sábado, 16 de febrero de 2019

¿Quién puede conocer las intenciones, las excusas o los méritos de otro?


¿Quién puede conocer las intenciones, las excusas o los méritos de otro? Moralmente, sólo podemos ser juzgados por Dios o por nosotros mismos, dice el filósofo André Comte-Sponville. ¿Has sido egoísta? ¿Has sido ruin? ¿Te has aprovechado de la debilidad de otro, de su indefensión, de su ingenuidad? ¿Has mentido, robado, violado? Lo sabes perfectamente, y este tu saber de ti mismo es lo que se denomina conciencia, el único juez, siempre el único, que moralmente importa. ¿Un proceso? ¿Una multa? ¿Una pena de cárcel? Esto es tan sólo la justicia de los hombres. ¿Cuántos canallas hay en libertad? ¿Cuántas personas honradas en prisión? Puedes estar en regla con la sociedad, pero esto no te exime de estar en regla contigo mismo, con tu conciencia, que en verdad es la única regla. ¿Existen, pues, tantas morales como individuos? No. Es la paradoja de la moral, ésta sólo es válida en primera persona pero universalmente, o, dicho de otro modo, para todo ser humano (pues todo ser humano es un “yo”).

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