martes, 10 de agosto de 2021

La explotación de trabajadores extranjeros en Malasia

Trafico de seres humanos en Malasia

El informe anual del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre el tráfico de seres humanos en el mundo rebajó a Malasia del segundo al tercer nivel, el peor, con respecto al delito de personas en situación de esclavitud. Según el director pro-tempore de la Oficina de Control y Lucha contra el Tráfico de Personas, Kari Johnstone, se han identificado casos de trabajo forzoso en numerosos sectores productivos, entre ellos el de la palma aceitera y otras plantaciones, la construcción y la manufactura. El problema salió a relucir en los últimos meses porque entre los trabajadores menos protegidos de origen extranjero, se han producido grandes brotes de covid-19. Esto han contribuido a una fuerte propagación de los contagios y Malasia registró en junio el mayor número de casos en relación con la población de toda Asia.

Rey de Malasia


La explotación de trabajadores extranjeros no es un fenómeno nuevo. Malasia ha sido identificada desde hace tiempo como un centro de empleo de mano de obra que proviene principalmente de países de confesión islámica del sudeste asiático y del sur de Asia (especialmente Indonesia y Bangladés). Los inmigrantes extranjeros se emplean en las actividades productivas peor remuneradas y menos atractivas para la mano de obra local. Se calcula que actualmente hay 212.000 personas sometidas a alguna forma de explotación en Malasia; sin embargo, los esfuerzos del gobierno de Kuala Lumpur para combatir el fenómeno han dado pocos resultados. Según la agencia Reuters, entre 2014 y 2018 se iniciaron 1.600 investigaciones que solo dieron lugar a 140 condenas. Muchas mujeres son utilizadas como empleadas domésticas o explotadas como prostitutas. A menudo la explotación ocurre ante la indiferencia o con la connivencia de las autoridades, que en cambio aplican con severidad e incluso de manera arbitraria las leyes que regulan la inmigración y el empleo de los refugiados. En esta situación, los migrantes corren el peligro de ser víctimas de los traficantes de personas y el trabajo forzoso, como ocurre, por ejemplo, con los musulmanes rohingya que huyen de la persecución en Myanmar o de una vida insostenible en los campos de refugiados de Bangladés.

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