sábado, 25 de junio de 2022

Dios ayuda a Santiago


Ramiro I, el rey leonés, no distingue ya entre el sueño y la vigilia. Una figura majestuosos aparece a los pies de su lecho y le habla con una voz profunda: “Sabed, buen rey Ramiro, que Jesucristo dividió entre todos mis hermanos las provincias de la tierra y a mí me concedió España. Manteneos firme y sed fuerte que yo, Santiago Apóstol, vengo en vuestro socorro. Y tened por cierto que mañana venceréis, con la ayuda de Dios, a todos estos moros que os tienen cercado, aunque morirán muchos de los vuestros, a quienes les espera la gloria del paraíso. Tened por cierto que mañana me veréis montando un caballo blanco, con una señera blanca en una mano y en la otra una gran espada reluciente. Al amanecer, confesad y recibid el cuerpo de Cristo. Lanzaos después contra los moros al grito de "Dios ayuda a Santiago". Sabed que todos caerán bajo vuestra espada”.


Una figura de rostro adusto y sereno cabalga junto al rey cristiano. Monta un corcel blanco y blande una espada refulgente que deshace las primeras líneas de defensa de las tropas califales. Por esa brecha, los cristianos entran a degüello al grito de "Dios ayuda a Santiago". Siguen con determinación y sin piedad el estandarte blanco que ondea en mitad de la carnicería. Y avanzan por encima de los cuerpos inertes de los moros que caen por docenas. Nadie consigue abatir al caballero del corcel blanco. Las flechas y venablos lanzadas contra él pierden fuerza cuando se acercan y caen a sus pies. El pánico se generaliza entre los mahometanos. El sol comienza a declinar. Las huestes del rey de León están exhaustas y han perdido muchos hombres. Pero los musulmanes están aterrorizados y huyen desordenadamente tratando de salvar sus vidas. En la refriega han perdido miles de hombres. La victoria de los cristianos es ya irreversible. Ramiro I sangra. Pero no siente dolor. Se desprende de su yelmo y se arrodilla entre las montañas de muertos que asolan el campo de batalla. El resto de sus tropas lo imita. Dan gracias a Dios por la presencia y protección de Santiago Apóstol, el vencedor de la batalla de Clavijo.

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