martes, 3 de marzo de 2020

La corrupción y la miseria son la consecuencia inevitable de tener políticos con demasiado poder sobre la economía

Axel Kaiser
Para el profesor Axel Kaiser, con todo lo que se pueda criticar el régimen y el ordenamiento institucional venezolano anterior a Chávez, no cabe duda alguna de que este era preferible al actual. También la Cuba de Batista, a pesar de que merece ser condenada por varias razones, era en varios aspectos preferible a la de los hermanos Castro. En ambos regímenes, así como en el de Salvador Allende, en Chile, el de Velasco Alvarado, en Perú, el de los sandinistas, en Nicaragua, el de la revolución filofascista de Perón, en Argentina, el de Morales, en Bolivia y el de Correa, en Ecuador, entre tantos otros, lo que había y hay detrás no es otra cosa que esa igualdad orwelliana, es decir, la vieja ley de que somos todos iguales, pero que “unos somos más iguales que otros”. El populismo, sin duda, hace a unos más iguales que a otros. Se necesita más libertad, la cual se connsigue de la igualdad ante la ley.


Se puede decir que el populismo socialista ha logrado cierta igualdad, pero una igualdad en la miseria, dice Kaiser. Lo importante del caso venezolano es extraer la obvia lección que la corrupción y la miseria son la consecuencia inevitable de tener políticos y gobiernos con demasiado poder sobre la economía. Si el gobernante lo controla todo y decide quién recibe qué cosa, se va a arreglar con sus amigos, como lo hacían los Kirchner. Un sistema así no puede generar riqueza en el medio plazo, porque los incentivos están puestos para que unos saqueen al resto de la población, y no para innovar o crear valor. Es por eso que los países con más libertad económica en el mundo tienen mayor calidad de vida en todos los indicadores, y también menos corrupción. De hecho, en el índice de Transparencia Internacional, los primeros países casi coinciden con los primeros puestos del índice de libertad económica.

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