domingo, 8 de noviembre de 2020

La libertad debe ser una libertad bajo Dios

Tocqueville


Argumenta Tocqueville en los capítulos introductorios del segundo volumen de La Democracia en América, los teóricos democráticos proclaman que los seres humanos deberían regir su conducta solo a partir de sus propias luces, que deberían ignorar la autoridad de la tradición o de cualquier cosa que no sea discernible a la luz de la razón. “Pero los seres humanos, argumenta el profesor Daniel Mahoney, necesitan creencias de autoridad o “dogmas” para vivir bien. Sin las máximas morales provistas por la religión, los hombres son proclives a sucumbir ante un “vértigo” psicológico y espiritual que abre paso ya sea al nihilismo o al conformismo, con todas sus consecuencias políticas contrarias al liberalismo. La conclusión es clara, la libertad debe ser una “libertad bajo Dios”, si queremos hacer justicia a la naturaleza espiritual y a las limitaciones de los seres humanos. En rigor, la libertad entendida como pura indeterminación no permite al ser humano evadir la doble tentación de la tiranía democrática y de la apatía, que nace de sobrestimar nuestra capacidad de hacer nuestro propio camino en el mundo sin la guía de la herencia espiritual y filosófica del pasado. Y la apatía lleva al despotismo”.

Bertrand de Jouvenel

En su obra, Sobre el poder, Bertrand de Jouvenel, subraya la tendencia de la ley en el mundo contemporáneo de convertirse en “ambulatoria” o desconectada de las verdades inmutables o eternas, cuando la soberanía, el poder humano, es tratada como un fin en sí misma.


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