jueves, 6 de abril de 2017

No hubo papas locos.

Aprovecho razones de un tertuliano en una emisora de radio para contestar a sus razonamientos faltos de verdad. 
Gregorio IX.
El cuadro bimilenario de la salud pontificia parece presentar todas las patologías existentes con una sola excepción, la locura. No hubo papas locos. De lo que se deriva, escribe Vittorio Messori,la confirmación de una ayuda especial del Espíritu Santo. En efecto, la potestad del Papa in spiritualibus es absoluta. La Iglesia ve en él al maestro supremo de la fe. ¿Qué hubiera sucedido si, a causa de alguna enfermedad psíquica, tan sólo uno de los papas hubiese empezado a dictar algo contrario a la fe católica de la que es inapelable guardián?
Ha habido papas inmorales, indignos, al menos según
Alejandro VI.
nuestras actuales categorías éticas, de su altísimo oficio. Pero, por una paradoja en la que una vez más el punto de vista religioso percibe un enigma de la Providencia, justamente esos pontífices que menos practicaron las exigencias de la fe fueron los más firmes y decididos proclamando la verdad de la misma.AlejandroVI,considerado un ejemplo tal vez demasiado fácil de la abyección moral en la que cayó el papado renacentista, fue un impecable maestro de fe. Quizá actuó mal pero predicó estupendamente,dice Messori,y esto es lo que se espera de un sucesor de Pedro, llamado por Jesús mismo a una función principal, la de ratificar a los hermanos en la fe. La enseñanza papal precede y es mucho más importante que el también deseable ejemplo moral. Sin embargo, la pureza de dicha enseñanza siempre se ha visto protegida de los estropicios de la arteriosclerosis y los accesos de locura, más que de la inmoralidad de las costumbres, practicadas pero nunca teorizadas ni presentadas al estilo radical como un bien.



La enseñanza papal precede y es mucho más importante que el también deseable ejemplo moral.

No hay comentarios:

Publicar un comentario