lunes, 7 de marzo de 2022

De todos los talentos concedidos a los hombres, ninguno es tan valioso como el de la oratoria



“De todos los talentos concedidos a los hombres, ninguno es tan valioso como el don de la oratoria. El que goza de él ostenta un poder más duradero que el de un gran rey. Es una fuerza independiente del mundo. Abandonado por los suyos, traicionado por sus amigos, despojado de sus cargos, quien posea ese poder seguirá siendo formidable. Muchos han contemplado sus efectos. Un conjunto de ciudadanos graves, protegidos por todo el cinismo de estos tiempos prosaicos, es incapaz de resistirse a su influencia. De mostrar un silencio sordo esos mismos hombres pasan a dar una aprobación a regañadientes y luego a mostrarse plenamente de acuerdo con el orador. Los vítores son cada vez más fuertes y frecuentes; el entusiasmo crece por momentos, hasta que todos son presa de unas emociones que no son capaces de controlar y se ven sacudidos por unas pasiones a cuyo dominio han renunciado.” (Churchill, «Scaffolding of Rhetoric». Epílogo.)

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