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domingo, 18 de enero de 2026

La república Islámica de Irán sufre una profunda crisis

La república Islámica de Irán sufre una profunda crisis. Las protestas se iniciaron en la capital, Teherán, pero ya se han registrado incidentes violentos en otras muchas ciudades. Las manifestaciones dieron comienzo principalmente por parte de comerciantes y en seguida se produjeron en más puntos del país. 
En los videos difundidos en redes sociales, las consignas políticas se mezclan con las reivindicaciones económicas, lo que refleja un hartazgo generalizado que atraviesa todos los estratos de la población, como muestra el análisis de los mensajes coreados en los últimos días en las calles del país.
En un callejón del bazar de Teherán, una joven vestida de manera informal, con tenis y cola de caballo, encabeza la marcha de comerciantes en el tercer día de manifestaciones. Se da la vuelta y arenga a la multitud con su voz aguda, con el puño en alto: “¡No tengamos miedo! ¡No tengamos miedo! ¡Estamos todos juntos!”. Los hombres que la siguen repiten inmediatamente la consigna. A su paso, miradas atónitas y una transeúnte que graba la escena y grita: “¡Bravo! Qué valiente es esta chica”. Esta consigna, que se ha escuchado en todas las manifestaciones iraníes durante los últimos años, no es nueva. Pero la presencia de esta joven entre los comerciantes del bazar, que parecen apoyarla, ilustra una convergencia de luchas que ahora sale a la luz. Las reivindicaciones políticas del movimiento “Mujer, vida, libertad” se suman aquí al descontento de los comerciantes del bazar, que pertenecen a los sectores más religiosos y tradicionales de la sociedad.
Un punto destacable de las consignas lanzadas durante las recientes protestas ha sido la politización de algunas consignas, declarando la insatisfacción con toda la estructura del Gobierno de la República Islámica y, en algunos casos, apoyando a Reza Pahlavi, el hijo mayor y heredero del último Sha de Irán.

lunes, 4 de diciembre de 2023

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior

Superar las ofensas, es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida. El filósofo Max Scheler afirma que una persona resentida se intoxica a sí misma. El otro le ha herido; de ahí no se mueve. Ahí se recluye, se instala y se encapsula. Queda atrapada en el pasado. Da pábulo a su rencor con repeticiones y más repeticiones del mismo acontecimiento. De este modo arruina su vida, escribe Jutta Burggraf. Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. En consecuencia, uno no se siente a gusto en su propia piel. Pero, si no se encuentra a gusto consigo mismo, entonces no se encuentra a gusto en ningún lugar. Los recuerdos amargos pueden encender siempre de nuevo la cólera y la tristeza, pueden llevar a depresiones. Un refrán chino dice: "El que busca venganza debe cavar dos fosas.”
Si una persona no perdona, puede ser que tome a los demás demasiado en serio, que exija demasiado de ellos. Pero "tomar a un hombre perfectamente en serio, significa destruirle," advierte el filósofo Robert Spaemann. Todos somos débiles y fallamos con frecuencia. Y, muchas veces, no somos conscientes de las consecuencias de nuestros actos, "no sabemos lo que hacemos". Cuando una persona está enfadada, manifiesta la profesora Jutta Burggraf, grita cosas que, en el fondo, no piensa ni quiere decir. Si la tomo completamente en serio, cada minuto del día, y me pongo a "analizar" lo que ha dicho cuando estaba rabiosa, puedo causar conflictos sin fin. Si lleváramos la cuenta de todos los fallos de una persona, acabaríamos transformando en un monstruo, hasta al ser más encantador.

domingo, 27 de febrero de 2022

Para sentir la necesidad de consumir hay que vivir según una lógica del deseo

El consumidor ideal sería aquel que comprara cada vez más y cada vez con más frecuencia. Para sentir la necesidad de consumir, hay que encontrarse en cierto estado de insatisfacción, hay que vivir según una lógica del deseo que, antes que nada, se caracteriza por un estado de carencia. Y para que el individuo se sumerja en este estado, hay que liberarlo en la medida de lo posible de aquellos valores espirituales y morales que le permiten gozar de un mundo interior lo suficientemente rico y estable como para bastarse a sí mismo, y en virtud de esa riqueza y esa estabilidad no tener necesidad de comprar. Para las personas de generaciones anteriores sin duda considerarían que los centros comerciales que rebosan de productos tan atractivos como inútiles son una auténtica monstruosidad, templos erigidos para la adoración de la estupidez y del dinero obsceno, pues vivían en un mundo de valores en el que todo esto no tenía lugar, en el que no era necesario estar consumiendo sin parar para ser feliz y que la vida tuviera sentido, advierte el filósofo francés Luc Ferry.

viernes, 2 de febrero de 2018

Ni los cantos encendidos de la lírica, ni las honduras filosóficas van a producir la desaparición de la religión.


Escribe el profesor  Angel Cristobal Montes que en todo momento, por encima o por debajo de la poesía, la filosofía y la ciencia, la religión, esa particular relación de la criatura humana con Dios o, rectius, con la idea de Dios, se halle presente, condicionando grandemente todo lo que atañe al hombre y a su proyección vital en todos los órdenes, hasta el punto de que cuando debeladoramente se proclama “Dios ha muerto” (Nietzsche), de inmediato se señale que, pese a ello, “su lugar le ha sobrevivido” (Bloch). Y es que por más que, en palabras de Hegel, “el hombre va negando a Dios en la medida en que se afirma a sí mismo”, algo que, parece, debería producir una especie de disolución de Dios
en las cosas o, si se prefiere, una suerte de dulce e inane panteísmo, lo cierto es que ni los cantos encendidos de la lírica, ni las honduras filosóficas, ni los prodigios de la ciencia han producido ni parece vayan a producir el apartamiento y menos la desaparición de la religión, porque el hombre continua teniendo abierta la brecha del dolor y la insatisfacción anímicos, quizá, en el sentir de Kant, en razón de que “Dios existe debería significar, expresado con mayor precisión, algo existente es Dios”.

viernes, 20 de octubre de 2017

Narcisista.



A los narcisistas les preocupa más su apariencia que sus sentimientos. De hecho, dice el psicoterapeuta estadounidense Alexander Lowen, no los aceptan si éstos se contradicen con la imagen deseada. “Al actuar con frialdad, tienden a ser seductores y manipuladores, a luchar por conseguir poder y control. Son egotistas, están centrados en sus propios intereses, pero los verdaderos
Alexander Lowen en Sevilla.
valores del yo están ausentes, a saber, poder expresarse, ser dueño de sí mismo, actuar con dignidad e integridad. A los narcisistas les falta el sentido del yo que se deriva de los sentimientos corporales. La vida les parece vacía y falta de significado, al carecer de un sentido del yo sólido. Viven en un estado de desolación”.
Otto Kernberg

Otto Kernberg, relevante psicoanalista, aporta una visión más concreta. En los narcisistas, según sus propias palabras, “se encuentran diversas combinaciones de ambición desmedida, fantasías de grandeza, sentimientos de inferioridad y excesiva dependencia de la admiración y aclamación externas”. En su opinión, también son características de la persona narcisista la “inseguridad e insatisfacción crónicas acerca de sí misma, la explotación consciente o inconsciente de los demás y la crueldad hacia las otras personas”.