sábado, 29 de abril de 2017

Roma: siglo XVI-XVII.

Roma durante el siglo XVI había rivalizado durante mucho tiempo con Venecia como centro de información, cuenta Peter Burke. En primer lugar, el Vaticano era el cuartel general del mundo católico, el centro donde presentaban sus credenciales embajadores de Japón, Etiopía y Tibet, así como de los países europeos, y donde enviaban regularmente sus informes los nuncios, embajadores del Papa. En segundo lugar, Roma era el cuartel general de las órdenes misioneras, como los dominicos, los franciscanos y sobre todo los jesuitas. Estos últimos adoptaron el sistema de informar regularmente por medio de las “cartas anuales”que todas sus casas y colegios alrededor del mundo tenían que enviar al general en Roma. Durante el siglo XVII, la Congregación para la Propagación de la Fe fue otro centro de información del campo de las misiones. 
Roma. Monaserio de Saint'Egidio

Las Relazioni universali de Giovanni Botero, redactadas en Roma en la década de 1590, se basaron en las noticias provenientes de la red jesuítica. Por ejemplo, Botero citó a Possevino sobre Rusia, a Gonzalvo de Silva sobre Monomotapa en África y a Michele Ruggiero sobre China, de donde había regresado recientemente. Aunque decidió presentar su material en forma de tratado, algunas veces Botero transmitió noticias relativamente candentes, interrumpiendo su narración de la historia de China para decir a sus lectores que, “mientras yo escribía esto, llegó a mis oídos la noticia de que dos padres

Reforma urbanística "La Roma di Sisto V" - 1585-1590 
que habían permanecido en aquel reino habían sufrido diversas persecuciones”. 


Roma fue también un centro de información erudita. Sus organizaciones educativas,famosas en toda Europa, incluían La Sapienza, el Collegio romano y una serie de colegios donde los estudiantes extranjeros se formaban como misioneros; entre otros, el Colegio germánico (1552), el Colegio griego (1577), el Colegio inglés (1578), el Colegio maronita (1584) y el Colegio irlandés (1628). Roma albergaba también academias como los Lincei y los Umoristi y otras instituciones menos formales como los círculos del anticuario Fulvio Orsini, del connoisseur Cassiano del Pozzo y del polifacético Athanasius Kircher. Roma atraía a sabios de Francia, España, Alemania y otros lugares.

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