miércoles, 26 de julio de 2017

Lucha de civilizaciones

Mundo arabe.
Para Huntington, no es una casualidad el hecho de que en el mundo árabe haya nacido el primer movimiento generalizado de la “lucha de civilizaciones”. No es que cada musulmán en concreto sea fundamentalista; hoy por hoy, reconoce el citado autor, la mayoría de ellos son tolerantes, y la tolerancia es una virtud que aparece valorada con frecuencia en la doctrina coránica; pero sí puede considerarse que es, en virtud de la integración entre lo político y lo religioso (algo que no existe en otras culturas) “un fundamentalista en potencia”. Una de las necesidades del siglo XXI consiste precisamente en evitar las condiciones que fomenten la generalización del fundamentalismo. Como es patente, el fundamentalismo islámico no razona, no evalúa, no dialoga. De aquí que resulte tan difícil para el mundo civilizado, acostumbrado al respeto o a la tolerancia, encontrar un medio para evitar sus peligros.



Arabia Saudita es un país fundamentalista en el sentido de que no permite el ejercicio de otra religión que la musulmana, o que el turista que porta símbolos cristianos corre el peligro de ir a la cárcel; pero no ha seguido desde hace tiempo una actitud hostil hacia Occidente en sí, y los monarcas saudíes, enriquecidos con la producción petrolífera, procuran mantener buenas relaciones con los pueblos europeos o americanos; pero hay en el país numerosos wahabitas radicales.

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