viernes, 1 de octubre de 2021

Ferias de Champagne

 Ferias de Champagne

Las ferias de Champagne, surgidas en el siglo XII, eran el más importante lugar de reunión de mercaderes, tanto del norte como del sur de Europa. Bajo la protección de los condes de Champagne, quienes ofrecían facilidades mercantiles y tribunales especiales de comercio, además de proteger los caminos por los que viajaban los comerciantes, las ferias se alternaban casi continuamente a lo largo del año entre las ciudades de Provins, Troyes, Lagny y Bar-sur-Aube. Situadas aproximadamente a medio camino entre las dos regiones de Europa más desarrolladas, el norte de Italia y los Países Bajos, servían de lugar de encuentro y comercio para los mercaderes de ambas zonas, pero también desempeñaban un importante papel en el comercio del norte de Alemania con el sur de Francia y la península Ibérica. Las prácticas y técnicas comerciales que se desarrollaron en esas ciudades, por ejemplo, las “letras de cambio” giradas sobre la celebración de una feria y otros instrumentos de crédito, y los precedentes que sentaron sus tribunales de comercio, ejercieron una influencia más amplia y duradera que las propias ferias. Incluso después de su ocaso como centros de compra-venta de productos, siguieron sirviendo de centros financieros durante muchos años. Prácticamente todas las compras y ventas de las ferias de Champagne se realizaban a crédito. Al final de una feria, todas las cuentas pendientes se diferían a la feria siguiente por medio de letras de cambio. Aunque las letras de cambio se desarrollaron en conexión con el comercio de mercancías, acabaron utilizándose como instrumentos puramente financieros, sin relación directa con mercancías concretas.


florín de oro


La segunda mitad del siglo XIII cuando Europa obtuvo por fin una moneda realmente estable, el famoso florín de oro que puso Florencia en circulación por vez primera en 1252. El florín se acomodaba perfectamente a las necesidades mercantiles, valor estable y denominación relativamente alta, pero, para cuando apareció, el crédito ya era parte indispensable de la actividad comercial. Génova acuñó una moneda similar unos meses antes, pero no fue tan popular; en 1248 Venecia empezó a acuñar una moneda semejante, llamada ducado o cequí, cuyo uso fue general en el Mediterráneo oriental.

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