sábado, 27 de abril de 2024

La construcción moral del hombre y la esperanza de un futuro mejor no se logran con dinero


La clave de todo está en la relación entre el amor y la razón. Incluso a nivel personal nos ocurre lo mismo que a nivel institucional. Lo principal y la fuente están en el amor, que es el que marca la finalidad y guía los pasos intermedios. Este amor es una luz que requiere un orden racional para llegar a su propio fin. La razón no puede imponer sus normas al amor, sino que el amor hace crecer la razón, la purifica y le da su máxima grandeza. En una institución social, lo primero es la caridad, y ella misma sugerirá las estructuras racionales para tal fin. No se puede imponer una mentalidad empresarial a una entidad caritativa. La lógica del amor abrirá caminos para la lógica organizativa y no al revés. Qué pena da cuando alguna actividad social ha perdido su manantial de caridad y solamente se dedica a ser una gestora de recursos sociales. Seguro que consigue subvenciones, pero no conseguirá levantar el corazón de nadie……El corazón humano también necesita el ímpetu del amor. Sin afecto a nada, la vida languidece y se apaga la ilusión. Las sombras crecen y la debilidad aumenta.

La miseria del hombre no está en la carencia económica. Esto solo es la consecuencia, pero rara vez la causa. El problema de los pobres no se cifra tanto en lo económico, sino en las enfermedades interiores que van destruyendo el tejido familiar y, por lo tanto, la estructura emocional y de capacidades que permiten llevar una vida digna. La degradación moral no se logra sanear con dinero. La construcción moral del hombre y la esperanza de un futuro mejor no se logran con dinero. Es la red de vínculos fundamentados en el amor, en las virtudes morales y en la fidelidad, la que permite ser más, tener más. La miseria y la indignidad humana no se arreglan con recursos económicos, sino con atención, paciencia y amor.
Referencia:Al cruzar el puente de José Manuel Horcajo Lucas.

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