jueves, 10 de octubre de 2019

La transformación del islam


Existe una diferencia notable entre la actividad guerrera de Mahoma y la de sus sucesores. En tiempos de Mahoma, cuenta José Javier Esparza, la agresividad de la fe islámica podía perfectamente entenderse como lucha por la supervivencia. Rodeados de enemigos, los musulmanes recurren a la fuerza para asentar su pequeña comunidad en un entorno hostil, proveerse de los recursos necesarios para subsistir, imponerse sobre adversarios que los habían declarado indeseables. Por el contrario, las ofensivas de los sucesores ya no vienen motivadas por la supervivencia. El islam está asentado, domina Medina y La Meca, el entorno árabe ya no es un peligro. 

Muchos autores, entre ellos Tariq Ramadán, subrayan que Mahoma opta siempre que puede por la paz, mientras que sus sucesores, los califas, son indiscutiblemente jefes guerreros. A Mahoma cabe reconocerle, dice Esparza, que luchaba por la supervivencia de su comunidad, pero lo que hacen sus sucesores es lanzarse a una guerra de dominación de las tierras vecinas; guerra motivada por la atracción que las riquezas de Siria, Palestina y Egipto podían suscitar en unas gentes como los árabes, ostensiblemente más pobres. Esta transformación del islam, claramente visible en los hechos, es capital para entender todo lo que vino después.


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