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viernes, 3 de julio de 2026

Una nueva coreografía, una danza de la vida

El Papa Francisco en Portugal decía a los jóvenes que “estar insatisfechos, en este sentido y en su justa medida, es un buen antídoto contra la presunción de autosuficiencia y contra el narcisismo”. “No nos alarmemos si nos encontramos interiormente sedientos, inquietos, incompletos, deseosos de sentido y de futuro. Necesitamos mantener esa “memoria del futuro”, sin ceder a la tentación de detenerse en un oasis que en realidad es un espejismo”. ¿Y cuándo sucede esto? Explica Francisco a los jóvenes: “Cuando sustituimos los rostros por las pantallas, lo real por lo virtual; cuando, en lugar de las preguntas que desgarran, preferimos las respuestas fáciles que anestesian; y las podemos encontrar en cualquier manual de trato social, de cómo comportarse bien. Las respuestas fáciles anestesian”.
El Papa propone “buscar y arriesgar”. Precisamente en un momento de grandes desafíos para el mundo. Presenciamos quejidos dolorosos porque estamos como en una especie de parto, o también al comienzo de un gran espectáculo que necesita una “nueva coreografía”, una danza de la vida, que venza la tentación del miedo y de la auto-preservación (el encerrarse en uno mismo y en sus seguridades).


sábado, 18 de abril de 2026

Pedir disculpas

Pedir disculpas cuesta y por eso, escribe la psicóloga Inés Serrano Fernández, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad CEU San Pablo, llegado el caso, intentamos poner en marcha toda clase de estrategias para evitarlo. Son varios los motivos por los que cuesta asumir la plena responsabilidad de las consecuencias de los actos y disculparse. El primero es que supone una pérdida de autoestima, ya que se ha de reconocer que con el propio comportamiento se hizo daño. La imagen de uno mismo se va a ver cuanto menos cuestionada. Si la valoración negativa es hacia el comportamiento que uno llevó a cabo, puede aparecer la culpa. En el caso de que esa valoración negativa se refiera a la persona por completo, es decir, sea una etiqueta global, entonces aparecerá la vergüenza. El segundo motivo implica cierta percepción de que se pierde poder o estatus. Algunas personas sienten que es humillante lo que se conoce como "agachar la cabeza" justo por este motivo. Sería una cuestión de orgullo, que es también una emoción autoconsciente junto con la culpa y la vergüenza. En el caso del orgullo que impide hacerse cargo del dolor causado al otro habría un excesivo apego a una imagen sobrevalorada de uno mismo. El tercer motivo es el miedo a que se le pida una compensación costosa.Puede ocurrir también que sea un mero temor, que después no se cumpla, ya que no siempre la persona ofendida solicita compensación; la mayoría de las veces busca comprensión de su dolor, percibir arrepentimiento sincero y buenos propósitos. Tan importante es pedir disculpas como que estas sean sinceras, ya que de lo contrario es difícil que llegue el perdón del ofendido. La percepción de sinceridad es mayor cuando la disculpa tiene lugar de forma espontánea y próxima a la ofensa, y es menor cuando se obtiene un beneficio por ello (penitenciario, por ejemplo).
¿De qué depende que al tomar conciencia del daño cometido aparezca dentro de uno la emoción de la culpa, de la vergüenza o bien el orgullo? Una importante razón, que no agota otras posibles, es el nivel de narcisismo que hay en la personalidad del individuo. Aquellos cuyo nivel de narcisismo sea más bajo tenderán más a la culpa. Por el contrario, los que tengan niveles mayores, tenderán a la vergüenza / orgullo, que son en realidad dos caras de una misma moneda. El problema con el orgullo aparece cuando es tan elevado que mueve a la persona a la soberbia, la cual le hace valorarse a sí misma por encima de las demás. Puede llegar a ser una fuente de bloqueo, tanto de las ideas, como de la empatía con los otros. La persona narcisista puede resistirse a tomar conciencia del daño al otro y aferrarse al orgullo. Consigue con ello salvaguardar su imagen ante sí, pero crea un intenso malestar al otro. No obstante, en ocasiones la resistencia cede a la evidencia, y se hace cargo en toda su magnitud. Y ahí sí aparecería la vergüenza, y con ella un intenso malestar.

miércoles, 28 de mayo de 2025

Escuchar es un prestar, un dar, un don

“Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar. Lo que hace difícil escuchar es sobre todo la creciente focalización en el ego, el progresivo narcisismo de la sociedad. Narciso no responde a la amorosa voz de la ninfa Eco, que en realidad sería la voz del otro. Así es como se degrada hasta convertirse en repetición de la voz propia. Escuchar no es un acto pasivo. Se caracteriza por una actividad peculiar. Primero tengo que dar la bienvenida al otro, es decir, tengo que afirmar al otro en su alteridad. Luego atiendo a lo que dice. Escuchar es un prestar, un dar, un don. Es lo único que le ayuda al otro a hablar. No sigue pasivamente el discurso del otro. En cierto sentido, la escucha antecede al habla. Escuchar es lo único que hace que el otro hable. Yo ya escucho antes de que el otro hable, o escucho para que el otro hable. La escucha invita al otro a hablar, liberándolo para su alteridad.La actitud responsable del oyente hacia el otro se manifiesta como paciencia. La pasividad de la paciencia es la primera máxima de la escucha. El oyente se pone a merced del otro sin reservas. Quedar a merced es otra máxima de la ética de la escucha. Es lo único que impide que uno se complazca de sí mismo. El ego no es capaz de escuchar”, escribe el filósofo Byung-Chul Han.
“En Facebook no se mencionan problemas que pudiéramos abordar y comentar en común. Lo que se emite es sobre todo información que no requiere discusión y que solo sirve para que el remitente se promocione. Ahí no se nos ocurre pensar que el otro pueda tener preocupaciones ni dolor. En la comunidad del “me gusta” uno solo se encuentra a sí mismo y a quienes son como él”, añade el filósofo surcoreano.
“Los tiempos en los que existía el otro han pasado. El otro como amigo, el otro como infierno, el otro como misterio, el otro como deseo van desapareciendo, dando paso a lo igual. La proliferación de lo igual es lo que, haciéndose pasar por crecimiento, constituye hoy esas alteraciones patológicas del cuerpo social. Lo que enferma a la sociedad no es la alienación, la sustracción, la prohibición ni la represión, sino la hipercomunicación, el exceso de información, la sobreproducción y el hiperconsumo. La expulsión de lo distinto y el infierno de lo igual ponen en marcha un proceso destructivo totalmente diferente, la depresión y la autodestrucción.”

viernes, 28 de enero de 2022

Hacedles frecuentar la mente de los grandes

Los chavales con un aro en la nariz y el cabello verde esperan encontrar a alguien que no trate de imitar patéticamente su inseguridad, que esté convencido de su posibilidad de pensar con elevación y sea capaz de luchar sin desmayo para abrirles a la aventura del alma más allá de las columnas de Hércules. No tenéis ni idea de lo que son capaces de hacer esos chavales, incluso los que llevan auriculares en los oídos, si les ofrecéis, con la más escrupulosa honestidad intelectual y la pasión más sincera que os sostiene a vosotros mismos, cosas que sabéis de verdad y cosas que creéis realmente que son buenas también para ellos. Sacadles del ingenuo narcisismo de la búsqueda de sí (es ahí donde se hunden) y hacedles frecuentar la mente de los grandes. Así es como uno se vuelve grande. Todo lo demás, antes o después, es tedio, escriben F. Agostini y S. Marchesoni en el libro Dispositivi e affetti. Le passioni tristi tra etica e pedagogia.


sábado, 16 de octubre de 2021

¿Dejarlo llorar?


Por la noche, la madre mete al bebé en la cuna y se va a dormir. El niño, aterrorizado por el sentimiento de soledad y por la pérdida de contacto con el cuerpo de la madre, empieza a gritar y a llorar. Ninguna madre animal dejaría de responder a la llamada de su cría. Sin embargo, algunas madres humanas creen que sería un error responder a la llamada de su hijo. Ceder al llanto del niño sería malcriarlo. Además, según le han dicho, llorar es bueno para el niño, porque fortalece los pulmones. Así que, como no hay respuesta, el bebé sigue llorando. Puede que la primera vez que sucede algo así el niño llore durante horas, antes de caer rendido y dormirse. Si a la noche siguiente se repite la misma situación, el niño ya no llorará durante tanto rato y se dormirá más pronto. La madre quizá piense que su hijo ha aprendido la lección, pero, y es bien sencillo, lo que pasa es que el niño ya no tiene energía para repetir el intento. El sueño llega antes porque él se agota antes. Después de varias experiencias de este tipo, el bebé aprende a abandonar la lucha para tener cerca a su madre. En efecto, el niño ha reprimido el anhelo de ese contacto, y ya no siente dolor ni frustración. Ha aceptado una nueva realidad, en la que ya no se expresa el deseo de cercanía e intimidad. La semilla del narcisismo y la personalidad límite está sembrada, manifiesta al psicoterapeuta estadounidense Alexander Lowen.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Caminar un kilómetro en los zapatos de alguien



Empatía es la habilidad de reconocer y entender los sentimientos de los demás. Es la habilidad de sentir lo que alguien más siente, no solo sentirlo por él, sino con él. En pocas palabras, es caminar un kilómetro en los zapatos de alguien más. Pero es más fácil decirlo que hacerlo.Un estudio reciente ha descubierto que la empatía ha disminuido casi un 50% entre los jóvenes estadounidenses desde 1980, lo cual resulta alarmante, mientras que el nivel de narcisismo se ha duplicado. 


El narcisismo consiste en tener una visión exagerada de uno mismo, lo que tiende a alejarnos de los otros y evita establecer relaciones significativas, manifiesta la escritora y psicoterapeuta Iben Dissing Sandahl. La característica principal de los narcisistas es que se centran tanto en sí mismos que pierden la noción de las necesidades de los demás.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Dorian Gray, transgresor moral.


El profesor Román Gubern cuenta que Dorian Gray es un transgresor moral, aunque el autor irlandés Oscar Wilde no detalla (salvo la ruptura inicial con Sibyl y su ocasional consumo de opio) la naturaleza de sus escandalosas transgresiones, por lo que Hans Mayer ha podido proponer, en virtud del sospechoso silencio del autor, que se trata de actividades homosexuales. 

 Oscar Wilde
Por otra parte,el entorno de Dorian,  opina Gubern, es mucho más masculino que femenino y su ruptura con la única novia reconocida por el autor, con Sibyl Vance, obedece a razones más estéticas que afectivas. Por si hicieran falta aclaraciones, en determinado momento Lord Henry  dice: “Hay algunos temperamentos a los que el matrimonio hace más complejos. Se ven obligados a llevar más de una vida.” Tan obvia resultó la conducta de Dorian Gray en su época, que la novela fue evocada como prueba en el proceso a Wilde por homosexualidad. 

La criptohomosexualidad de Dorian Gray vendría avalada por su exacerbado narcisismo, recordando que, algunos años después, Freud situaría el narcisismo en el origen de la homosexualidad. Otto Rank subrayó el narcisismo de Dorian Gray y tal narcisismo, observa Rank, le incapacita para amar. El aspecto narcisista de Dorian Gray es tal vez el rasgo del personaje que salta más a la vista. Se trata en este caso de un ideal narcisista de carácter efebofílico, del pánico a envejecer, que alimenta un temor paranoide hacia el retrato delator, pues allí la figura sí envejece y de un modo horrendo. Doce años después de este eco decadentista de la ambición ucrónica de Fausto, aparecerá en la literatura inglesa Peter Pan, el niño que no quería crecer, por obra de J. M. Barrie, cuyo problema no era el narcisismo, sino la carencia de sentido de la responsabilidad personal. En el caso de Dorian Gray su narcisismo es un rasgo central de su personalidad esteticista. Y su patología narcisista obra un prodigio, que constituye el núcleo fantástico de la novela, la anulación del deterioro físico. “¡Ojalá fuera yo el que fuera siempre joven, y el cuadro el que se hiciera viejo! ¡Daría mi alma por eso!”, exclama un Dorian Gray fáustico (la última frase fue añadida por Wilde a la versión de 1891). Lo que Wilde propone, en definitiva, es el estudio de una obsesión, que una mirada clínica podría identificar como paranoica.