lunes, 8 de junio de 2020

El nacionalismo no va hoy en día más allá de la dramaturgia de una opereta tragicómica



El nacionalismo es anacrónico y corto de miras. La vuelta a los valores tradicionales, el cierre de filas y el aprecio exclusivo por lo que se conoce localmente y está territorialmente delimitado parecen en nuestros días empeños vanos e inútiles, sobre todo si se fomentan desde el convencimiento de que es posible devolver el poder absoluto de la toma de decisiones y la gestión política a un entorno local para que lidie con la influencia de la economía global. Como ciertos tipos de populismo, el nacionalismo no va hoy en día más allá de la dramaturgia de una opereta tragicómica, exagerada por los medios de comunicación para el entretenimiento de las masas, escribe el sociólogo Carlo Bordine.

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