jueves, 25 de junio de 2020

La política de la precarización del mercado de trabajo se ve auxiliada, instigada y reforzada por las políticas de vida



Escribe el filósofo Zygmunt Bauman que "en el mundo del desempleo estructural,nadie puede sentirse verdaderamente seguro. Los empleos seguros en empresas seguras resultan solamente nostálgicas historias de viejos. No existen tampoco habilidades ni experiencias que, una vez adquiridas, garanticen la obtención de un empleo, y en el caso de obtenerlo, éste no resulta ser duradero. Nadie puede presumir de tener una garantía razonable contra la próxima racionalización o reestructuración, contra los erráticos cambios de demanda del mercado y las imperiosas e ingobernables presiones de la productividad, competitividad y eficiencia. La flexibilidad es el eslogan del momento. Augura empleos sin seguridades inherentes, sin compromisos firmes y sin derechos futuros, ofreciendo tan sólo contratos de plazo fijo o renovables, despidos sin preaviso ni derecho a indemnización.”


“La política deliberada de la precarización llevada adelante por los operadores del mercado de trabajo se ve auxiliada e instigada por las políticas de vida, sean éstas adoptadas deliberadamente o a falta de otras opciones. Ambas producen el mismo resultado, la descomposición y el languidecimiento de los vínculos humanos, de las comunidades y de las relaciones. Los compromisos del tipo “hasta que la muerte nos separe” se convierten en contratos “mientras estemos satisfechos”, contratos temporarios y transitorios por definición, por decisión y por el costo pragmático de su impacto y, por lo tanto, propensos a ser rotos unilateralmente y evitar el precio de intentar salvarlos, toda vez que una de las partes huele una oportunidad más ventajosa fuera de esa sociedad. En otras palabras, los vínculos y las asociaciones tienden a ser visualizados y tratados como objetos a ser consumidos, no producidos; están sujetos a los mismos criterios de evaluación de todos los demás objetos de consumo. En el mercado consumista, los productos ostensiblemente duraderos son por regla general ofrecidos por un período de prueba; se promete la devolución del dinero si el comprador no está completamente satisfecho. Si uno de los socios de una sociedad es conceptualizado en esos términos, entonces ya no es responsabilidad de ninguno de los miembros hacer que la relación funcione, procurar que salga adelante “en las buenas y en las malas”, “en la salud y en la enfermedad”, ayudarse mutuamente durante las malas rachas, reducir las propias expectativas, comprometerse o hacer sacrificios en pos de la continuidad de la unión. Se trata, en cambio, de quedar satisfecho con un producto listo para consumir; si el placer obtenido no está a la altura de las expectativas o de lo que se prometía, o si el goce se diluye junto con la novedad, uno puede entablar una demanda de divorcio, alegando los derechos del consumidor y el Acta de Lealtad Comercial.

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