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jueves, 27 de julio de 2017

Bush y Obama decidieron que perseguir y matar terroristas fuese la principal prioridad de la CIA.


La CIA había sido fundada en 1947 con la premisa de que los presidentes y los legisladores necesitaban advertencias por anticipado sobre las dinámicas que modelan los acontecimientos mundiales, pero tanto el presidente George W. Bush como Barack Obama decidieron que perseguir y matar terroristas debía ser la principal prioridad de la agencia.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Los movimientos terroristas.

Los movimientos terroristas son ilegales y secretistas; debido a los riesgos, las amenazas y la escasez de oportunidades para atacar sus objetivos, ejercen un grado excepcional de presión interna sobre sus miembros. La conformidad siempre se refuerza cuando el grupo está más cohesionado y es más unánime; lo que dificulta desobedecer las órdenes, especialmente cuando las dicta un miembro de mayor rango y autoridad. Otra propiedad común de la pertenencia al grupo, no obstante, es que en sí misma puede conducir a una relajación de los mecanismos de freno contra conductas impulsivas o inusuales, que en condiciones normales se reprimirían o no llegarían a reconocerse, dice John Horgan.

La desindividualización es un término formal con el que se
denomina el proceso por el que “se debilitan las restricciones sociales y se liberan las tendencias impulsivas y agresivas cuando la persona pierde su identidad individual, normalmente a consecuencia de su pertenencia a un grupo grande o debido a la ocultación de su identidad de una forma u otra”. La desindividualización permite comprender por qué gente que normalmente no sería agresiva puede llegar a sumarse a una protesta política violenta o a formar parte de un grupo de saqueadores de escaparates, por ejemplo. Dworetsky explica cómo es posible llegar a encontrarse tan inmerso en los acontecimientos y en el sentimiento de formar parte del grupo que perdemos la individualidad. Una vez que ésta mengua, perdemos la conciencia de quiénes somos y cuáles son nuestros valores. A su vez, esto nos vuelve más impulsivos y sensibles al estado emocional en que nos encontramos, y, hasta cierto punto, menos capaces de regular nuestra propia conducta. La reducción de la individualidad también hace que nos preocupemos menos por lo que puedan pensar de nosotros los demás y por lo que puedan hacernos. Nos preocupa más responder como parte del grupo.


Sendero Luminoso.
Silke ha descubierto que el uso de máscaras por parte de terroristas de Irlanda del Norte se asocia de forma significativa al incremento del nivel y la variedad de las agresiones acontecidas en la escena del delito. Además, las heridas infringidas a las víctimas tienden a ser más graves que las causadas por quienes no llevan máscara. Parte del proceso de deshumanización comporta otro uso del lenguaje que se da con frecuencia en los entornos militares convencionales. En el discurso militar abunda lo que Bandura describe como “expresiones paliativas”. Es normal que se enseñe a los soldados que digan que disparan contra “blancos” u “objetivos” y no contra “personas”. No debe subestimarse la importancia del poder de las palabras para ejercer control e influencia sobre la conducta. Estos términos no distan mucho de los que utilizaron los responsables del bombardeo de los presuntos pisos francos de los terroristas de Fallujah a mediados de 2004, que a menudo provocaron la muerte de civiles ajenos al conflicto. Estos objetivos solían ser las víctimas de lo que se describía como armamento“desplegado concienzudamente”.

Los movimientos terroristas son ilegales y secretistas; debido a los riesgos, las amenazas y la escasez de oportunidades para atacar sus objetivos, ejercen un grado excepcional de presión interna sobre sus miembros


jueves, 15 de diciembre de 2016

El presidente Truman no quiso que la CIA se convirtiera en el ejército secreto de Estados Unidos.


El presidente Truman no quiso que la CIA se convirtiera en el ejército secreto de Estados Unidos, pero puesto que una cláusula imprecisa en la Ley de Seguridad Nacional de 1947 autorizaba a la agencia a “realizar aquellas otras actividades y labores relacionadas con la inteligencia que afectan a la seguridad nacional”, los presidentes han utilizado esta autoridad en acciones encubiertas para encargar a la CIA operaciones de sabotaje, campañas de propaganda, fraudes electorales e intentos de asesinato. 

Desde el principio, los críticos cuestionaron si Estados Unidos necesitaba un servicio de espionaje separado del Departamento de Defensa. Al defender la independencia de la agencia, los directores de la CIA han señalado lo que ellos tienen que no tiene el Pentágono. La CIA tiene una estructura de agentes clandestinos que pueden llevar a cabo misiones encubiertas en el extranjero donde la mano de Estados Unidos está oculta. La CIA responde directamente al presidente, y puede llevar a cabo sus órdenes de manera más rápida, y discreta, que los militares. Los ocupantes del Despacho Oval han recurrido a las acciones encubiertas cientos de veces y, en ocasiones, han llegado a lamentarlo.

A principios de 1975, el presidente Gerald Ford hizo un comentario de pasada a los periodistas, diciendo que si los investigadores profundizaban lo suficiente podrían descubrir una serie de intentos de la CIA para asesinar a líderes extranjeros.La prohibición de asesinato del presidente Ford fue su intento de poner límites a sus sucesores en el Despacho Oval, para evitar que los futuros presidentes se viesen involucrados con demasiada facilidad en operaciones oscuras.


Abogados que trabajaban para el presidente Reagan redactaron memorandos legales secretos donde llegaban a la conclusión de que perseguir y asesinar a terroristas no violaba la prohibición de asesinatos de 1976, del mismo modo que lo harían abogados que trabajaban para los presidentes George W. Bush y Barack Obama décadas más tarde. Los abogados argumentaron que estos grupos terroristas estaban preparando ataques contra estadounidenses, por lo que matarlos sería un acto en defensa propia y no un asesinato.

sábado, 12 de noviembre de 2016

El darwinismo social en el siglo XIX junto con el militarismo, fomentaron la creencia de que la competencia entre naciones estaba de acuerdo con el orden natural.

Lenin y la lucha armada.
Los finales del siglo XIX y principios del XX con el nacionalismo y sus componentes repugnantes de odio y desprecio hacia los otros; el miedo a la pérdida o a la revolución, a los terroristas y a los anarquistas; las esperanzas de cambio o de un mundo mejor; las exigencias del honor y la hombría, que implicaban no ceder ni mostrar debilidad; o el darwinismo social, que clasificaba las sociedades humanas como si fuesen especies y promovía, no ya la fe en la evolución y en el progreso, sino en la inevitabilidad de la lucha, fueron el prologo de las dos guerras mundiales.
El Darwinismo Social
El darwinismo social, ese hijo bastardo del pensamiento evolucionista, junto con su primo el militarismo, fomentaron la creencia de que la competencia entre naciones estaba de acuerdo con el orden natural, y que al final sobrevivirían las más aptas. Y la implicación de esto era que probablemente habría guerra. A fines del siglo XIX, la admiración de que era objeto el ejército como la parte más noble de la nación, así como la propagación en las sociedades civiles de los valores militares, alimentaron la suposición de que la guerra era una parte necesaria de la gran lucha por la supervivencia; y de que podía ser incluso un bien para las sociedades, al, por así decirlo, ajustarlas.

A fines del siglo XIX, la admiración de que era objeto el ejército como la parte más noble de la nación, así como la propagación en las sociedades civiles de los valores militares, alimentaron la suposición de que la guerra era una parte necesaria de la gran lucha por la supervivencia