En un callejón del bazar de Teherán, una joven vestida de manera informal, con tenis y cola de caballo, encabeza la marcha de comerciantes en el tercer día de manifestaciones. Se da la vuelta y arenga a la multitud con su voz aguda, con el puño en alto: “¡No tengamos miedo! ¡No tengamos miedo! ¡Estamos todos juntos!”. Los hombres que la siguen repiten inmediatamente la consigna. A su paso, miradas atónitas y una transeúnte que graba la escena y grita: “¡Bravo! Qué valiente es esta chica”. Esta consigna, que se ha escuchado en todas las manifestaciones iraníes durante los últimos años, no es nueva. Pero la presencia de esta joven entre los comerciantes del bazar, que parecen apoyarla, ilustra una convergencia de luchas que ahora sale a la luz. Las reivindicaciones políticas del movimiento “Mujer, vida, libertad” se suman aquí al descontento de los comerciantes del bazar, que pertenecen a los sectores más religiosos y tradicionales de la sociedad.
Un punto destacable de las consignas lanzadas durante las recientes protestas ha sido la politización de algunas consignas, declarando la insatisfacción con toda la estructura del Gobierno de la República Islámica y, en algunos casos, apoyando a Reza Pahlavi, el hijo mayor y heredero del último Sha de Irán.












