jueves, 14 de julio de 2022

Cuba gozó de subsidios soviéticos que ascenderían a cien mil millones de dólares

Guevara de la Serna en ampuloso gesto de guapeza, manifestó que “las trescientas mil hectáreas que les expropiamos a los yanquis no se las vamos a devolver”. La represalia norteamericana ante el despojo de sus empresas no se hizo esperar. Estados Unidos dictaminó un embargo a Cuba prohibiendo el intercambio comercial con la isla. Entiéndase que fue un legítimo embargo y no un bloqueo (tal como se suele presentar falazmente ante la opinión pública). ¿Qué diferencia hay? Pues, el embargo es la prohibición a los norteamericanos de comerciar con Cuba. El bloqueo, en cambio, sería rodear la isla de barcos e impedir a Cuba comerciar con el mundo entero. Vale agregar que el embargo norteamericano no afectó en modo alguno a Cuba, siendo que de ahora en adelante y por 30 años consecutivos gozaría de magníficos subsidios soviéticos que ascenderían a cien mil millones de dólares, cuatro veces lo que fue el Plan Marshall para toda Europa y más de tres veces la suma dedicada por Washington a la Alianza para el Progreso para toda América Latina , encima para abastecer a una población numéricamente insignificante y una extensión geográfica de tan solo 110.860 km2. Fidel, en ese momento calificó al embargo como una “bendición que convertiría a Cuba en el amo incontestable del mercado azucarero mundial”. Y el otro genio de las finanzas, Ernesto Guevara espetó un festivo: “Cuanto antes, mejor”. En efecto, al Che no se le escuchó jamás decir ni escribir maledicencia alguna contra el bloqueo, puesto que este pretexto no ha sido más que un eslogan panfletario promovido años después por sus devotos. Cabe repetir también que lo que en concreto impidió el embargo es el libre comercio entre Cuba y los Estados Unidos, no así el de Cuba con el resto del mundo, manifiesta el abogado argentino Nicolás Márquez.


Finalizando 1960, dice Márquez, el exaltado régimen comunista ya había confiscado más de 25.000 millones de dólares en bienes privados cubanos y casi 1.000 millones de dólares en propiedades norteamericanas. Los principales perjudicados por las estatizaciones fueron los mismos cubanos y no el imperialismo. Por cada dólar robado por el Estado castrista a inversores estadounidenses, se le robaban 25 dólares a los propios.

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