lunes, 24 de abril de 2017

Los ataques que más preocupan a los Gobiernos son los dirigidos a la red de distribución eléctrica.

Los ataques que más preocupan a los Gobiernos son los dirigidos a la red de distribución eléctrica, cuenta Jeremy Rifkin. Como dice un informe de una comisión del Gobierno estadounidense: La electricidad es vital para las infraestructuras relacionadas con el suministro y la distribución de alimentos, agua y combustible, así como para las comunicaciones, el transporte, los servicios de emergencia, las transacciones financieras o los servicios de la administración, es decir, para el conjunto de infraestructuras y servicios que sustentan la economía y el bienestar del país. Si un ciberataque se centrara en los componentes vitales de la red de distribución eléctrica y los desactivara, la población podría quedarse sin electricidad varios meses, todo un año o incluso más. Sin electricidad dejarían de funcionar casi todos los sistemas de la sociedad moderna, como las diversas infraestructuras relacionadas con el agua, el gas, el transporte, la calefacción y la iluminación. Los estudios indican que la sociedad se sumiría en el caos tras solo unas semanas sin electricidad.


Curiosamente, fue la posible vulnerabilidad de la red de comunicaciones de los Estados Unidos lo que inspiró, al menos en parte, la creación de Internet. En la década de 1960 Paul Baran y otros investigadores de la Rand Corporation se preguntaron cómo se podría garantizar el funcionamiento ininterrumpido de la red de comunicaciones del país en el caso de un ataque nuclear. Baran y sus colegas acabaron optando por una red distribuida de grandes ordenadores, carente de control central, que pudiera seguir funcionando aunque un ataque nuclear inutilizara parte del sistema de comunicaciones del país. La idea era crear un sistema de comunicaciones donde los datos pudieran seguir varias rutas distintas para llegar a un destino dado, de modo que ninguna parte dependiera por completo del funcionamiento de otra. De esta idea surgió una red experimental financiada por la Advanced Research Projects Agency (ARPA) del Departamento de Defensa, a la que llamaron ARPAnet, que conectaba varios ordenadores de las principales universidades y que más adelante se transformaría en Internet.

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