El Derecho Romano es la base de todos los derechos occidentales modernos. Las sociedades configuradas por el modelo constitucional de la polis griega, al adoptar el derecho Romano realizaban un segundo salto en la evolución cultural de la humanidad. El Derecho Romano delimita las fronteras entre lo mío y lo tuyo, y así hace posible la noción de persona. Al quedar garantizado lo que que pertenece a cada uno, el individuo adquiere una cualidad que no había tenido en ninguna otra civilización. Deja de confundirse en el grupo tribal o de perderse de forma anónima en el imperio, y adquiere un grado de individualidad, de diferenciación, de libertad, de autonomía, de protagonismo, que lo convierten en otro tipo de ser humano, al que conocemos con la palabra persona. Persona es ser humano en su exclusiva individualidad.
El cristianismo dotará al concepto de persona de una enorme riqueza, pues la concebirá como querida por Dios en su singularidad, moralmente responsable, destinada a conservar su individualidad eternamente. "El Derecho Romano, escribe Philippe Nemo (especialista en filosofía política), dio el paso definitivo que sacó a la humanidad del tribalismo. Occidente vivirá este avance al mismo tiempo que el civismo griego. Oriente lo ignorará".
Referencia: Breve historia de Occidente de José Ramón Ayllón.

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