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viernes, 5 de junio de 2026

El perdón transforma el corazón humano

Todos queremos lograr la felicidad y tenemos en nuestras manos una de las claves para lograrlo, el perdón. El perdón es la manifestación más alta del amor y, en consecuencia, lo que más transforma el corazón humano. Sin embargo, existe un gran obstáculo que lo dificulta y éste es el resentimiento. La diferencia entre sentimiento y resentimiento consiste en que el sentimiento es “sentir” la herida, “sentir” la ofensa. Resentimiento significa “volver a sentir” la herida, lo cual equivale a decir que la ofensa se ha quedado dentro de la persona y se ha convertido en algo obsesivo, o sea, la persona vive concentrada en aquel suceso y vuelve a sentir la ofensa como si fuera totalmente actual a pesar que el tiempo haya transcurrido, manifiesta Monseñor Francisco Ugarte.
Cuando una persona perdona, añade Ugarte, no quiere decir que los sentimientos desaparezcan automáticamente, como tampoco el recuerdo. Lo ideal es que ese perdón vaya conduciendo a que también los sentimientos cambien. Es compatible en un inicio haber perdonado y seguir sintiendo odio, rechazo e incluso afán de venganza hacia la otra persona, pero lo importante será en estos casos, no consentir esos sentimientos, que la voluntad se mantenga firme en decir:“Yo ya he perdonado y no acepto esto que estoy sintiendo”. Para lograr que los sentimientos negativos hacia la persona que ya he perdonado vayan transformándose, bastaría seguir dos consejos muy significativos del Catecismo de la Iglesia Católica. El primero es “cambiar la herida en compasión” lo que quiere decir que si alguien me ha ofendido y yo soy capaz de comprender a la persona que me ofendió y darme cuenta que ella es quien se está haciendo daño, experimentaré compasión hacia ella y este sentimiento irá eliminando mis sentimientos negativos de odio, rechazo o venganza. El segundo consejo es “transformar la herida en intercesión”, quiere decir que, si yo siento la herida y la sigo sintiendo, la aprovecho para rezar por la persona que me ha ofendido, opina monseñor Ugarte.

sábado, 2 de mayo de 2026

2 de mayo de 1808

El 2 de mayo de 1808, con el bando del alcalde de Móstoles y la rebelión del pueblo de Madrid, comenzó la Guerra de la Independencia española, que se prolongaría hasta 1814 y acabaría significando, junto con el fracaso ruso, el principio del fin de Napoleón. En ese alzamiento nacional fue determinante el impulso religioso, pues las tropas francesas no eran simples tropas de ocupación, sino que llegaron determinadas a imponer la ideología totalitaria de la revolución francesa que era anticatólica, manifiesta el escritor Jesús Villanueva Jiménez.
Tan determinante fue el amor a España y a la defensa de su independencia como el catolicismo que profesaba la inmensa mayoría de los españoles, que vieron como era ofendida la fe católica por parte de los invasores del ejercito napoleónico. Las ofensas al catolicismo por parte francesa y las faltas de respeto de oficiales y soldados durante las celebraciones religiosas en la Semana Santa de 1808 contribuyeron sobremanera a aumentar el hartazgo de los madrileños que reventó el 2 de mayo.  Aun conociendo los franceses la importancia que los españoles otorgaban a la Semana Santa, no cejaron en sus desplazamientos al acorde del estruendo de tambores y pífanos, incomodando sobremanera las celebraciones religiosas. Así como ofendían los soldados irrumpiendo sin contemplaciones en las iglesias sin descubrirse, mostrando actitudes irreverentes, hablando entre ellos en voz alta, durante las celebraciones Eucarísticas. Aquellas circunstancias constituían leña al fuego de la indignación del pueblo. 

martes, 30 de septiembre de 2025

Perdonar es querer olvidar

Todos hemos escuchado la expresión “perdono pero no olvido”. Si la persona no quiere olvidar es porque en el fondo no quisiera perdonar, me parece que así ocurre en la mayoría de los casos, dice monseñor Francisco Ugarte. Cuando una persona perdona, no significa, por otra parte, que por el hecho de perdonar automáticamente olvide la ofensa recibida porque permanece en la memoria. La decisión de perdonar es precisamente un acto de la voluntad que consiste en decir: “Yo cancelo la deuda moral que el otro contrajo conmigo y procuraré proceder como si nada hubiera ocurrido”. El recuerdo puede seguir vigente, pero procurará hacerlo a un lado para tratar al ofensor como si nada hubiera ocurrido. Otra cosa es cuando el agresor no ha rectificado y sigue siendo un peligro latente el que vuelva a ofenderme. En este caso, concluye Ugarte, es correcto recordar lo ocurrido para evitar que se vuelva a repetir, tanto por el bien de la persona ofendida, que tiene derecho a protegerse, como también por el bien del otro para ayudarlo a que no reincida en su proceso agresivo. Por tanto, no es lo mismo perdonar que olvidar, pero podríamos decir que en circunstancias ordinarias, perdonar es querer olvidar.


martes, 9 de enero de 2024

La guerra civil se produce cuando chocan dos futuros distintos, destinados a un mismo presente

La Guerra de Secesión en Estados Unidos fue una guerra civil

La guerra civil se produce cuando chocan dos futuros distintos, destinados a un mismo presente; esto se da cuando se enfrentan dos o más visiones ideológicas, disputándose el proyecto de futuro del territorio en cuestión. La chispa que haga nacer el conflicto se producirá bien porque esas visiones sean mutuamente excluyentes (es decir, que la aplicación de una signifique automáticamente la negación de la otra) o bien porque se produzca una ofensa desde uno de los bandos al otro, que a su vez detone otra ofensa contraria, y esta a su vez otra, etc., en un círculo vicioso.La guerra civil es en sí una herramienta, y no sólo una consecuencia indirecta. Muchos de los que han detonado guerras civiles han admitido su componente “necesario”; en otras palabras, que decidieron ponerlas en marcha para lograr el cambio político deseado, escribe el profesor Sainz de la Maza.
En la guerra del Peloponeso, cuando llegaron los atenienses a la isla de Córcira (Corfú) en el 427 a. C., se dieron verdaderas escenas de guerra civil entre los proaristócratas (pro-Esparta) y los prodemócratas (pro-Atenas). El historiador Tucídides relataba episodios tan salvajes como los que siguen: “Las leyes válidas en todas partes fueron abolidas. El padre mataba al hijo, los suplicantes eran sacados a la fuerza de los santuarios o asesinados allí mismo. Tal fue, en efecto, el grado de crueldad que alcanzó la guerra civil”. 

lunes, 4 de diciembre de 2023

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior

Superar las ofensas, es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida. El filósofo Max Scheler afirma que una persona resentida se intoxica a sí misma. El otro le ha herido; de ahí no se mueve. Ahí se recluye, se instala y se encapsula. Queda atrapada en el pasado. Da pábulo a su rencor con repeticiones y más repeticiones del mismo acontecimiento. De este modo arruina su vida, escribe Jutta Burggraf. Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. En consecuencia, uno no se siente a gusto en su propia piel. Pero, si no se encuentra a gusto consigo mismo, entonces no se encuentra a gusto en ningún lugar. Los recuerdos amargos pueden encender siempre de nuevo la cólera y la tristeza, pueden llevar a depresiones. Un refrán chino dice: "El que busca venganza debe cavar dos fosas.”
Si una persona no perdona, puede ser que tome a los demás demasiado en serio, que exija demasiado de ellos. Pero "tomar a un hombre perfectamente en serio, significa destruirle," advierte el filósofo Robert Spaemann. Todos somos débiles y fallamos con frecuencia. Y, muchas veces, no somos conscientes de las consecuencias de nuestros actos, "no sabemos lo que hacemos". Cuando una persona está enfadada, manifiesta la profesora Jutta Burggraf, grita cosas que, en el fondo, no piensa ni quiere decir. Si la tomo completamente en serio, cada minuto del día, y me pongo a "analizar" lo que ha dicho cuando estaba rabiosa, puedo causar conflictos sin fin. Si lleváramos la cuenta de todos los fallos de una persona, acabaríamos transformando en un monstruo, hasta al ser más encantador.

sábado, 18 de noviembre de 2023

La venganza

Francis Bacon escribe en su obra Ensayos que “la venganza es una especie de justicia salvaje que cuanto más crece en la naturaleza humana más debiera extirparla la ley; en cuanto al primer daño, no hace sino ofender a la ley, pero la venganza de ese daño coloca a la ley fuera de su función. En verdad que, al tomar venganza, un hombre se iguala con su enemigo, pero si la sobrepasa, es superior; pues es parte del príncipe perdonar; y estoy seguro que Salomón dice: Es glorioso para un hombre excusar una ofensa. Lo pasado se ha ido y es irrevocable; y los hombres prudentes tienen demasiado que hacer con las cosas presentes y venideras; por tanto no harían más que burlarse de sí mismos ocupándose de asuntos pasados. No hay hombre que cometa el mal a cuenta del mal mismo, sino para obtener provecho propio, o placer, u honor o algo semejante; por tanto, ¿por qué me voy a encolerizar con un hombre que se ama a sí más que a mí? Y si algún hombre cometiera el mal meramente por maldad natural, no sería más que como el espino o la zarza que pinchan y arañan porque no pueden hacer otra cosa”.
“Un hombre que proyecte vengarse, conserva abiertas sus propias heridas porque si no se cerrarían y curarían. Las venganzas públicas son afortunadas en su mayoría; como fue la muerte de César; la muerte de Pertinax; la muerte de Enrique III de Francia; y muchas otras. Pero no sucede así con las venganzas privadas; no, más bien las personas vengativas llevan la vida de las brujas, quienes, como son malignas, terminan desgraciadamente”.

sábado, 30 de abril de 2022

Se acumularon todos los horrores de todos los tiempos

Mientras era secretario de Estado para la guerra (1919-1921), Winston Churchill escribió en una hoja con membrete de la Oficina de Guerra el siguiente mensaje: “Se acumularon todos los horrores de todos los tiempos, y no solo los ejércitos, sino poblaciones enteras, fueron arrojados a ese abismo. Los Estados participantes, de elevada cultura, creyeron, no sin razón, que estaba en juego su existencia misma. Ni los pueblos ni los gobernantes impusieron limites a los sucesos que según creían, podrían ayudarlos a vencer. Alemania, que había desatado las fuerzas del infierno, se desenvolvía bien en ese ámbito de terror, pero fue seguida paso a paso por las naciones desesperadas y, en definitiva, vengadoras, a las que había asaltado. Todas las ofensas contra la humanidad y el derecho internacional fueron contestadas con represalias, a menuda o a mayor escala y durante más tiempo. Ni treguas ni parlamentos atenuaron la lucha de los ejércitos. Los heridos morían entre lineas; los muertos se descomponían en el suelo. Naves mercantes, barcos neutrales y barcos hospitales fueron hundidos en el mar y los que estaban a bordo fueron abandonados a su destino o murieron en el agua. Se realizaron los mayores esfuerzos para imponer la sumisión mediante el hambre a las naciones, sin importar ni edad ni sexo. La artillería destruyó ciudades y monumentos. Las bombas arrojadas desde el aire cayeron indiscriminadamente. Muchos tipos de gas venenoso asfixiaron o dañaron de manera irreparable a los soldados. Sobre los cuerpos se proyectó fuego liquido. Los hombres cayeron del cielo envueltos en llamas o se asfixiaron lentamente en los oscuros recesos del mar. La capacidad de combate de los ejércitos se vio limitada sólo por el número de hombres de los respectivos paises. Europa y grandes extensiones de Asia y Africa se convirtieron en un dilatado campo de batalla, en el que, después de años de lucha, no solo los ejércitos sino también las naciones se desintegraron y dispersaron. Cuando todo concluyó, la tortura y el canibalismo fueron los dos únicos recursos que los estados cristianos, civilizados y científicos se privaron de usar; en realidad su utilidad era dudosa”.

martes, 24 de diciembre de 2019

Las relaciones hoy en día se miden de forma mercantilista


Las relaciones hoy en día se miden de forma mercantilista, me suma o me resta. Solo se las tiene en cuenta si se puede conseguir algo de la relación. Puro mercantilismo.

Me toca decir, manifiesta la psicóloga Lidia Martín Torralba, a quien ya no puede más que, quizá, y solo quizá, ha de poner cierta distancia defensiva y protectora, porque el corazón no tiene una capacidad ilimitada de recibir golpes y ofensas. El límite ni siquiera lo ponemos nosotros, sino que somos nosotros mismos. En esos casos, decimos “te quiero mucho y me encantaría andar contigo, pero así no puedo hacerlo”. Y no se ama menos desde esa fórmula, porque un amor que no pone límites justos y buenos es solo tontorronería. No se trata de rodearse de las personas correctas, sino de las actitudes correctas. Y estamos abiertos a acercarnos a cualquier persona desde el amor, pero no de cualquier forma, precisamente por ese amor que ha de ser firme y pone límites.

Cuando intentamos poner orden y no hay respuesta adecuada, añade Lidia Martín, toca sacudirse el polvo de las sandalias o cambiar el tratamiento que se puede tener con esa persona. Es buena la apertura a restablecer la fluidez en las relaciones cuando sea posible, pero no de cualquier manera, ni siendo cómplices de la injusticia.


jueves, 24 de enero de 2019

Es parte del principe perdonar.

Francis Bacon opinaba que al tomar venganza, un hombre se iguala con su enemigo, pero si la sobrepasa, es superior; pues es parte del príncipe perdonar y añade que es glorioso para un hombre excusar una ofensa. Lo pasado se ha ido y es irrevocable; y los hombres prudentes tienen demasiado que hacer con las cosas presentes y venideras.

sábado, 9 de septiembre de 2017

¿Por que los oficiales británicos de los regimientos indios o árabes eran asesinados por sus subordinados?

No se sabe si los oficiales de Alejandro Magno azotaban y golpeaban a sus soldados; desde luego, no aparece en las fuentes. Debía de oponerse al ethos de aquel ejército de guerreros. Así ocurría, por ejemplo, con los regimientos
Ejército indio británico
reclutados entre las castas altas del ejército indio británico; o entre los beduinos que seguían a Lawrence de Arabia y que se convirtieron en los soldados de la legión árabe jordana. Para tales hombres, el golpe de un superior representaba una ofensa mortal, una negación de su hombría, que solo se podía limpiar con la violencia. De aquí la relativa frecuencia con que los oficiales británicos de los regimientos indios o árabes eran asesinados por subordinados suyos. La explicación era casi siempre una afrenta sin consideración a la dignidad de un hombre, cuenta John Keegan.