lunes, 17 de abril de 2017

No se consideraba tacaño, sino razonable.


“La idea de la riqueza para él era sinónimo de la idea de huida del peligro, del sufrimiento, del papel de víctima. No intentaba comprar la felicidad, sino simplemente la ausencia de infelicidad. El dinero era la panacea de todos los males, la representación material de sus más profundos e inexpresables deseos como ser humano. No quería gastarlo, quería tenerlo, saber que estaba ahí. El dinero para él no era un elixir, sino un antídoto: el pequeño frasco de medicina que uno lleva consigo en el bolsillo cuando se mete en la jungla, por si lo pica una serpiente venenosa. A veces, su resistencia a gastar dinero era tan grande que parecía una enfermedad. Nunca llegó al punto de privarse de lo que necesitaba (pues sus necesidades eran mínimas), pero era algo más sutil, cada vez que tenía que comprar algo, optaba por lo más barato. Comprar barato constituyó para él una forma de vida.
Él no se consideraba tacaño, sino razonable, un hombre que conocía el valor de un dólar. Tenía que ser prudente, pues su prudencia era lo único que lo separaba de la pesadilla de la pobreza.”(Paul Auster,Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006).

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