La belleza es digna de ser amada, pero el amor que se profesa a la belleza es de un tipo especial. No busca hacerse con su objeto, sino que mantiene la distancia que hace posible disfrutar contemplándolo, afirma el filósofo Rémi Brague.
Los monjes en la Edad Media, cuenta Brague, nunca soñaron con hacer algo cultural, y mucho menos con construir una cultura o una civilización cristiana. hasta puede que algunos pensaran que sus obras y su trabajo estaban condenados a desaparecer en un futuro más o menos cercano. Pero esto no les impidió ocuparse de la conservación y promoción de los bienes culturales e incluso de la innovación. Los monjes tenían una visión del mundo como creación de Dios bondadoso y cuya creación era fundamentalmente buena.

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