domingo, 19 de enero de 2020

Resucitaba a los muertos, pero temblaba de frío en una mañana fresca

*¡Él se considera literalmente el Hijo de Dios! Se considera… Pero ¿quién es él, en realidad? Durante tres años he estado observándole de cerca y de lejos. Hacía y decía cosas impresionantes. Nunca ha existido un hombre como él. Nunca ha existido una persona… Porque, haciendo cosas asombrosas, era siempre un hombre. Resucitaba a los muertos, pero temblaba de frío en una mañana fresca. Cien veces, mil veces, he visto estas contradicciones……


¿He de dejar que me crucifiquen con él? ¡Pero esto sería un suicidio! Nadie desea mi muerte. ¿Para qué yo, un hombre delicado, sensato, inteligente y respetado por todos, debería ir a pedir personalmente la más ignominiosa de las muertes? Además, la cruz… No existe nada tan horrible como esta muerte de un hombre destrozado, colgado a la vista de todos, que espera horas y horas a que las convulsiones paralicen su corazón. ¡No es la muerte lo más horrible, sino el acto de morir, y la cruz es un inacabable fallecimiento! Cuando pienso en mi propia muerte siempre quiero imaginarla rápida, como un quedarse dormido……


Si el Altísimo es tan enormemente misericordioso como él ha dicho en tantas ocasiones, debería saber que uno de nosotros es un ser miserable incapaz de elevarse por encima del miedo… Quizás hay quien es capaz de no pensar en lo que va a ocurrir. Yo lo pienso siempre. Me consume el miedo de mis propias previsiones. Soy así. No se ser distinto……..


* Cartas de Nicodemo de Jan Dobraczynski

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