martes, 22 de marzo de 2016

Armas autónomas, la gran revolución.

Se definen las armas autónomas como aquellas capaces de llevar a cabo una misión con intervención limitada del hombre o sin esta.

Las armas autónomas amplían el campo de batalla y pueden mantenerse en el teatro de operaciones mucho más tiempo que las personas con costos muchísimo menores. 


Al reducirse las bajas propias se pueden alcanzar mayores dividendos políticos por aquellos que desatan las guerras y cuentan con las posibilidades tecnológicas para el empleo de esas armas: la gente pierde interés por el desarrollo del conflicto armado y no ofrecen sustanciales oposiciones o resistencias ante la guerra.

La movilización de las armas autónomas no cambiará sólo la forma en que se libran batallas y escaramuzas. Cambiará en primer lugar los cálculos que hacen políticos y generales sobre si ir a la guerra (Nicholas Carr).

El disgusto público por las víctimas ha sido siempre un elemento disuasorio para la guerra y un acicate para la negociación. Dado que los robots autónomos letales reducirán los costes humanos del conflicto armado, la sociedad puede desentenderse crecientemente de los debates militares y dejar la decisión de usar la fuerza como una cuestión principalmente financiera o diplomática para el Estado, llevando a la “normalización” del conflicto armado (Nicholas Carr).

Las armas autónomas pueden así rebajar el umbral para que los Estados vayan a la guerra o utilicen fuerza letal, de modo que el conflicto armado no sea ya una medida de último recurso. La introducción de una nueva clase de armas siempre altera la naturaleza de la guerra, y las armas que pueden ser lanzadas o detonadas a distancia —catapultas, minas, morteros, misiles— tienden a tener los mayores efectos, tanto intencionales como no intencionales. Las consecuencias de las máquinas de matar autónomas irían probablemente más allá de nada que hayamos conocido (Nicholas Carr).


El primer disparo hecho libremente por un robot será un disparo oído en todo el mundo. Cambiará la guerra, y quizá la sociedad, para siempre. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario