viernes, 12 de mayo de 2023

El presidente Putin ha potenciado el nacionalismo gran-ruso o expansionista


El socialismo real fue un gran frigorífico en el que la conciencia nacional de lituanos, ucranianos o eslovacos habría permanecido hibernada, pero viva, durante cuatro décadas, para despertar de forma progresiva a lo largo de la década de 1980. Al desaparecer un régimen opresor, los sentimientos nacionales de la población habrían resurgido con pleno vigor. La nación surgiría de nuevo como religión política de la modernidad, que facilitaba un marco de valores desde el que emprender el tránsito a una economía de mercado. Las banderas nacionales serían enarboladas por viejas élites políticas y nomenklaturas comunistas locales necesitadas de reciclaje político, y nuevas élites que encontrarían una vía de rápida promoción en el nacionalismo, escribe el historiador Núñez Seixas.

El Gobierno pseudoautoritario del presidente Vladímir Putin, dice Núñez Seixas, ha adoptado una política de recuperación de la influencia geopolítica de Rusia que también ha tenido expresión en la potenciación del nacionalismo gran-ruso o expansionista, que aspira a reconstruir en lo posible el antiguo dominio territorial de los zares y a mantener su influencia sobre las repúblicas eslavas de Bielorrusia y Ucrania, estimulando para ello la movilización de las poblaciones rusófonas. Así se ha puesto en evidencia entre 2013 y 2014, cuando los rusos de Crimea proclamaron su independencia unilateral de Ucrania, tras celebrar un referéndum, y en el Este rusófono del país (particularmente en la región de Donetsk) los separatistas rusófonos se han rebelado contra el gobierno de Kiev. El 24 de Enero de 2022 se produjo la invasión rusa de Ucrania.

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