martes, 20 de abril de 2021

El cardenal de Múnich criticó desde el principio la ideología anticristiana del nacionalsocialismo


En Italia el fascismo era aceptado como una solución a la amenaza comunista y al caos democrático incluso por los ex presidentes democráticos Nitti y Giolitti en pleno Parlamento; incluso por el último secretario general del Partito Popolare, Alcide de Gasperi. El Vaticano consintió en la retirada gradual de don Luigi Sturzo, fundador del Partido Popular, y muchos católicos se apuntaron con entusiasmo al régimen fascista, escribe Ricardo de la Cierva.


Pío XI había transformado radicalmente el concepto anterior de Acción Católica y quería utilizarla como instrumento para la influencia de la Iglesia en la sociedad. La Acción Católica de Pío XI era una amplia organización clerical, dependiente de la jerarquía pero muy activa en sus movimientos juveniles, universitarios y sociales. Pío XI creyó en 1933 que Hitler sería un valladar contra el comunismo soviético y la Internacional comunista pero en el mes de agosto de ese mismo año 1933 protestó contra las primeras persecuciones antijudías de los nazis.
Deutsche Christen

Los protestantes, consecuentes con la servil doctrina luterana sobre el poder de los príncipes, no sólo aceptaron a Hitler sino que muchos de ellos se integraron en una especie de Iglesia alemana política, los Cristianos Alemanes, que aceptó la imposición, por parte del régimen nazi, de un “Obispo del Reich” vicario de Hitler cuyo único acto consecuente fue el suicidio al hundirse el Tercer Reich.

Cardenal Michael von Faulhaber

El cardenal de Múnich monseñor Faulhaber, que se había inclinado ante los hechos consumados, criticó desde el principio del régimen la ideología anticristiana y las pretensiones totalitarias del nacionalsocialismo, según el historiador alemán Karl Dietrich Bracher. El mismo autor, que no es un panegirista del catolicismo, reconoce: “A pesar de estas limitaciones, el significado de la oposición católica es bastante impresionante” y demuestra ampliamente la tesis con numerosos casos concretos, por ejemplo: “Miles de sacerdotes y laicos fueron encarcelados o llevados a campos de concentración”. El jesuita Alfred Delp fue, junto al teólogo protestante Bonhoeffer, un auténtico mártir de la oposición contra el nazismo. Hubert Jedin califica al concordato como “excelente línea defensiva” y concluye: “El hecho de que el catolicismo alemán pudiera salir de la etapa del Tercer Recih esencialmente mucho más intacto que casi todos los demás grandes grupos de situación similar, es una de las consecuencias a largo plazo del acuerdo de 20 de julio de 1933”.


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