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viernes, 3 de abril de 2026

La Ley de Dios no puede suprimir la presencia del sufrimiento, esa presencia coincide con el carácter contingente de la existencia misma

Escribe Massimo Recalti en El grito de Job: “Job, el hombre recto y temeroso de Dios y justo, se lo deja caer, se revuelca en polvo y en ceniza, su cuerpo cubierto de llagas. La noche de Job se asemeja a la de Jesús en el huerto de Getsemaní; el padre no se preocupa de su hijo, no lo cuida; lo deja en la soledad más absoluta; el silencio de Dios resulta escandaloso ante el dolor del hombre. Pero Job, forzado a esa soledad y a ese silencio, no cesa de dirigirse a Dios. Su fe insiste en la forma extrema del grito ¿Por que?. ¿Por que la ley de Dios no sanciona al malvado y se ceba, en cambio, en el inocente? El dolor de Job no puede explicarse en términos de sentido porque no existe teología capaz de justificar su desmesura.”
“El hombre no es dueño del dolor, como tampoco es dueño de su muerte. Job, sin embargo, a diferencia del hombre griego, no se limita a constatar lo absurdo del dolor, su insensatez y su crueldad originarias, sino que insiste en dirigirse a Dios, exige en encontrarse con El cara a cara, verlo en persona. Pero cuando por fin, al termino del libro, se produce el encuentro con Dios en persona, Job se encuentra ante la desmesura de la creación. El poder de Dios no es el poder del mal, sino el poder ontológico de la creación.” 
“La Ley de Dios no puede suprimir la presencia del sufrimiento, porque esa presencia coincide con el carácter contingente de la existencia misma. El sufrimiento de la vida humana ya no es signo moral de la culpa, sino que refleja nuestra condición ontológica, la desproporción que nos separa de Dios. El desafío desesperado de Job se transforma, por tanto, en una inquietud nueva ; no la de atribuir sentido al dolor, sino la de no renunciar a la vida a causa del dolor. Al encontrase, gracias a su fe, con el rostro de ese Dios, Job salva al hombre del suplicio de una Ley moral inhumana cuya impostura él ha revelado irreversiblemente.”


jueves, 12 de febrero de 2026

La voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto

“La voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto”, dijo Benjamin Constant, el gran constitucionalista del liberalismo francés, que continuaba, en sus Principios de política aplicables a todos los gobiernos representativos (1815): “El pueblo no tiene derecho de castigar a un solo inocente, ni tratar como culpable a un solo acusado, sin pruebas legales. No puede, pues, delegar en nadie semejante derecho. El pueblo no tiene el derecho de atentar contra la libertad de opinión, la libertad religiosa, las garantías judiciales, las formas protectoras. Ningún déspota, ninguna asamblea, puede ejercer un derecho semejante diciendo que el pueblo se lo ha conferido. Todo despotismo es entonces ilegal; nada puede sancionarlo, ni aun la voluntad popular en que pretende fundarse, ya que, en nombre de la soberanía del pueblo, se arroga un poder que no está comprendido en tal soberanía, y, en tal caso, ya no se trata únicamente de un desplazamiento del poder, sino de la creación de un poder que no debe existir”. El ejemplo más palmario para ilustrar en la actualidad cómo puede crearse este poder absoluto bajo el paraguas de la soberanía popular son las Asambleas Constituyentes de que se ha valido en Hispanoamérica el socialismo del siglo XXI para instalar su reinado. La primera de ellas fue la de Venezuela, en 1999, pocos meses después de llegar Hugo Chávez a la presidencia por la vía electoral. Todo ello, como se sabe, sucedió al colapso de los grandes partidos tradicionales, que, aunque apoyados ampliamente por las masas durante varias décadas, acabaron funcionando como redes al servicio del tráfico de influencias, de la corrupción y de otros vicios, hasta tal punto que los venezolanos dejaron de sentirse representados por ellos. Comprendido esto por algunas personas, a partir de la década de 1980 comenzó a hablarse de la necesidad de reformar profundamente el modelo político, previendo que aquella situación precipitara el fin de la democracia. En 1992, la intentona armada de golpe de Estado que lideró Hugo Chávez dejó en evidencia la factibilidad de tal amenaza. Comenzó entonces a agitarse la bandera de la democracia participativa, entendiendo que el problema era sustraer la acción política del exclusivo y excluyente poder de los partidos. El desprestigio de estas instituciones fue sin duda lo que, en las elecciones de 1998, inclinó el favor popular hacia el militar golpista devenido en candidato y hacia su propuesta de convocar una Asamblea Constituyente. Para recurrir a esta figura, que no tenía asidero legal, se alegó la voluntad pronunciada del pueblo en un referendo consultivo donde se le preguntó si estaba de acuerdo con ello.

miércoles, 2 de julio de 2025

Muchos años de instrucción no garantizan el desarrollo de una mente respetuosa

Casa de la Conferencia de Wannsee
No existe ninguna fórmula para conseguir que alguien sea respetuoso con los demás. Quizá los casos más reveladores que han salido a la luz durante los últimos años sean los de los ciudadanos de la Europa nazi que, arriesgando su propia vida, decidieron ocultar a ciudadanos judíos y de otros grupos perseguidos. Según un cuidadoso estudio realizado por Samuel y Pearl Oliner, el aspecto exterior de estas personas era de lo más normal, no parecían distintas de las muchas otras que se quedaron de brazos cruzados o que colaboraron con los criminales nazis. Pero un estudio más detallado muestra unas diferencias muy reveladoras. Al haber tenido unos padres que evitaban el castigo físico y explicaban las reglas y conductas de una forma clara y razonada, estos salvadores se diferenciaban de sus conciudadanos por los sólidos valores, con frecuencia religiosos, que habían recibido de sus padres, por su actitud optimista y constructiva hacia la vida, por su sensación de conexión con los demás aunque pertenecieran a otros grupos y, por encima de todo, por su comprensión intuitiva y, en el fondo, instintiva de que el trato dispensado a aquellos inocentes era infame y de que ellos mismos podían y debían intervenir.En este contexto es muy instructivo y espeluznante conocer algunos detalles sobre los asistentes a la llamada Conferencia de Wannsee de enero de 1942, donde se tomó la decisión de poner en práctica la llamada “Solución Final”. De los catorce asistentes a aquella reunión, todos ellos varones, ocho se habían doctorado en las universidades centroeuropeas más prestigiosas. Es evidente que muchos años de instrucción no garantizan el desarrollo de una mente respetuosa.

lunes, 7 de abril de 2025

La manera de terminar con la espiral del miedo y el enfrentamiento es a través de una mayor profundización en nuestras raíces cristianas

René Girard se dio cuenta de que todas las sociedades buscan supuestos culpables, víctimas en los que depositar la insania y la envidia.El chivo expiatorio operaba como un purificador. Según Girard, en la necesidad de que otro, un inocente, cargara con el odio inveterado que nacía del egoísmo y la envidia humana se explicaba tanto el origen de la religión como de la paz social. Sin esa descarga, sin esa danza en torno a la víctima sacrifical en la que se dejan, como en un altar, el miedo y los rencores, la venganza y la muerte, no habría paz social y, por tanto, se frustraría la convivencia. De otro modo estaríamos condenados a un enfrentamiento cruento sin fin. 
Para Girard la muerte de Abel, de Job o, con mucha mayor radicalidad, de Cristo, suponía la llegada a la mayoría de edad moral de la humanidad. En el Antiguo y el Nuevo Testamento se enseña que el miedo y los conflictos, los asesinatos no surgen de automatismo ni constituyen el destino ciego al que nos ata la naturaleza. A diferencia de lo que ocurre en formas culturales más antiguas, la enseñanza revelada confirma que la violencia nace de la envidia del hombre. Hay guerras y enfrentamientos, pero la respuesta para acabar con ellos no reside en mover piezas en el tablero geopolítico, sino en proceder a un profundo cambio en el interior del ser humano. De otro modo, la paz de hoy será el motivo del conflicto de mañana. Y es eso lo que vio al final de su vida Girard.
Para Girard la única manera de terminar con la espiral del miedo y el enfrentamiento era a través de una mayor profundización en nuestras raíces cristianas. A su juicio, las sociedades del conocimiento y de la información hacían inútil la operatividad del chivo, es decir, sabemos siempre que las víctimas son inocentes. De ese modo, no hay posibilidad de que funcione la descarga del odio a través de su sacrificio. El futuro es negro, según Girard, porque la secularización había dejado inerme la herencia cristiana y, por tanto, tampoco disponemos del acervo moral de la fe para remediar nuestros odios y sed de venganza. Así las cosas, la violencia solo iría en aumento.Estamos hartos de la guerra, pero también de esas otras explosiones de odio y rencor que uno ve tanto en las calles como en otros ambientes sociales. El camino para la paz no pasa únicamente por tratados internacionales. Solo un cambio radical de vida, individual, puede explicar que tendamos la mano al prójimo en lugar de propinarle una patada, abusar de él o desposeerle de lo que tiene. Eso es sabiduría moral, que no desconoce que a veces también hay que defenderse.

miércoles, 8 de enero de 2025

Si la causa del diablo fuese la justa, sería al diablo a quien yo diera la razón

Tomás Moro (1478-1535) fue un gran defensor del pensamiento anti-tiránico y anti-absolutista. Se sintió muy influido por Henri de Bracton y John Fortescue. Del primero habría que destacar la obra De legibus et consuetudinibus Angliae (De las leyes y costumbres de Inglaterra), libro del que Moro aprendería el principio de que “todo hombre es inocente mientras no se pruebe lo contrario con evidencia legal” junto al de que “todo hombre merece un juicio imparcial”. Esta obra le marcó a Moro por haber contribuido a separar las leyes inglesas de los intereses políticos. Con palabras suyas: “Nunca llegué a sospechar que aquella lectura de juventud formaría de tal modo mi carácter que, de existir un pleito entre mi padre y el diablo, si la causa de este último fuese la justa, sería al diablo a quien yo diera la razón”. De Fortescue resaltará dos obras, De laudibus legum Angliae y De natura legis naturae. Este último libro le ayuda a Moro a aprender la diferencia entre dominium reales et politicum, entre monarquía absoluta y respublica, esto es, que la monarquía limitada, por esencia, es anti-tiránica y anti-absolutista. Como explica Poch: “También, con Fortescue, mantendrá que el Rey, el Príncipe, está sometido a Dios, pero también a las leyes. Era precisamente lo opuesto al absolutismo, al princeps de legibus solutus, que iba sin embargo a triunfar e imponerse, por ser su hora histórica. En este sentido, Moro rema contra corriente. Era su destino. No verá resultados positivos. Al contrario, sus convicciones antes de nada religiosas, pero también morales, jurídicas y políticas, provocarán su muerte. Sin embargo, con Locke, y una vez el proceso constitucional inglés en marcha, estas convicciones desembocarán en resultados positivos históricos; si bien sea para Moro el reinar después de morir” . 
Parece ser que al menos en dos ocasiones intervino Moro en el Parlamento inglés, tratando de defender con su propio ejemplo la libertad de expresión. Con ello marcaría uno de los más importantes pasos del proceso constitucional inglés. También digno de destacar es su talante pacifista y su negativa al recurso de las armas, de los que dio buena cuenta al realizar diversas misiones diplomáticas. Para Moro la misión diplomática se traduce en “la realización de la mejor defensa posible de los intereses representados, pero en y a través de la negociación política, y apartando la intervención de las armas. Negociar, sí, pero dentro del marco de la paz, y en procura de la paz; de esa paz que él, buen agustiniano, debía definir como tranquilitas ordinis” .

viernes, 11 de octubre de 2024

La maldad

La maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del poder sistémico para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre. ¿Qué es lo que impulsa la conducta humana?
Tres mil años de literatura nos han enseñado que ninguna persona o Estado es incapaz de actuar con maldad. En el relato que hacía Homero de la guerra de Troya, Agamenón, jefe de las fuerzas griegas, dice a sus hombres antes de que se enfrenten al enemigo: “¡Ninguno de los que caigan en nuestras manos se libre de tener nefanda muerte, ni siquiera el que la madre lleve en el vientre, ni ése escape! ¡Perezcan todos los de Ilio, sin que sepultura alcancen ni memoria dejen!”. Estas viles palabras las pronuncia un ciudadano noble de una de las naciones-Estado más civilizadas de su tiempo, la tierra de la filosofía, de la jurisprudencia, del teatro clásico. Prácticamente las mismas palabras que dijera Agamenón hace tres mil años se han oído en nuestra época en el país de Ruanda, mientras los hutus gobernantes aniquilaban a sus anteriores vecinos, los integrantes de la minoría tutsi. Una víctima recuerda que uno de sus torturadores le dijo: “Vamos a matar a todos los tutsis y habrá un día en que los niños hutus tendrán que preguntar cómo era un niño tutsi”.
Referencia: El efecto Lucifer de Philip Zimbardo (psicólogo, investigador y profesor emérito en la Universidad de Stanford).

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Derrotamos a un asesino de masas con la ayuda de otro

General Jaruzelski

Para muchas personas los crímenes de Stalin no inspiran la misma reacción visceral que los crímenes de Hitler. Nadie quiere pensar que derrotamos a un asesino de masas con la ayuda de otro.Los regímenes comunistas se volvieron menos censurables a medida que pasaban los años. Nadie temía demasiado al general Jaruzelski, ni siquiera a Brézhnev, aunque ambos fueron responsables de la devastación.

El acceso a los emplazamientos de los campos soviéticos (GULAG) estaba prohibido. Ninguna cámara de televisión ha filmado nunca los campos soviéticos ni a las víctimas, como se hizo en Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. Así pues, la carencia de imágenes significa menor comprensión.Un pequeño sector de la izquierda occidental luchó por explicar, y a veces disculpar, los campos y el terror que los creó a partir de 1930.Durante los procesos de Moscú, mientras Stalin condenaba arbitrariamente a miles de inocentes miembros del partido a los campos, el dramaturgo Bertolt Brecht le decía al filósofo Sidney Hook: “Cuanto más inocentes son, más merecen morir”.En la década de 1980 todavía había académicos que continuaban hablando de las virtudes del sistema sanitario de la Alemania oriental o de las iniciativas polacas en favor de la paz; todavía había activistas que se sentían avergonzados del escándalo suscitado en torno a los disidentes de los campos de prisioneros de Europa oriental.
Después de la revolución rusa, la información oficial sobre los campos soviéticos estaba disponible para cualquiera que la deseara. Desde el comienzo los informes de los testigos presenciales del Gulag fueron rechazados e infravalorados por las mismas personas que nunca habrían puesto en cuestión la validez del testimonio sobre el Holocausto.

Referencia: Gulag de Anne Applebaum


miércoles, 28 de diciembre de 2022

En Ruanda lo importante era que todos cometiesen asesinatos, que fuese un producto popular

Derribaron con un misil el avión que llevaba a bordo al presidente Habyarimana


A mediados de 1993 los países africanos obligaron a Habyarimana a firmar un acuerdo con el Frente Nacional de Ruanda (el FNR). Los guerrilleros formarían parte del gobierno y entrarían en el Parlamento y asimismo constituirían un cuarenta por ciento de las fuerzas armadas. Semejante compromiso, sin embargo, era inaceptable para el clan akazu, que habría perdido su monopolio del poder, cosa de la que no quería ni oír hablar. Sus miembros resolvieron que había llegado la hora de la solución final. El 6 de abril de 1994, en Kigali, unos “elementos no identificados” derribaron con un misil el avión, a punto de aterrizar, que llevaba a bordo al presidente Habyarimana, el cual regresaba del extranjero tras firmar el denigrante compromiso con el enemigo. Fue la señal para que empezase una matanza de hostigadores del régimen, sobre todo tutsis, aunque también de la numerosa oposición hutu. Aquella masacre de una población indefensa, dirigida por el régimen en cuestión, se prolongó durante tres meses, es decir, hasta el momento en que el ejército del FNR tomó todo el país, obligando al adversario a huir. Existen cálculos dispares del número de víctimas. Unos hablan de medio millón, otros de uno. Nadie obtendrá jamás cifras exactas. Lo que más aterra en todo esto es el hecho de que unos hombres inocentes han dado muerte a otros hombres inocentes, haciéndolo, además, sin motivo alguno, sin ninguna necesidad. Aun así, incluso si no se tratase de un millón sino, por ejemplo, de un solo hombre inocente, ¿acaso no sería ello prueba suficiente de que el diablo mora entre nosotros, sólo que en la primavera de 1994 se encontraba precisamente en Ruanda? Medio o un millón de muertos es una cifra trágicamente alta. Aunque por otra parte, conociendo la capacidad infernal y mortífera de la fuerza del ejército de Habyarimana, de sus helicópteros, ametralladoras, artillería y carros blindados, en tres meses de fuego sistemático se habría podido aniquilar a mucha más gente. Sin embargo, no fue así. La mayoría no murió abatida por las bombas y las ametralladoras, sino que cayó descuartizada y machacada por armas de lo más primitivo: machetes, martillos, lanzas y palos. Y es que los líderes del régimen no perseguían un único objetivo, la solución final. También era importante cómo conseguirlo. Se trataba de que en el camino hacia el Ideal Supremo, que consistía en eliminar al enemigo de una vez para siempre, se crease una comunión criminal entre el pueblo; de que, a consecuencia de una participación masiva en el genocidio, surgiese un sentimiento de culpa unificador; de que todos y cada uno supiesen que, desde el momento en que habían cometido algún asesinato, se cerniría sobre ellos la irrevocable ley de la revancha, a través de la cual divisarían el fantasma de su propia muerte. Frente a los sistemas hitleriano y estaliniano, en los que la muerte la administraban verdugos de instituciones especializadas (las SS o el NKVD) y cuyos crímenes eran obra de formaciones especiales que actuaban en lugares secretos, en Ruanda lo importante era que todo el mundo cometiese asesinatos, que el crimen fuese producto de una acción de masas, en cierto modo popular y hasta espontánea, en la cual participarían todos; que no existiesen manos que no se hubieran manchado con la sangre de aquellos que el régimen consideraba enemigos.

Ébano  de Ryszard Kapuściński


sábado, 18 de enero de 2020

Los partidos son máquinas para la fabricación de pasión colectiva



Una característica de los partidos políticos es que son máquinas para la fabricación de pasión colectiva. La pasión colectiva es la única energía de la cual disponen los partidos para la propaganda exterior y para la presión ejercida sobre el alma de cada miembro. Se confiesa que el espíritu de partido ciega, hace sorda la justicia, empuja hasta a la gente honesta al más cruel escarnio contra inocentes.


Los candidatos les dirán a los electores: “Tengo tal etiqueta”, lo cual no informa de nada al público sobre su actitud en relación a problemas concretos.

sábado, 24 de febrero de 2018

Un árbol sin raíces está condenado a muerte.

Un árbol sin raíces está condenado a muerte
El cardenal Robert Sarah, en una entrevistado concedida a la revista belga Cathobel, manifestaba que “no solamente Occidente está perdiendo su alma, sino que está suicidándose, porque un árbol sin raíces está condenado a muerte”. “Creo que Occidente no puede renunciar a las raíces que han creado su cultura y sus valores”. Tras citar situaciones “asombrosas”, como que los parlamentos “autoricen la muerte de un niño inocente e indefenso”, augura que “si Occidente, si Europa renuncia absolutamente a su identidad cristiana, la faz del mundo cambiará trágicamente”.

si Europa renuncia absolutamente a su identidad cristiana, la faz del mundo cambiará trágicamente

sábado, 8 de julio de 2017

La Luz de las naciones.

En los cuatro cantos del Siervo de Yahvé, el profeta Isaías presenta a un “Siervo” misterioso que, según algunos exégetas, representa la nación de Israel; para otros estudiosos del judaísmo antiguo de tendencia ortodoxa, se trata claramente de una persona llamada y formada por Yahvé y colmada por su espíritu. Más adelante, el Siervo aparece como un “discípulo” al que Yahvé ha “abierto el oído” para que esté en condiciones de instruir a los hombres en la Tierra. Él cumple su misión sin esplendor exterior, con mansedumbre y aparente fracaso. Blanco de ultrajes y desprecios, los acepta pero no cede, porque Dios le sostiene. El cuarto canto contempla este sufrimiento del Siervo, inocente como Jacob, pero tratado
como un malhechor, golpeado por Dios mismo y condenado a una muerte ignominiosa. En realidad, se ha puesto él mismo en el lugar de los pecadores de los que llevaba la culpa, intercediendo por ellos, y Yahvé, por un efecto inaudito de Su poder, ha hecho de este sufrimiento expiatorio la salvación de todos. A continuación, el profeta predice una “posteridad” del Siervo, que representará un reencuentro en Israel; para todos, él será la Luz de las naciones.

martes, 24 de enero de 2017

Obama en su mandato como presidente hizo grandes esfuerzos para extender el llamado “derecho al aborto”. Este es uno de los legados con los que el nuevo presidente Trump quiere terminar.

La encíclica Evangelium vitae expresa con rigor la doctrina de la Iglesia  Católica acerca del mandamiento “no matarás” que “tiene un valor absoluto cuando se refiere a la persona inocente. (…) Con la autoridad conferida por Cristo a Pedro y a sus sucesores, en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral” (Juan Pablo II, Evangelium vitae). 

Obama y Trump.
El presidente Barack Obama ha realizado de forma continua toda clase de esfuerzos para reducir lo que llama los embarazos no deseados. El gobierno de Obama siempre ha tenido un fuerte compromiso con el llamado “ derecho reproductivo de la mujer”. “Reafirmamos, dijo Obama, nuestro compromiso con el principio …..que cada mujer debe tomar sus propias decisiones sobre su cuerpo y salud”. Obama en su mandato como presidente hizo grandes esfuerzos para extender el llamado “derecho al aborto”. Este es uno de los legados con los que el nuevo presidente Trump quiere terminar.