jueves, 10 de diciembre de 2020

Un niño no está preparado para entender la óptica de la sexualidad que muestra la pornografía



Se celebró el pasado Octubre el II Congreso Pornografía, Infancia y Mujer, organizado por el Grupo de Investigación Fundamentos de la Educación y Responsabilidad Social Educativa, de la Universidad Rey Juan Carlos. En los últimos años, el tema de la “cultura de la pornificación” se ha adueñado de las pantallas y los contenidos mediáticos. Además, un aspecto relevante en esa idealización de los contenidos mediáticos en torno a la mujer se encuentra en la hipersexualización  de la figura femenina, especialmente como reclamo publicitario. De tal modo que, términos como esa “pornificación” de la cultura que decimos, suponen una realidad que está transformando el ecosistema mediático que apela directamente al modo de ser de la mujer y de las niñas en nuestros días.



Si las mujeres son un público vulnerable por el tratamiento que se hace de ellas en los medios de comunicación, todavía lo son más los niños y niñas que reciben una educación sexual precoz y sin florituras desde las pantallas. Se habla de que a partir de los 6 años ya acceden a este tipo de contenidos. Pero ni siquiera un niño de 8 o 9 años está preparado ni física, ni psicológica ni emocionalmente para entender la óptica de la sexualidad que muestra la pornografía. Lamentablemente, los contenidos pornográficos suponen una escuela, fuera de la escuela, de acceso libre a la sexualidad para muchos menores, sin control parental, gratis, desde el anonimato, y con las graves consecuencias que se derivan de esta realidad tergiversada y manipulada que nos ofrecen los medios de comunicación.



Al final que no nos impongan lo que los demás quieran, sino que en mi derecho de decidir qué es lo mejor para mí, escoja aquello que no perjudica al otro y que no supone un detrimento personal propio. Si logramos ese pensamiento crítico en las personas, la realidad de la pornografía dejaría de tener la presencia que actualmente tiene porque entenderíamos realmente que se basa en relaciones de poder, de intimidación y de violencia.


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