domingo, 13 de noviembre de 2016

Richard Nixon dedicó buena parte de su tiempo como presidente a “ajustar cuentas".

Christian Herter
Nixon en comparación con los demás políticos estadounidenses, estaba versado en asuntos exteriores y había trabajado en ellos desde que Christian Herter le colocó en 1947 en el comité parlamentario para investigar el impacto del Plan Marshall en Europa. Aprendía con rapidez y, en principio al menos, estaba abierto a nuevas ideas y enfoques si ofrecían ventajas políticas personales.Tony Judt cuenta que Nixon estaba tan preocupado recordando y previendo afrentas e injusticias, reales e imaginarias, que dedicó buena parte de su tiempo como presidente a “ajustar cuentas” con sus enemigos, internos y extranjeros; incluso cuando tenía un plan defendible, tal como su nueva política económica de 1971 ("la flotación del dólar y la protección contra importaciones “predatorias”), no podía evitar ver en él el beneficio adicional de colgárselo a los japoneses. Incluso advirtió a sus aliados que no ofrecieran consejos (críticos) sin ser preguntados (según Brandt, justificó el bombardeo de Vietnam del Norte en 1971 como una medida preventiva) y añadió que no deseaba la opinión de terceras partes. De hecho, su aversión a la crítica quizá fuera su mayor debilidad. Se rodeó de hombres que le daban la razón en todo y casi nunca se expuso a sí mismo o a sus políticas a un debate abierto de expertos o con más de un asesor al mismo tiempo. A fin de soslayar la crítica y
Richard Nixon
mantener a sus enemigos a distancia, Nixon prefería decir a la gente lo que quería oír, reservándose el privilegio de hacer lo contrario. Una de las consecuencias es que cogía a todo el mundo desprevenido, incapaz de imaginar qué buscaba en realidad el presidente.


Henry Kissinger
Nixon y Kissinger no podían ignorar,señala William Bundy, que los Acuerdos de París de 1973, que pusieron fin a la guerra de Vietnam, eran un espejismo y que sus cláusulas y salvaguardas no tenían fuerza. Sólo buscaban ventajas políticas a corto plazo y carecían de una visión o una estrategia para afrontar los efectos derivados a más largo plazo. Su pródigo apoyo al sha de Persia fue igualmente desastroso, primero uniéndose a él en hacer promesas engañosas a los kurdos a fin de presionar al vecino occidental de Irán, Irak; después abandonando a esos mismos kurdos a un destino sangriento y, por último, uniendo la imagen y el poder de Estados Unidos al régimen cada vez más indefendible de Teherán. Como muchas otras cosas en las relaciones exteriores de la era de Nixon, hubo que pagar la factura más tarde: en 1975 en Vietnam y Camboya, en 1979-1980 en Irán. Y en cada caso los intereses de Estados Unidos se contaron entre las primeras víctimas.
El Sha de Persia y Richard Nixon
Richard Nixon fue derrotado por un adversario más poderoso que la Unión Soviética y que el movimiento comunista internacional. Fue derrotado por la Constitución de los Estados Unidos de América, cuenta John Lewis Gaddis.

Nixon prefería decir a la gente lo que quería oír, reservándose el privilegio de hacer lo contrario

Richard Nixon fue derrotado por la Constitución de los Estados Unidos de América

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