asistido a su desmembramiento por la burocracia; tras no poco quejarse de que cualquiera pudiera ayunar sólo durante periodos excepcionales, ha habido que soportar que vegetarianos y abstemios quieran imponernos a todos un ayuno sin pausas y sin remisión.”



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