jueves, 28 de septiembre de 2023

Brasilia, una ciudad preciosa pero vacía, hueca, sin alma, sin vida

Brasilia

Brasilia,la ciudad ideal que había sido planeada como el gran triunfo del racionalismo, terminó siendo un enorme fracaso. No porque su belleza y sus trazos no sean impecables, sino porque la gente no se vincula, ni establece lazos ni conexiones porque la razón se lo dicte, sino porque nos relacionamos con los otros a partir de dinámicas afectivas, sentimentales, muchas veces irracionales. Y Brasilia quedó como una ciudad preciosa pero vacía, hueca, sin alma, sin vida. Largas autopistas y parques y museos y panteones que solo visitan los turistas. Falta ese toque genial, amoroso, que tienen Río o Salvador de Bahía; los cafés, las calles, las panaderías, los puestos de empanadas, los restaurantes, las cervecerías donde nos encontramos con los otros para departir, para hablar de fútbol o de política, para despotricar. Una ciudad no se planea racionalmente, se arma desde la pasión y la necesidad. Por eso Brasilia, con sus diseños modernistas y sus centros comerciales norteamericanos, es tan triste. El día de mi cumpleaños, escribe Mario Mendoza, después de vagabundear por avenidas desoladas, logré encontrar finalmente un restaurante para almorzar entre familias de brasileños.



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