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miércoles, 29 de marzo de 2023

La fuerza que la manifestación moral e invisible puede desencadenar en el mundo de las realidades

Tolstói

Tolstói, en quien Rolland ve al hombre más auténtico y noble de su tiempo, quien le prohíbe el arte. En ese dilema íntimo, Rolland se decide por una actuación perfectamente desesperada. En efecto, el estudiante se sienta una noche a su mesa y en su desesperación y angustia escribe una carta a Tolstói pidiéndole ayuda y rogándole un consejo que le indique cómo puede salir de aquella situación. Rolland toma la carta y la echa al buzón sin la esperanza de recibir respuesta alguna. Pasan las semanas y de hecho la respuesta no llega. Pero un día, cuando el joven estudiante entra por la noche en su habitación, ve sobre la mesa una carta o más bien un pequeño paquete con una carta de treinta y ocho páginas en francés, escrita por Tolstói y que empezaba con las palabras Cher frère, Querido hermano. Aquella carta supuso realmente para Rolland la decisión de su vida. Y fue así no gracias a lo que figuraba en la carta, y que ahora ya ha sido publicada,el contenido era en realidad indiferente, sino por el hecho de que un extranjero, el hombre más ocupado de su tiempo, sustrajese dos días a su vida para ayudar a alguien extraño y desconocido por completo en su angustia vital. El hecho sacudió a Rolland en lo más íntimo de su ser. Reflexionemos a fondo; ¿quién de nosotros lo habría hecho, quién de nosotros habría arrancado simplemente dos días del calendario de su vida en favor de alguien que estaba a mil millas y que le había escrito una carta? Y el hombre que lo había hecho era a la vez el personaje más famoso de su tiempo, el hombre al que cada línea se le pagaba a peso de oro, el hombre que con toda razón habría tenido el derecho soberano y patético de decir “No tengo tiempo, mi tiempo es demasiado valioso”……..Desde ese momento, Rolland sabe que si realmente quiere ser un verdadero poeta y artista, sólo puede serlo en el sentido de un hombre auxiliador, que debe poner en juego toda su existencia y transformarla en una actitud de bondad y ayuda, en una actitud de disponibilidad personal…….Con esta renovada energía, Rolland volvió de nuevo a su trabajo. Creía que ahora conocía su cometido, el cometido de ayudar, y quiso infundir una nueva fuerza a la juventud, sobre todo a la francesa.

Un año después de que Rolland hubiera escrito aquel libro se enteró de algo sorprendente. Así como él, veinticinco o treinta años antes, había enviado desde París una carta a Tolstói y Tolstói le había afianzado en su lucha vital, también a Gandhi, aquel pequeño abogado indio en una tribulación similar, se dirigió al escritor ruso desde África, desde la colonia de Natal, y Tolstói le había ayudado del mismo modo con su carta. Dos personajes de Oriente y Occidente, que actuaban en esferas muy dispares, se encontraban así de repente en una misma idea, en un pensamiento o realmente en un hombre. Y en ello percibimos la fuerza increíble que la manifestación moral e invisible de todo un personaje puede desencadenar en el mundo de las realidades terrenas.
Stefan Zweig

martes, 16 de julio de 2019

La gran literatura europea ha sido moralista



Pío Baroja decía que el no conocía más criterio de juicio que el de la razón y el de la moral. Y añadía don Pío que la gran literatura europea ha sido moralista. Dickens, Tolstói, Dostoyevski, Ibsen, se han distinguido por su sentido ético, y no se pueden comparar estos hombres con los que han tenido la tendencia contraria, cómo Barbey d’Aurevilly, Oscar Wilde, Jean Lorrain, Catulo Mendés, D’Annunzio y otros por el estilo. El romanticismo inmoralista para mí es completamente ridículo, manifestaba Baroja. La moral, no sólo en la vida, sino en la literatura, es la que tiene más trascendencia. ¿Qué quedaría de un Aristófanes, de un Luciano, de un Plauto, si no tuvieran sus obras un fondo moral? Muy poca cosa.



viernes, 1 de marzo de 2019

Escritores y poder.

En Febrero de 1895 Tolstói escribe en su diario sobre la relación entre los escritores y sus gobiernos. Frente a los desmanes del poder hay dos opciones, dice allí Tolstói, responder a la violencia gubernamental con más violencia, al estilo de los nihilistas o los anarquistas, o unirse al gobierno para, participando en él, cambiar las cosas. Tolstói repudia ambas opciones. “No se puede acabar con la violencia por medio de la violencia; entrar en los rangos del gobierno es igualmente imposible, uno se vuelve un instrumento del gobierno. Sólo queda una cosa, luchar contra el gobierno con las armas del pensamiento, de la palabra, de la forma de vivir”.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Anna Karénina

Anna Karénina es una de las novelas más perfectas jamás concebidas. Y aquellos que saben cómo la escribió Tolstói, gracias a un proceso incesante de revisión, corrección y pulido, saben que también es un libro escrito con gran esmero. Sin embargo, el escritor de origen ruso Nabókov demostró que los calendarios de los protagonistas no coinciden; en otras palabras, que la novela contiene varios errores cronológicos que un editor esmerado habría detectado. Aquellos que leen la novela por mero placer no se percatarán de estas faltas de coherencia; darán por sentado que los calendarios de Tolstói son  precisos. Esta falta de atención por parte del escritor y sus lectores, dice el Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk, surge de la costumbre de escribir y leer novelas con la atención puesta en el tiempo de los protagonistas en lugar del tiempo general del paisaje, un hábito que resulta comprensible puesto que leer una novela implica adentrarse en un paisaje y perder de vista la imagen general.

jueves, 7 de septiembre de 2017

La guerra.


Para Tolstói, la guerra es algo fatalmente unido a la historia del hombre: “La guerra me ha interesado siempre, pero desde el punto de vista de las combinaciones de los grandes capitanes. Lo que me interesaba era el hecho mismo de la guerra, el hecho de matar. ¿Bajo qué influencias se decide el hombre, sin interés visible, a exponerse al peligro y, lo que aún es más, a matar a sus semejantes?”.

viernes, 21 de julio de 2017

Tenía que ser y no fui.

 Tolstói narra en El Padre Sergio: “La calle estaba oscura, y aún no había andado más de dos casas, cuando Páshenka lo perdió de vista y sólo pudo comprobar que Kasatski proseguía su camino al oír que el perro del arcipreste lo saludaba con sus ladridos. “Ahora veo claro el significado de mi sueño. Páshenka es precisamente lo que yo tenía que ser y no fui. Yo vivía para los hombres con el pretexto de vivir para Dios. Ella vive para Dios imaginándose que vive para los hombres. Una buena palabra, un vaso de agua dado sin pensar en la recompensa, tiene más valor que todo cuanto he hecho yo para favorecer a la gente. Sin embargo, ¿no había un deseo sincero de servir a Dios?”, se preguntaba, y la respuesta fue la siguiente: “Sí, pero todo eso era impuro, se hallaba invadido por la enmarañada maleza de la fama mundana. No, no existe Dios para quien vive como vivía yo, pensando en alcanzar la gloria entre los hombres”.